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Sueño virtual

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Me siento un tipo afortunado dentro de una generación afortunada. Antaño hubieron épocas en las que el hombre se vio sometido a su propia ignorancia. Fue víctima de sí mismo. Otras, sin embargo, fue sometido por sistemas políticos engañosos; fue tratado como un peón prescindible que en cualquier momento podía ser aplastado y pisoteado bajo las demoledores pisadas de un régimen opresor carente de todo sentido de singularidad, como claro ejemplo de un engranaje imperfecto e intransigente que aniquilaba y martirizaba a aquellos mismos individuos diminutos e insignificantes que lo sustentaban.

En otras incluso fue víctima de un consumismo irracional que lo engullía y lo menospreciaba, haciendo que se sintiera como un mero espectador ante su propia incapacidad de rebelarse, de alzarse como un espíritu libre y con la potestad para sublevarse ante ese sistema inalterable o ante su propio ego condescendiente y acomodado, haciéndose así esclavo de las grandes multinacionales que lo manipulaban como un auténtico valor en alza, siendo tragados por su ilimitado poder.

Bueno, eso ya es historia, afortunadamente. Ahora el propio ser humano es quién controla al sistema, y no al contrario. La tecnología nos ha hecho libres. Nos ha liberado de las ataduras inevitables del pasado. No hay que ir demasiado lejos. Yo mismo. No dependo de nada ni de nadie, bueno, en cierto sentido. Lo único que debo hacer para que el gobierno no se meta conmigo es pagar mis impuestos religiosamente, nada más. Todo eso lo gestiona mi banco, no debo preocuparme por nada, tan solo por mantener mi cuenta lo suficientemente gorda como para que ellos tengan cierta deferencia hacia mí y nadie tenga que molestarme. Trabajo en tres empresas, una en Tokio, otra en Sidney y otra en Los Ángeles.

¿Qué cómo lo compagino? Muy sencillo. Se llama “bilocación virtual”. La red de redes, amigo. Es el auténtico invento del siglo. Puedo estar virtualmente en varios sitios a la vez. Podría desempeñar incluso muchas más tareas, pero creo que con eso y algún otro “encarguito extra”, ya sabes, libre de impuestos cotizables, tengo más de lo necesario para disfrutar de mi exigua existencia. No es tan complicado, dentro de la red desarrollo un programa de “simulación virtual de personalidades”, mientras que de vez en cuando voy dando un vistazo a mis multiples reproducciones para comprobar si todo va bien... Voy pasando de una a otra a voluntad, casi como si las poseyera...

A ellos solo les interesa que cumpla con el cometido por el cual me contrataron y a mí recibir las transacciones pertinentes en cuenta. Cada vez que lo pienso me doy cuenta de lo ventajoso que resulta; el trabajo se hace más llevadero, las tareas se complementan mejor y no tengo encima a ningún cabrón dándome la vara.Bueno, aunque trabajar no lo es todo, por supuesto. También me pego mis “huergas”, no creas, no soy ningún santo. Tengo cientos de amigos... virtuales.

Las comunidades virtuales son la “ostia”. Las hay de todos los tipos imaginables y por imaginar:, universitarias, fans de este o aquel personaje real o virtual, musicales, porno, a favor y en contra de cualquier cosa, pro-pacifistas o pro-violencia... ¿Sabes lo que eso significa? Solo necesito “conectarme” a mi equipo de “realidad programada” y hacer lo que me apetezca. Todo está a mi mano, y sin que nadie me vigile ni nada parecido; todo lo que yo quiera, desde participar en una típica orgia romana hasta caminar por los jardines del Cairo. Ni te lo imaginas. Es como magia. Te colocas el equipo y ya está.

Ni siquiera tan real sería tan bueno. Cosas de la nanotecnología. La gente está tan habituada a ello que desde hace mucho tiempo lo dan por sentado. Me refiero a los micro-implantes biológicos en nuestro cortex, en nuestra retina, a los nano-nódulos inyectados en nuestra corteza... Es como si engañaran a tu mente. Reconvierte el sistema reproductor de tus neuronas y caes en un trance profundo. Como inyectarte unos gramos de LSD, pero a lo bestia.

