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¿Es necesaria la droga?

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La pepitoria resbala sobre el pollo y se va colando por entre las rendijas que el cocinero ha dejado, tras el preceptivo limpiado de vísceras y pieles molestas. La fuente está preparada para entrarla en el horno y que todo lo que contiene se vaya haciendo lentamente: al unísono; sin prisas, que para la cocina son malas consejeras.

Cuando el chef vuelve a abrir la portezuela abatible, los aromas lo inundan todo. Es el momento culminante de la cocción. Tan sublime – si no más – que el hincarle el diente al contenido del plato. Pienso (luego existo), que debería invitarse a todo buen comensal a asistir a ese instante en la cocina del Restaurante. La gratitud sería eterna.

Me consta que algunos cocineros lo hacen; siempre, claro está, que se trate de amigos de confianza; de mucha confianza. Que no es cuestión de enseñarle los entresijos del “laboratorio” a los profanos, por muchos 20 Euros de propina que dejen en la bandejita. Que la cocina, señores, es tan secreta como un chip de silicio.

El Bulli tiene la cocina acristalada, y desde el exterior del local se puede ver el ir y venir de cocineros chefs y ayudantes, en medio del trajín que un templo de la restauración como aquel requiere. Si tienes suerte, y da la casualidad que alguna ventana esté abierta, puedes asistir a la mezcolanza de olores que, junto a los provenientes de las plantas y árboles del jardín, conforman una exquisitez para el olfato; aparte, naturalmente, del espectáculo que representa en si misma esa coreografía culinaria en la que cada persona tiene un rol muy determinado que desempeña a la perfección, con total concentración.

¿Se imaginan ustedes al personal del Bulli – o de otro Restaurante de campanillas – con la nariz empolvada por la coca o riendo estrepitosamente por el cachondeo que provoca la hierba? ¿Verdad que no? Entonces ¿por qué narices en algunos lugares los cocineros y camareros esnifan unas rayitas o fuman unos porritos antes(o en medio) de su tarea? ¿Por qué en locales comerciales, librerías, hipermercados, obras, oficinas, colegios, gimnasios, clínicas etc. hay personal que se “coloca” día si otro también? ¿Es que esos lugares tienen bula de rendimiento óptimo en todas las circunstancias, o es que la cosa ha llegado a un extremo tal que no se puede trabajar sin el consumo de estupefacientes? ¿Tan poca eficiencia hay en el personal que necesita ir drogado al trabajo? Una ayudita, dicen. ¡Pero que ayudita, ni que historias! Seguro que esas personas que en el trabajo se permiten ciertas “libertades”, pondrían el grito en el cielo si se enterasen que el profesor de sus hijos o el médico que les visitará se han hecho una china antes de entrar en el aula o la consulta.

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El asunto de la drogadicción ha llegado a un punto en que el consumo se ha convertido en una necesidad social. Y, así las cosas, ya pueden imaginarse un futuro próximo con un número de adicciones creciente en el que no podremos fiarnos ni de los curas (si es que queda alguno).

Profesiones de alto riesgo, como medico, conductor de transporte público, piloto (aéreo, ferroviario o marítimo), policía, obreros de la construcción, laboratorios, etc., tienen en sus filas consumidores – habituales o esporádicos – que hacen que el nuestro sea el país de Europa que mas cocaína toma. Y eso sin contar con el turismo, al que se le atribuyó en su día el aumento de las cifras, pero que en meses de escasos visitantes, el gráfico seguía hacia arriba, con lo que aquellos que dijeron (por que les convenía) lo del turismo, tuvieron que envainársela ante la creciente escalada de la droga.

 

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Leyendo estadísticas que hablan por si mismas, me temo que el pollo en pepitoria del principio no es apto para narices embotadas. Así que, cada cual que saque sus propias consecuencias y decida si quiere una sociedad en la que no sabremos en quien confiar. O eso, o leyes penales más estrictas que obliguen a los profesionales pertenecientes a colectivos de alto riesgo – la mayoría – a someterse a revisiones y análisis periódicos, con el fin de averiguar su estado de fiabilidad.

 

 

 

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Autor: wizfun
Enviado por wizfun - 15/03/2011
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