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Si somos lo que pensamos, pensemos qué queremos ser

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Es curioso traer a escena una frase utilizada por Henry Ford, que denotaba claramente su forma depensar, y que mostraba su actitud mental positiva: “busco a personas que no crean que hay cosas imposibles”. El decidió pensar de esta forma, ¿pero que le hacía concebir el mundo a través del cristal del optimismo? Pues precisamentecomprender y ser consciente de que cualquier cosa que la mente humana sea capaz de concebir, es capaz de materializar.

Determinación y perseverancia, fueron claves para el posterior éxito de Ford, pero sin su objetivo claro de crear algo, que hasta el momento resultaba imposible para el resto de los mortales, sin su pensamiento orientado indefectiblemente hacia el éxito, nada hubiera ocurrido.  


Somos lo que pensamos, y esto es algo irremediable, y probablemente no seamos conscientes de la transcendencia de esta afirmación. Quizás a veces deberíamos paralizar el devenir continuo de nuestros avatares diarios, y pensar, que cosas son las que realmente importan en nuestra vida cotidiana, y cuáles son las que resultan frívolas y carentes de un sentido verdadero, que nos impiden desarrollarnos plenamente hacia el objetivo de conseguir el equilibro interior, objetivo que pasa inexorablemente por lograr identificarnos como entes cuánticos.    


Sí, hemos dicho bien, entes cuánticos, puesto que en realidad, ¿de qué estamos hechos? En el Ser Humano, en su constitución fundamental, se encuentran casi todos los elementos químicos que existen en la naturaleza, en diferentes proporciones. Estamos hablando de que está compuesto por átomos, y sobre todo biomoléculas en su mayor parte, que se asocian para generar las células, o lo que es lo mismo, la vida. Por tanto, plantear qué tiene que ver la mecánica cuántica con el Ser Humano, es como decir que tiene que ver el oxígeno con la respiración.    


De lo expresado anteriormente se infiere, que el cuerpo humano se compone de células, que a su vez se componen de moléculas, y estas de átomos, que en última instancia albergan a las partículas subatómicas. Cada nivel de organización, engloba y fusiona al anterior, y lo hace funcionar como si un sólo nivel fuera, ya que todo funciona a través una interconexión simétrica y perfecta. Hay divisiones de puertas para fuera, pero de puertas para dentro no las hay, todo funciona como si una sola entidad fuera, es decir, cada partícula subátomica está conectada con el Universo, que debe ser concebido como un todo distribuido pero indivisible.

La cara visible de nuestra composición aparenta ser la suma de muchas organizaciones de partículas subatómicas hasta las escalas más complejas, pero si tuviéramos la posibilidad de realizar una visión introspectiva de nosotros mismos, comprobaríamos la no existencia de fisura o división alguna, puesto que seríamos conscientes del cordón inmaterial que lo aúna todo. Por tanto, la naturaleza debe ser concebida como sistema único y unificado.

   
En este sentido, y siguiendo al genial físico David Bohm, en su exposición del orden explícito, y el orden implícito, en correspondencia con nuestra realidad cotidiana y perceptible, y la realidad inmaterial descrita por la función de onda, respectivamente, señalaba con respecto al comportamiento del agua en el raudal lo siguiente: "En este raudal, uno podría ver un patrón siempre cambiante de vórtices, ondas, olas, salpicaduras, etcétera, sin existencia, evidentemente separada como tal". En éste escenario particular, Bohm establecía una metáfora entre las diferentes formas que muestra el agua en el raudal, que a su vez nos recuerda las innumerables transmutaciones constantes y transitorias que sufren las partículas subatómicas.    
Como ya señalábamos en capítulos anteriores, estas partículas subatómicas no nos describen a la realidad contenida en la función de onda, de la misma forma que las innumerables formas que adopta el agua en el raudal, no nos describen la realidad del agua, sino sólo alguna de sus manifestaciones.    


Para Bohm esas manifestaciones son concebidas como una especie de subsistencia aparente, por su mutabilidad y fugacidad. Pero eso sólo es en apariencia, puesto que “dicha subsistencia transitoria, tal como puede ser poseída por estas formas abstractas, implica solamente una independencia relativa en vez de una existencia absolutamente independiente”. Lo perceptible representa sólo la cara superficial de una realidad más profunda, donde el tránsito de nuestra conciencia ordinaria basta para colapsarla y alejarla de nosotros. Pero a la vez que nuestra conciencia ordinara resulta inoperante ante esa realidad, hay uninstrumento que resulta clave para atraer ante nosotros alguna de las realidades potenciales intrincadas y contenidas en el abanico de posibilidades de la función de onda. Ese instrumento no puede ser otro que nuestro pensamiento, que puede erigirse como el oxígeno necesario que nos inspire hacia una libertad universal y nos haga presa del yugo del materialismo, o que nos limite al transcurrir de una vida llena de límites, desasosiegos, y desesperanza. En ese sentido, el pensamiento como apuntaba G. W. F. Hegel es donde reside la libertad.  