El entorno electrónico-virtual recrea el ambiente y tus implantes se encargan de producir las sensaciones equivalentes. Te puedo asegurar que es una pasada. Imagínate hacer un “salto” al desembarco de Normandía... Estar allí, oler la pólvora de las detonaciones, los cuerpos macerados, la sangre vertida... La adrenalina subiendo por tu espina dorsal... O viajar en el Titanic la noche de su hundimiento, estar en Hiroshima el 6 de agosto de 1945... Incluso puedes recrear tu propia situación límite, tu propia catástrofe, tu propio mundo o ir a mundos creados por otros... Bueno, no me entiendas mal, no solo puedes recrear ambientes tensos, peligrosos, también lo puedes utilizar en cosas más edificantes, interesantes, como tu quieras...

Por ejemplo, puedes viajar en una de las naves de Colón cuando encotranron la costa, ver los milagros de Cristo, si eres cristiano, conocer a Siddhartha Gaumata si eres budista o a Mahoma si eres musulmán. Acompañar a la expedición que colonizó Marte o asistir a un concierto de los Beatles...

Además de la realidad programada está la “realidad inducida”. No sabes de qué estoy hablando, ¿Verdad? Estoy hablando de los micro-implantes de retina enviando abundante información codificada a tu cerebro, a tu cortex, estimulando lóbulos frontal y parietal, información que este descodifica ayudado por los nano-procesadores alojados en la base del hipotálamo, interconectado por las nanocélulas de acoplamiento a la médula espinar y al bulbo raquideo, recreando lugares precisos, ambientes selectos, alterando la realidad, embelleciéndola, disfrazándola... Una vez una chica que conocí en un multichat me dijo que un primo suyo le había hablado de un amigo que conocía a un tipo que se había vuelto loco por que sus nano-implantes de retina se deterioraron a causa de una carga de electro-estática o algo así .

El caso es que el tío estuvo siete días “descolgado” y no lo soportó. Imagínate pensar que estás caminando por un sosegado parque lleno de fragantes abedules y que de pronto te encuentres en un asqueroso vertedero plagado de cadáveres de ratas y mosquitos. Pensar que vives en la urbanización más lujosa y limpia de la ciudad y descubrir que vives en un antro. Verte forzado a vivir en un ambiente estéticamente deficiente, deteriorado, grotesco, pésimo, cuando estás acostumbrado a vivir en un entorno agradable, armonioso, vanguardista, elegante... Descubrir que lo que te rodea no es lo que tu creaías que era, que tus sentidos te engañan, que son tu peor enemigo. Debe ser una pasada...

Bueno, tengo que reconocer que a veces sufro estúpidas depresiones. Hace tiempo que tengo asumido que la perfección cabal no existe, así como la felicidad completa y demás. Solo existe un vago sentimiento de satisfacción. Cuando eso me ocurre acudo a mi psicólogo virtual. Esos programas de medicina inteligente son una pasada, de verdad. Como cuando tuvieron que operarme del ojo. Nada de colas, ni esperas, ni cirujanos incompetentes...

Me puse en contacto con un programa oftalmológico ruso y por medio de telepresencia me operaron. Por supuesto, tuve que alquilar algunos equipos de medicina, pero con un brazo robot especializado fue suficiente. Y cuando tengo ganas de colocarme tampoco necesito tratar con camellos o colgados capaces de venderme la peor mierda del mundo. A decir verdad, eso de la droga “física” hace mucho tiempo que casi se erradicó del planeta. Uno de los logros más significativos de nuestra sociedad moderna.

Bueno, siempre existen tipos que trafican y consumen, pero no representan ni al diez por ciento de la población actual. Son una especie en vías de extinción. Las drogas visuales resultan mucho mejor, más baratas, inocuas e incluso intensas. Con mis gafas estroboscópicas de alta resolución puedo paliar mis deficiencias químicas, e incluso puedo darme una descarga equivalente a los anticuados psicotrópicos y con escasos efectos secundarios.

