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Conciencia versus ego: ¿Quién vive tu vida?

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Conciencia vs ego: ¿Quién vive tu vida?
Se habla mucho de la conciencia, pero ¿sabemos qué es la conciencia?, ¿conciencia y ego son conceptos antagónicos? Para empezar con este tema, del que se ocupan la mayoría de las ramas del conocimiento humano, y que supone uno de los grandes enigmas, siendo para la física cuántica el gran misterio, puesto que el observador crea la realidad, una realidad en la que participa, traeremos a escena una curiosa anécdota en la que participaba unantropólogo que estudiaba una tribu africana.

Se le ocurrió un juego en el que iban a participar una serie de niños de esa tribu, que consistía en una canasta llena de fruta cerca de un árbol y les dijo: "Quienes lleguen más rápido ganarán las frutas". Cuando dio la señal de empezar a correr, todos los niños se observaron con mirada cómplicey se cogieron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a comer las frutas.

El antropólogo estaba sorprendido y lleno de curiosidad por la forma de actuar de estos niños, le preguntó a uno de ellos, por qué no había corrido para ganar la carrera y haberse quedado con todas las frutas, a lo que el niño respondió: "UBUNTU, ¿Cómo puedo estar contento si otros no lo están?". Para los niños, el haber actuado así era lo normal, puesto que en su cultura UBUNTU significa "Yo soy, porque todos somos".


Resulta completamente paradójico darse cuenta de que mientras más consciencia tengo de mi mismo, menos consciencia tengo de los demás. Esa identidad con mi cuerpo, con todos mis componentes físicos, todo aquello de mi mismo que puedo definir, cualquier propiedad que puedo otorgarme a mí mismo, eso es ego, y precisamente a eso lo llamamos consciencia. Básicamente podemos decir, que el ego fragmenta, diferencia, discrepa de todo lo que le rodea, mientras que la conciencia une, unifica, fusiona todo en uno porque no ve diferencias. Esta conciencia es inaccesible para nuestros sentidos, y sólo a veces, tenemos una pequeña intuición de ella.

Esos niños de Ubuntu tenían la completaconvicción de que todos eran uno, más allá de las aparentes diferencias, compartían un mismo sustrato, tenían una identidad colectiva que estaba muy por encima de la identidad individual de cada uno. No conocían el ego, pero ni les importaba, al igual que si tuviéramos la posibilidad de preguntarle a una de las neuronas de nuestro cerebro por nosotros mismos, nos diría que no tiene ni idea, pero tampoco le preocuparía.


Nuestra verdadera conciencia es aquella de la que estamos separados continuamente, aquel mundo que vive oculto en nosotros mismos, aquel mar de profundidad al que Carl G. Jung le llamaba sombra, nuestroinconsciente. Es una paradoja, puesto que aquellaconsciencia que parece ser es la que no es, y la que no parece, es la que realmente es. Es como si la luz que nos ilumina fuera la que nos mantiene en este mundo de sombras, y el lado misterioso e inaccesible, aparentemente oscuro, fuera el que albergara en su esencia nuestro verdadero yo.

De alguna forma, es como si nos obsesionamos en buscar fuera de nosotros mismos aquello que llevamos en nuestro interior. Para ilustrar este proceder constante del ser humano mostraremos un cuento sufí que describe fielmente esta analogía:
"Erase un hombre que estaba buscando las llaves que ha había perdido de su coche, y las estaba buscando a la luz de una farola.


Se le acerca alguien y le pregunta: ¿Qué estás buscando?
Y él responde: las llaves de mi coche que las he perdido.
A lo que le contesta: No te preocupes: ¿estás seguro de haberlas perdido aquí?
No, le contesta, las he perdido allá, señalando la oscuridad.
Entonces, ¿por qué buscamos aquí?
Y él le contesta: !Porque aquí hay luz!


Este sistema en el que vivimos, totalmente globalizado, capitalista, mercantilista que lleva como imagen de fondo la usura de unos pocos sobre la mayoría, hace que participemos constantemente de buscar nuestras llaves en el lugar donde no están, puesto que el sistema no puede ofrecernos bajo la luz artificial aquello que está ubicado en la aparente oscuridad interior.

El sistema somos todos. Queramos o no, participamos aún en el caso de no querer participar, lo hacemos puesto que la simple existencia es requisito ineludible de participación. Los políticos, el poder económico, la minoría que ostenta el control sobre la mayoría a través del anestésico más eficaz conocido, el miedo, representan la versión más representativa de lo que es el ego, siempre se quedan con toda la fruta de la canasta, y encima nos hacen creer que no tenemos acceso ni derecho a ella.

El ego es la antípoda de la conciencia, si esta plebe tuviera apenas una ápice de conciencia, se daría cuenta de que todos somos humanos y somos la misma especie, compartirían una cesta que nos les pertenece, puesto que es de todos. El ego te deshumaniza, te vuelve competitivo, insolidario, ves enemigos en todas partes que intentan quitarte protagonismo, eso hace incrementar la violencia social, y las pequeñas fisuras se van convirtiendo en fracturas irremediables.

¿En qué momento la tristeza de los demás ha dejado de producirnos un efecto inherente al ser humano, la emoción?, ¿Qué hay detrás del ego de esta casta deshumanizada que nos gobierna? Falta de emoción, están programados para no sentir emoción, usan otra ética y otra moral que sólo es válida para ellos, y se nutren como agujeros negros sociales que son de una energía insaciable, el egoísmo. Ese egoísmo a su vez se nutre de la mayor enfermedad que pueda tener el ser humano como especie, la envidia, que representa la muestra de hambre interior más significativa que pueda haber sobre la faz de la Tierra.
Continuamente pensamos (en realidad no pensamos, simplemente nos dejamos llevar) que no podemos hacer nada, que esta especie de esclavitud mental y psicológica no puede fracturarse ni siquiera modificarse de ninguna forma

. El pensar que gozamos de cierto libre albedrío cada vez se torna más inverosímil, puesto que el sistema se va autoregulando y corrigiendo errores, de forma que la opresión y el control cada vez sea más sutil, siendo cada vez más difícil darse cuenta del estado en que estamos. Pero lo que está claro es que, el resultado es cada vez más evidente, cada vez menos seres inhumanos tienen el poder y el control del resto del planeta.