 
Si queremos mejorar nuestro devenir existencial, debemos concebir tal objetivo como algo que irremediablemente deberemos llevar a cabo justamente desde nosotros mismos. Es como si quisiéramos incluir en nuestro diccionario particular la siguiente afirmación: “Si quieres hacer algo bien, hazlo tú”.    


En tal sentido, la labor de vivir nuestra propia vida tiene un claro matiz de exclusividad en nosotros mismos, ya que nadie puede vivir nuestra propia vida, en todo caso habrá quien intente dirigir, manipular o interferir en ella, pero será responsabilidad exclusivamente nuestra, el delimitar de que todo lo que existe no es más que una experiencia cerebral, o una creación mental mía, que se nutre de forma inexorable a través de mis pensamientos, que son la energía que moldeará nuestras vidas, nuestro mundo y todo el entorno que nos rodea. Los pensamientos son los que trazan el camino que seguirán los acontecimientos de nuestra experiencia vital.    


Es importante romper la automatización de nuestros pensamientos negativos en espiral, que en forma de bucle cerrado contaminan constantemente nuestra mente. Ser consciente, en el sentido de darme cuenta, y preguntarme a mí mismo, ¿esto que estoy pensando me beneficia o por el contrario me perjudica?, o plantearnos de la mis forma, ¿porqué a veces ante sucesos pasados y en los cuáles lo pasamos mal, continuamente volvemos a traer a escena esos pensamientos y experiencias negativas, que se traducen en sensaciones y emociones que nos producen desazón? ¿Constituyen esos pensamientos una especie de adición, y por lo tanto son fruto de una automatización en la forma de pensar, de la cuál apenas somos conscientes?


Rememorando los acontecimientos que acaecieron en el ayer, mi presente se está desvaneciendo continuamente, no son soy consciente de que estoy atrapado en una espiral de pensamientos que me conducen a sentimientos de frustración, desesperanza,…


El cambio o auténtica transformación como abanderamos en el título del presente capítulo, encuentra su fundamento en el hecho de empezar a ser conscientes, por constituirnos en verdaderos filtros de nuestros pensamientos, desactivar el piloto automático y empezar a desautomatizarnos, retomando ese control mental sobre los pensamientos que en ningún momento debimos abandonar.    


En cierto modo, romper los esquemas, o lo que es lo mismo establecer un modelo contraintuitivo de pensamiento, pasa por ser conscientes de que todo el Universo, y particularmente, todo lo que percibimos como materia, está constantemente siendo creado porque hay una mente consciente que le da cobijo. Por tanto, debemos empezar por concebir que todo mi mundo y su entorno es creado por mis pensamientos.  

 
La física cuántica en cierto modo, dar respuesta a la mecánica del pensamiento creador, ya que todo el entorno humano no es más que una creación mental.    


A través de nuestro pensamiento concebimos un matiz de realidad. Concebir es dar existencia una de esas potencialidades intrincadas en la función de onda de Schrödinger.    


El pensamiento el motor que hace fraguar el sentimiento y la emoción, o sea, empezamos a sentir a través del pensamiento aquello que se desea, pensando y sintiendo tenemos la posibilidad de dar cobijo y materializar una de las opciones de este todo posibilidades implícitas en la función de onda.


La física cuántica nos ofrece la plataforma de concepción de la realidad como un sistema compuesto por una interminable conjunción de posibilidades, pensamientos, emociones…    


En nuestra realidad clásica, regidas por las leyes de Newton y Einstein, todo es mensurable e imaginable, todo se desarrolla en el soporte de espacio-tiempo, a través de propiedades como la forma, la masa. Por el contrario, en el mundo subatómico, descrito por la función de onda, nada es mensurable ni predecible, sólo existen múltiples opciones o probabilidades, todo está en estado de superposición.    
Simplemente pensando y sintiendo, es posible manifestar existencia. Desde la física cuántica se demuestra que todo el entorno humano no es más que una creación mental. Seamos conscientes pues, de que todo el mundo que nos rodea, que se camufla tras la apariencia de una evidente realidad, y que percibimos a través de nuestros sentidos, puede ser transformado, modificando el modus operandi de nuestra mente, puesto que todo lo que la mente humana sea capaz de concebir, puede formar, y una vez creada esa imagen mental, solo resta sentirla.    


Si centras la atención en lo que deseas, es decir, creas una proyección mental de aquello que pretendes conseguir, estarás marcando el camino a seguir para actualizar el objetivo mental en resultado material.


Somos responsables de nuestros pensamientos, que en última instancia se manifiestan y proyectan hacia afuera, hacia nuestro entorno. Como hemos apuntado en capítulos anteriores, la visión que tenemos de nuestra realidad depende del matiz del cristal con que miremos, ese matiz está en nuestro pensamiento, que puede ser libertador o esclavizador. De nuevo, quien mejor expresaba esta elección era H. Ford “tanto si piensas que se puede, como piensas que no se puede, de todos modos estás en lo cierto”. De esta forma, cada uno de nosotros, decide sin incorpora en su diccionario particular el “yo puedo” o el “yo no puedo”.