Miles de imágenes tridimensionales por segundo, lanzadas como disparos de plasma directamente al lóbulo frontal y parietal, como una descarga de energía vital... Y si la conecto a mi aparato de realidad virtual puedo recrear las sensaciones más dispares: ingravidez, volatilidad, placidez... Es parecido a las técnicas de reprogramación que utilizan con los delincuentes peligrosos, solo que lo controlas tú. Una vez alguien me dijo que con estos tipos suelen extraer sus peores pesadillas y recrearlas bajo los efectos de drogas químicas producidas por el mismo cerebro por medio de drogas visuales y reproducción virtual. Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta...

Dejando de lado temas morbosos y demás tengo que decirte, por si no lo sabías, que no tengo la oportunidad de aburrirme. ¿Crees que exagero? Es lo máximo, te lo aseguro. Puedo echar un buen polvo con cualquier estrella física o virtual, bueno, más exactamente con su recreación digital, que para el caso es incluso mejor. Puedes incluso crear a la mujer de tus sueños, a tu diosa del amor. Con quién quieras y cuanto quieras... Con gente que nunca podrías conocer fuera de la red, y que está al otro lado del mundo. Puedes incluso mejorar o cambiar tu imagen digital para hacerte más atractivo...

Cambiar tu piel, el color de tus ojos, el tamaño... ya sabes.. Nada de orgasmos mediocres, de cansancio, de monotonía. Tu cerebro se encarga de reproducir de forma fiel el placer más profundo e intenso. Y todo es tan real como la “realidad” en sí, valga la redundancia. Por que ¿Qué es la realidad en sí misma? ¿No es la propia percepción que tú tienes de las cosas? ¿No es el desencadenamiento de los acontecimientos procesados y analizados por tus propios canales de experimentación y reconducción? La realidad es tan engañosa, tan subjetiva, como lo es la constante espacio-tiempo.

¿Qué es el tiempo para nosotros? ¿Qué es la realidad para nosotros? Tan solo son conceptos limitados y subjetivos que fluyen dentro de nuestra conciencia, sujetos intrinsecamente a nuestra propia interpretación y experimentación. Una misma realidad puede ser diferente para dos sujetos independientes. Solo existe en nuestro interior, en la forma como nos afecta, como nuestros sentidos físicos y mentales la perciben...

Ya sé que estás pensando que todo es una mierda. La especie humana se está yendo al carajo. No es culpa mía. ¿Te sientes culpable por ello? ¿Te sientes culpable por la contaminación radioactiva que nuestros antepasados nos dejaron? ¿Te sientes culpable por que la bolsa nipona caiga en picado y un montón de gente se hunda con ella? ¿Te sientes culpable por que la gente cada vez se sienta más sola, más aislada? Es inútil recurrir al falso sentimentalismo.

¿No es más terrible la realidad que hemos construido? ¿No es más angustiosa la realidad que otros nos han legado? Ahora el ser humano, como especie, no se encuentra ante el dilema de la propia supervivencia... Eso lo hemos superado. ¡Qué no existen bosques reales¡ Los hemos creado digitalmente, y además de eso, tenemos las torres de reciclaje de dióxido... Erguidos pulmones químicos que trabajan incesantemente por purificar nuestra viciada atmósfera y hacerla más agradable, más complaciente. ¡Que la gente se aisla cada vez más y el contacto físico cada vez es más esporádico!

En la red puedes interactuar con millones de seres digitales o virtuales, quiero decir con gente que está bio-conectada de verdad en algún lugar de este insignificante mundo o de los sistemas poblados de la Via Lactea, o con personajes totalmente virtuales, e incluso con programas de inteligencia artificial que deambulan por el vasto universo del cyberespacio.

