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Evadir responsabilidades por miedo a la libertad

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La evasión es uno de esos recursos que con frecuencia utilizamos los seres humanos para no asumir la responsabilidad de nuestros actos. Podemos encontrar muchas excusas o pretextos para ello, sin embargo, cualquiera de ellos, no tendrá nunca el peso suficiente como para darle validez a nuestra actitud evasiva. Evadimos, por la simple y sencilla razón de que es una conducta generalizada y por lo mismo, no queremos hacernos responsables de nuestras obligaciones, porque tenemos la percepción de que nadie lo hace y por lo tanto, no vale la pena esforzarnos. 

Es así como un mal hábito, el de la irresponsabilidad, va tomando carta de naturalización dentro de nuestra sociedad, sin darnos cuenta que con ello, trastocamos el esquema de valores de convivencia, pues ante la evasión generalizada, todos incumplen y por lo mismo, todos asumimos las consecuencias, pues dejamos de ser beneficiarios de lo que se llama el bien común.

Incumple el ciudadano, incumple el oficial de la autoridad, incumple el juez que califica, incumple una autoridad mayor, incumple este, aquel, el otro, y el de más allá, y todo se trastoca, pues ante la irresponsabilidad social generalizada, la única constante es el caos en la convivencia. Dejamos de ser responsables cuando empezamos a tener miedo de no saber usar nuestra libertad; y en ese sentido, sin quererlo, la irresponsabilidad se convierte en una atadura moral de nuestros actos.

¿Haz visto la paja en el ojo ajeno? ¡Si…! Pero… ¿has visto la viga en tu ojo? ¡No…!  Esta es por lo general la conducta generalizada, aprendemos a ver los errores de los demás, como una forma de evadir nuestras responsabilidades, pues no nos gusta sentirnos obligados a algo, pero si nos gusta ser beneficiarios de los demás. 

Por alguna razón, no aprendimos a dar, pero sí a recibir, no fuimos enseñados a ser generosos aunque nos gusta ser halagados, somos buenos para criticar, pero muy malos para asumir que somos observados, por lo general, siempre nos incomodamos cuando vemos nuestros derechos y libertades trastocados, pero nos justificamos cuando violentamos los de los demás.

Cuando esto podamos verlo, empezaremos a crecer y a madurar como personas y sobre todo, a darnos cuenta que recibimos por que damos, nos halagan por que halagamos, nos admiran por que admiramos, nos respetan por que respetamos, nos aman por que amamos. Este es el verdadero orden de las cosas, aunque por lo general, hacemos las cosas al contrario, creemos que damos por que recibimos, respetamos por que nos respetan, amamos por que nos aman, en fin, todo en la vida lo condicionamos a primero yo, después yo y siempre yo. Por eso yo pregunto: ¿Cuándo empezaremos a hacer lo correcto? Y la respuesta más sencilla es: Cuando dejemos de ser egoístas y aprendamos el valor intrínseco de la libertad con responsabilidad como norma de nuestra vida.

 El valor sublime de la libertad con responsabilidad es lo que hace a una persona un verdadero ser humano; sobre todo, por que el hombre cabal, es aquel que sabe responder por sus actos, asumir el compromiso de cumplirlos en tiempo y forma, y sobre todo, estar consciente de que con ello, esta construyendo una sociedad más justa y equitativa.

Una persona responsable es aquella que es capaz de tomar sus decisiones concientemente y afrontar las consecuencias que éstas implican. En resumen “responsabilidad” significa: “saber responder por nuestros actos.”, actitud que emana de un efectivo sentido de vida, un saber consciente de que se es libre a pesar de tener ataduras.

Si aprendiéramos a usar nuestra libertad desde que empezamos a tener uso de razón, los pretextos, como concepto, no tendrían ninguna razón de ser en nuestra vida diaria, sin embargo existen por que los usamos, y nos sirven muy bien cuando queremos justificar nuestras omisiones o errores cometidos, y con ello, evadimos nuestra responsabilidad y de paso, sin darnos cuenta, condicionamos nuestra propia libertad.

Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad” lo dijo muy claramente, el sur humano vive evadiendo sus responsabilidades y obligaciones por el simple hecho de que a pesar de que la libertad le ha proporcionado independencia y racionalidad, lo a aislado y tornado ansioso e impotente, y con ello, ha permitido la aparición de algunos mecanismos de evasión que resultan de la misma inseguridad del individuo aislado. Por ello, empecemos a usar mejor nuestra libertad, y encontraremos el camino de la responsabilidad. ¡Así de simple! JM Desde la Universidad de San Miguel.

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Autor: JORGE MELENDREZ
Enviado por melendrez - 03/11/2011
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