Entonces, en nuestro mundo dominado por el ego, mantenemos un debate abierto por ambiguo, puesto que todo lo que nos rodea es transitorio o impermanente, y por tanto, toda sensación y toda emoción será también temporal. En nuestro plano dual, nada es para siempre, todo acaba. Es por ello, que se produce la sensación en forma de bucle de insatisfacción, ya que cualquier meta material que nos impongamos, de forma necesaria resultará no satisfactoria, debido a su temporalidad, ya que todo objeto está afecto a su fecha de caducidad.

Por tanto, vivimos y creamos una realidad de la cuál somos responsables, pero hasta cierto punto, puesto que esa responsabilidad estará ligada a la proporción del grado de conocimiento, más bien autoconocimiento que tengamos de nosotros mismos, de cómo operamos, de cómo nuestros pensamientos forjan nuestra realidad cotidiana, de cómo el yo creo del verbo creer va cincelando de forma constante el yo creo del verbo crear.

De esta forma, nos erigimos en los arquitectos de nuestra propia realidad, y es por ello que deberíamos tener presente que mientras mayor autoconocimiento hayamos alcanzado nuestra realidad se acercará más a la verdad, y de forma inversa, mientras seamos unos verdaderos desconocidos para nosotros mismos, nuestra realidad se convertirá en una auténtica falacia, un irremediable mundo de sombras, donde la nota común será vivir en un mundo de realidad simulada, un mundo que nos provocará buscar la verdad fuera, en un mundo reflejado que nos muestre la interacción constante de la luz y la materia, un mundo creado y reproducido continuamente por nosotros mismos. Vivir en este mundo de imágenes especulares, nos llenará de una irremediable sensación de incompletitud.


En el mundo que se sustenta bajo el manto del autoconocimiento, la luz no es reflejada, no es dual, es una luz verdadera, puesto que no interacciona con nada, sólo establece una comunión interna con mi verdadero yo, aquél que se desvanece con la luz reflejada, que es aquella luz que transmite lo que realmente no es. Se trata de un mundo donde los duelos entre lo objetivo frente a subjetivo, lo absoluto frente a lo relativo, finito frente a infinito, perfecto e imperfecto y así sucesivamente, no tienen sentido, porque allí el ego es pura ilusión, y todo es conciencia, no hay diálogo, no hay verbo, solamente hay SER, concepto que nuestra consciencia cotidiana es incapaz de descodificar, puesto que cualquier código representa un lenguaje, y esa realidad como hemos dicho, no entiende de lenguaje ni de diálogo alguno, porque todo ES.


¿Pero qué podemos hacer? Está claro que para ser consciente de la respuesta a esta pregunta, nada mejor que un ejemplo, No nos damos cuenta de la importancia de las pequeñas cosas, todo ocurre nada es para siempre, un cuento de K. Kauter (1990), nos lo ilustra de la mejor forma:
“Dime el peso de un copo de nieve” –pregunto un pajarito negro a una paloma del bosque.
“Nada, ni un ápice” —fue la respuesta.
“Si es así debo contarte una historia maravillosa” —dijo el pajarito negro.


“Me posé en una rama de un abeto, cercana al tronco, y empezó a nevar -no densamente en una rabiosa ventisca, no- sólo como en un sueño, sin herida alguna ni violencia. Como no tenía nada que hacen fui contando los copos mientras caían sobre las hojas de mi rama. El número fue exactamente 3741952. Cuando sobre la rama cayó el siguiente copo (nada de peso, ni un ápice, como tú dices), la rama se rompió“. Dicho esto, el pajarito negro echó a volar.


La paloma, una autoridad en la materia desde los tiempos de Noé, se puso a reflexionar; y pasados unos minutos, se dijo: “Quizá tan sólo haga falta la colaboración de una persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo”
Como hemos dicho, debemos tener presente que participamos, formamos parte del sistema queramos o no, podemos ser lo que en física se denomina “masa crítica”, aquel fragmento mínimo de materia escindible, precisa para que se produzca una reacción en cadena.

¿Cuál será nuestra herramienta más eficaz? Sin ninguna duda, nuestro pensamiento, dirigido en un mismo objetivo común, la imagen mental de un sistema mejor para todos, donde todos los seres humanos recuperen su dignidad por derecho propio, y donde la solidaridad y la compasión sean la norma, y no la excepción como así se confirma día a día.

El pensamiento así cómo el copo de nieve cuando la paloma afirmaba equivocada que no pesaba ni un ápice, es la energía que puede producir el colapso del sistema, nos aventuramos en afirmar muchas veces que no conseguiremos nada con nuestros pensamientos, y lo que no sabemos es que lo que seamos capaces de imaginar, algún día se hará realidad, sólo hay que pensarlo conscientemente, y cobrará vida, puesto que no puede ser de otra forma, siempre y cuando dotemos a ese pensamiento de la gasolina, la fuerza, la energía necesaria para materializarlo. Como afirmaban los mayas, “Creer es crear”, o como afirma un proverbio masai: “Pequeñas gotas llenan un océano”.
¿A qué esperamos para crear una sociedad mejor para todos?

 

 

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Autor: Valle-Arocha
Enviado por anannella - 16/02/2014
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