Por supuesto, siempre existirán inconformistas que en vez de evolucionar tratarán de hacernos involucionar, llevarnos al estado primario, ignominiosamente rudimentario y primitivo. Quieren hundir al hombre dentro de un anonimato tedioso y malvado, someterlo de nuevo a la edad de la oscuridad, bajo sus falsas premisas de libertad y transformación. ¿Puede pedirse libertad mayor? No quiero vivir dentro de una absurda y superficial realidad irrelevante. En estas cuatro paredes tengo lo necesario, y sé que hay muchos como yo, casi me atrevería a decir la extensa mayoría. Hace tiempo que desistí del contacto humano. Bueno, tan solo de vez en cuando, sobre todo cuando me traen la compra de uno de esos supermercados virtuales, aunque a esos no puede considerárseles humanos, tan solo repartidores. Son los monstruos de la propina.

Es lo único que demandan. Los humanos reales suelen ser capullos o gilipollas. Es curioso, ahora que lo pienso, conozco a gente de Osaka, de Barcelona, de Quebec, pero no sé quienes son los que viven en mi misma planta. Nunca he visto a mis vecinos, no sé quienes son. A veces los oigo entrar o salir, muy de vez en cuando. No puedo acosar sexualmente a ninguna compañera de trabajo pero puedo piratear sus sueños, sus sistemas, y hasta robarle sus fantasías, o escrutarlas. Ningún compañero de trabajo me joderá pero tengo que estar atento para que ningún despiadado hacker contratado por una empresa de dudosa reputación malogre mi trabajo o lo robe. Sé que, seguramente, no moriré atropellado por ningún vehículo o por alguna extraña enfermedad pero existe un considerable riesgo de que lo haga producto de una lobotomización o de una de sobrecarga visual.

Bueno, creo que ya he divagado suficientemente por hoy. Tengo algo que hacer. Creo que es el momento. El salto definitivo me espera...

La holo-reproducción finalizó bruscamente en una especie de baile de chispas, creando un destello abstracto que iluminó parte de la habitación. El teniente Obo-003 comprobó el cuerpo inerte del humano y suspiró casi como si lo él mismo lo fuera. Su ayudante lo observó y se estremeció. Resultaba más humano que un humano. Y no solo en su apariencia. Era esa forma de analizarlo todo, de buscarle explicación a las cosas, algo que él, como individuo, había dejado de hacer.

Obo-003 se conectó al sistema y en un par de segundos comprobó algunas cosas, algo que para él le habría supuesto horas tal vez, y sin necesidad de hacerlo fisicamente, su interfaz actuaba de tal forma que se convertía en algo así como una extensión más del equipo informático que regulaba todas las tareas del hogar. De esa forma pudo comprobar una circunstancia que ya sospechaba. El chico había muerto producto de una sobrecarga neuronal, al intentar dar el salto definitivo al cyberespacio. Sonrió amargamente con una especie de acto reflejo programado en su módulo de singularidad personal, aunque sin sentir un atisbo de emoción.

Johny, sin embargo intentó adivinar qué era lo que pasaba por aquel cerebro positrónico. Era absurdo que una máquina, por muy avanzada y compleja que fuera, intentara buscarle una respuesta a la existencia, a la muerte, a la vida en general. Obo, por el contrario, intentaba racionalizar el complicado mecanismo psicológico de un humano que había perdido su más preciado don intentando dejar su cuerpo físico para pasar a ser una entidad inmaterial e incorpórea dentro de un infinito laberinto de datos; una entidad biológica autosuficiente que había estado dispuesta a cambiar un entorno físico, orgánico, inagotable en cuanto a sus posibilidades de experimentación por un entorno digital, intangible, inexistente, casi falaz, por el que deambulaban millones de libélulas codificadas que por sí sola no significaban nada.

No sabía si esa extraña contradicción haría que los humanos terminaran aniquilándose, extinguiéndose, o si por el contrario eso era lo que les había hecho sobrevivir a todo. Johny lo miró de soslayo sintiéndose vencedor, de alguna forma. En realidad, era su forma de asimilar su subordinación, de aceptar su inadecuada situación, de silenciar su ególatra conciencia.