 
Básicamente, podemos afirmar que hay dos formas de concebir la realidad, nos referimos a la función de partícula, donde opera nuestra conciencia material, que nos hace concebir el mundo que nos rodea de la forma clásica a la que estamos acostumbrados. Esta función no es más que la materialización de una posibilidad, acaecida y localizada en un espacio y tiempo determinado. Esto ocurre en el momento de la observación, a través de un aparato de medida, como pueda ser nuestro sentido visual, que posibilita que opere nuestra conciencia material.

 
Surge aquí la conocida afirmación que se hace desde la física cuántica, de que el observador crea la realidad. A esta aseveración nos gustaría añadirle, que el observador crea la realidad, pero crea exclusivamente su realidad. Si partimos de la base de que todo lo que existe, existe porque es observado, podremos concluir que habrá tantas realidades como observadores potenciales hayan. Por tanto, el observador a través de su acto perceptivo atraerá un matiz potencial de todos los incluidos en la función de onda, o dicho de otra forma, la posibilidad cobra existencia en nuestro plano, en el momento en que el observador se hace consciente de ella.

 
De lo expuesto en el párrafo anterior se desprende, que cuando afirmamos que las cosas existen, lo hacen en el sentido de que siempre de forma irremediable opera algún observador que es consciente. Planteamos la siguiente cuestión en relación a este planteamiento, ¿es necesaria la presencia del observador humano u aparado de medida para la existencia de la materia?

 
Por otro lado, está la función de onda, extendida a lo largo del espacio y el tiempo, siendo su esencia inmaterial y deslocalizada, y debiendo ser concebida como la conciencia universal, cuya realidad es inasible para el ser humano, en todos los niveles, tanto a nivel perceptivo, como a través de cualquier aparato de medida, pese a que su tecnología sea la más innovadora y sofisticada del momento, puesto que cualquier invención humana, plasmada en cualquier aparato que genere alguna cuantización, llevará intrínseco el patrón, a través del cual opera la percepción humana.

 
De esta forma, existe un lugar en el Universo, donde habita la función de onda, y ese lugar que la cobija, es lo que los teóricos de la Física Cuántica, han dado en llamar vacío cuántico o campo, en cuya esencia mora toda la información universal.

 Esta realidad dual, onda y partícula, en esencia hace referencia a las distintas manifestaciones de la energía, puesto que cualquier forma de energía se manifestará como onda o como partícula, pero bajo ningún concepto ambas a la vez. La manifestación de una de estas dos formas, excluirá ipso facto a la otra.
En este sentido, podemos llegar a concebir la función de partícula como aquella potencialidad integrada en la función de onda. De esta forma, cada emoción debería ir asociada a una función de partícula. Cuando, hablamos de equilibrio, homogeneidad, indistinguibilidad de un sistema cuántico descrito por la función de onda de Schrödinger, es aquel que no muestra ningún matiz de ninguna realidad, pues todos están presentes, esa ausencia de contrastes de emociones contrapuestas, hacen que esa función de onda, esté llena de todas las posibilidades potenciales….

 
Ese “todo posibilidades” de la función de onda, se halla integrado implícitamente en el vacío, donde impera la ausencia de la materia. A su vez, la función de partícula sería la materia, el espacio ocupado por la materia. Onda y partícula, no tienen relación alguna la una con la otra. No se produce actuación alguna entre la materia y el vacío, ni viceversa, pero lo que realmente interactúa constantemente es la interacción de los cuerpos a través del vacío.

 El vacío cuántico o campo, también denominado supercampo, guarda una estrecha similitud con la conciencia universal, ya que para definir ésta al igual que al vacío, no podemos hacerlo con ninguna otra magnitud, no hay nada en nuestro mundo que nos sirva de referencia para poder tener un sentido profundo de estos términos. Siempre que hablemos de vacío cuántico o campo, no nos será posible hacer una definición exacta, sólo serán aproximaciones, puesto que aquello es inmaterial, y nuestra conciencia ordinaria no opera ante lo intangible.

 
De la misma forma que existe el vacío cuántico, existen también vacíos o espacios huecos entre las partículas constituyentes del átomo, es decir, la cantidad de materia o masa, que representan las partículas subatómicas es prácticamente inexistente. Por lo tanto, esos espacios en blanco, deben ser concebidos como algo extremadamente valioso, puesto que esos huecos representan la posibilidad de ser rellenados de forma potencial, o lo que es lo mismo nada está predeterminado, y el Ser Humano se erige como arquitecto de su propia realidad.

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Autor: Valle-Arocha
Enviado por anannella - 24/09/2015
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