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"Reflexiones" (Parte 1)

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“REFLEXIONES (parte1)”

Francisco Sánchez

 

  Ahora me siento en un extraño estado de insatisfacción, de confusión. Me resulta paradójico decir esto porque ya tengo bastante edad como para afrontar esta peliaguda batalla en que resulta vivir día a día, además de para saber qué clase de persona quiero ser, o al menos, intentarlo. Casi, casi, me siento como cuando era un ingenuo y estúpido adolescente y la vida se me antojaba como un gran mar en el cual no sabías qué rumbo tomar o hacia qué puerto te llevarían las convulsas corrientes, aunque cuento con algunas ventajas con las que antes no contaba: por ejemplo que ya estoy habituado a navegar sin saber mi rumbo con exactitud, o a naufragar, que ya tengo claro que, generalmente, los vientos suelen llevarle a uno al lugar “¿deseado/destinado?”. Puedo decir al respecto que tengo una valiosa ayudante que me recuerda que debo asir con fuerza el timón de mi vida cuando acaso dejo el barco a la deriva por despiste, comodidad o confusión. Tengo claro que en la vida, de una forma más rápida o más lenta, más cómoda o más tortuosa, más amena o más insidiosa, uno llega al lugar que quiere o que se merece o quizás ambas cosas... solo para descubrir que ese punto no es la meta ni mucho menos, sino solo un puerto más donde hacer escala, donde reponerse, donde avituallarse para emprender de nuevo el viaje hacia ese otro punto que parece, esta vez sí, el definitivo, pero que siempre resulta ser un nuevo punto de escala y así sucesivamente, (eso si tienes la suerte de no llegar de nuevo al punto de partida, cosa que suele pasar con más frecuencia de la deseada).

  Quizás tenga esta impresión porque siento que me encuentro en un punto de transición de mi “viaje”, o algo así. Aunque reconozco que mi vida, generalmente ha sido una constante transición de un punto a otro, y esa transición perpetua ha ido forjando mi forma de ser, mi yo interno. A veces evolucionando, a veces involucionando, que puede ser otra forma de evolución (aunque eso solo podemos vislumbrarlo con el paso del tiempo)

    No sé qué será lo próximo, (quizás eso sea lo más interesante), lo que sí puedo decir es que todas mis etapas han dejado cosas buenas y cosas malas en mí, pero intento quedarme con lo positivo de cada una de ellas. Ya sé que resulta un coctel un poco extraño, pero quizás eso sea lo más atractivo, a la vez que sirva para permitirme tener una perspectiva cada vez más amplia de mí mismo y, por ende, de la vida. Si intento recordar cómo era cuando tenía 15, 20 0 30 años, me doy cuenta de lo que he cambiado con respecto a ahora... aunque siento que al entrar en los cuarenta el cambio ha sido mayor, más significativo. No cabe duda que las bofetadas que te da la vida o incluso la gente que camina a tu lado influye decisivamente en tu forma de ver tu pasado y, sobre todo, de ver tu futuro. Hablando de esto último factor, quizás la influencia de la mujer que comparte mis destinos sea la mayor “culpable” de la apertura de mis sentidos más internos hacia la vida y, a la vez, la introspección hacia una especie de sensibilidad sobre mis vivencias y sentimientos más íntimos, (aunque resulte paradójico eso de apertura y de introspección). Ahora mismo es así como me siento, como si estuviera en una etapa de “renacimiento”, donde los detalles más insignificantes pero más cálidos priman sobre todo lo demás. Hablando de esto, y por decir una tontería que poco a nada tiene que ver con ello, creo que este tipo de sentimientos son más cálidos, más pasionales, más reflexivos que los que también siento, (en intenso y evidente contraste) en una especie de “amor/odio”, “admiración/temor”, “fascinación/inseguridad” que me produce todo lo referente con la tecnología, el futuro, la ciencia, las máquinas... aunque sinceramente pienso (y es una opinión muy particular) que en el futuro las máquinas evolucionarán hacia la humanización, en una lucha por comprender mejor toda explosión de vida natural o sintética que les rodea, hacia la comprensión de sí mismos y su lugar en la cadena de la vida... por la incorporación de chips emocionales, de “software” dirigidos a la propia comprensión de la realidad, de la vida, por su desarrollo intelectual y filosófico, mientras que la humanidad continuará su camino lleno de despropósito hacia la involución más brutal de la especie, hacia la carencia de sentimientos, al menos de sentimientos positivos, a la pérdida de esos valores que antaño se suponían humanos... a su propio aislamiento, a la anteposición de sí misma ante los intereses ajenos, sean ecológicos o meramente personales, a la crueldad, a la indolencia, quién sabe si a su auto-destrucción (ojalá reaccionemos antes de que sea demasiado tarde, al menos para nosotros y para la vida natural que nos rodea en sus más variadas formas)... “Más humanos que los humanos...” y quizás sea esa la paradoja, y de vuelta al principio...

  Quizás esa constante contradicción que existe dentro de mí, esa constante ansiedad de comprender a mi especie, a mí mismo, mi inconformismo pasivo, mi capacidad de auto-crítica, mi resistencia al estancamiento, sea el combustible necesario para reunir las fuerzas imprescindibles para escribir, para componer, para sentir ansiedad de vivir, de conocer, de saber, de experimentar, de comprender, de volver a empezar siempre que sea necesario... Tal vez sea esa la fuerza que pueda regir mi camino, el viento que impulse mi barco por los inciertos mares de esta vida, aunque tengo que reconocer que cuento con una tripulación escasa pero muy valiosa; cuento con una ayudante que comparte mi destino con gran valentía, o tal vez sea más correcto decir que yo comparto el suyo, o que ambos están entrelazados, espero que para siempre, quién sabe...



Fuente: http://es.scribd.com/fg%C3%B3mez_178015
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Autor: Francisco Sánchez
Enviado por fanchisanchez - 28/11/2012
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