A pesar de que sabía que era un modelos estándar de la serie 003, había comprendido que bajo esa carcasa bio-orgánica y ese corazón de polialeación de vexo había aprendido a desarrollar, muy tímidamente, sus pautas de conducta, sus propias características, sus débiles respuestas emocionales, como un niño pequeño. A pesar de que podía realizar un número muy elevado de operaciones por segundo, conectarse a un terminal sin hacerlo físicamente, realizar comprobaciones de sistema en pocos segundos; de que era mucho más ágil y fuerte que él, de que podía reemplazar casi cualquier pieza que resultara defectuosa o dañada en una confrontación; a pesar de todo eso, no era humano, no podía sentir, experimentar como tal, y sabía que eso, de una forma que no lograba comprender, le “molestaba”, si bien era correcto expresarlo así.

-Otro pobre diablo que intentó “colgarse”.- Dijo Johny con voz apagada.- Creo que aquí no hay nada más que hacer, excepto avisar a los de recogidas.

Obo no dijo nada, aunque, en aquel momento, “deseó” hacerlo. Deseo preguntarle por qué un chico había jugado con su vida de esa forma, por qué había despreciado su don, por qué había sido capaz de jugar con su propia existencia física, por qué había creído que una existencia ilimitada e inmaterial sería mejor que una existencia plena, tangible.

Le habría preguntado por qué su muerte no significaba nada para él, por qué esa capacidad de indiferencia ante aquella incoherente situación, por qué esa actitud de aislamiento ante los de su especie, de mirar hacia otro lado, ese vago sentimiento de condescendencia, casi de apatía. ¿Hacia dónde iba el ser humano? Ni siquiera él, con sus más de cien mil gigabytes almacenados era capaz de aventurarlo. No era solo por aquél chico. Últimamente las estadísticas habían subido alarmantemente, y el perfil no era claro, específico. En esa ocasión era un chico que vivía solo, otras veces habían sido emprendedores hombres de negocio, infortunadas amas de casa, temerarios chavales de corta edad o deprimidas personas de edad avanzada. Era lo mismo. Todos buscaban un sueño, el mágico grial, traspasar esa última frontera.

La dependencia a los sistemas digitales había sido tal que alguien se había estado enriqueciendo a costa de vender una quimera, una fantasía que no era más que una pesadilla enmascarada, un espejismo nihilista que los estaba llevando por caminos desiertos, inestables, perecederos. Y ellos habían picado, como siempre, sin comprender que el verdadero elixir estaba en su poder, que la panacea eran ellos mismos, era la vida en sí misma, era la experimentación de sus sentidos, era el destello fugaz de sus almas, la interrelación con el mundo material y la capacidad de aprender de él.

Y ya nada quedaba de ellos. Ni cuerpo físico ni ente incorpóreo. Él, básicamente, era eso, un conglomerado de datos codificados encerrados en un armazón bio-orgánico de alta tecnología y elevada resistencia. Basicamente, había sido creado para ser eficaz, pero tal vez en un destello de compasión y humanidad había sido dotado de una serie de fugaces respuestas emocionales producidas por torpes e inexactas reacciones químicas dentro de su cerebro positrónico, en pobre imitación a las reacciones humanas, aunque por su capacidad de observación había deducido, desde hacía algún tiempo, que solo eran destellos inexactos, puntos inciertos en mitad de una eterna noche. No le hubiese importando cambiarse por cualquiera de ellos. Pese a todo, no los odiaba por que no estaba programado para ello, sencillamente.

-Sí. En un par de minutos vendrán. Debemos irnos.- Obo giró sobre sus talones y Johny le siguió. Apartó de su mente todas sus dudas, todas sus incoherentes reflexiones- Vamos, hay un código catorce a un par de manzanas de aquí.

Johny asintió excitado con la cabeza y Obo deseo sentir esa misma sensación, aunque fuera por un segundo...

Sueño virtual

Sueño virtual

Fuente: www.jamendo.com/es/artist/Francisco_Sanchez
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Autor: Francisco Sánchez
Enviado por fanchisanchez - 03/03/2012
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