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"EL carrusel de las almas perdidas" (CAP. 3)

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"El carrusel de las lamas perdidas - (Cap. 3)

3

 

   Roland es un hombre maduro pero parece no tener una edad concreta. Su rostro se ha forjado con la dureza de una vida intrépida y esforzada. Su espíritu parece indómito pero sus ojos son serenos como un lago donde el viento amaina el vaivén de las hojas en el plateado de sus reflejos infinitos. Su piel es dura y correosa, como la piel de un lagarto, pero su corazón rezuma melancolía y soledad. Se maneja de forma singular. Parece un loco solitario pero su porte resulta distinguido, hasta interesante. Sus palabras surgen con amabilidad y descaro a la vez. Cuando te observa sientes que sus ojos trascienden tu alma y te escruta por dentro, adivinando lo más íntimo, lo más oculto y desconocido de ti. Se percató de que yo lo observaba, en la sala común, y se acercó a mí y me dijo: “es agradable ver como una dama tan hermosa te observa con mirada benevolente y sincera”. Sí, perdona, le dije, no quería molestarte. Él sonrió con cierto encanto. “En absoluto”, me contestó. ¿Puedo hacerte una pregunta? Asintió. ¿Por qué estás aquí? “¿Dónde podía estar si no?” respondió. “Dicen que este es el lugar donde meten a los locos y a los soñadores, y yo soy un poco ambas cosas. Pero déjame decirte una cosa, desde que llegué no he podido dejar de sentirme desconcertado, perdido. No me refiero a este lugar en concreto, me refiero a este mundo. Es un sitio demasiado confuso para mí. Aquí no existen el honor ni la dignidad. Extraño mundo este. ¿Cómo podría adaptarme a él? Los curanderos y sanadores quieren que me adapte, que ceda, pero ¿Cómo podría hacerlo? Cuando estás en la batalla sabes que necesitas corazón y acero para sobrevivir. Tu enemigo te respeta y tu a él. Si me vencía sabía que era un honor morir en el campo con valentía. Solo existía Dios y el acero, nada más. Lo demás dejaba de ser importante. Pero este es un mundo de hipócritas y cobardes. Todos se empeñan en tratar de ser lo que no son, en tratar de engañarse a sí mismos. La gente vive tratando de conseguir cosas que sabe que no necesita, cosas efímeras y estúpidas. No saben cual es su camino, y por eso están tan ofuscados. "No puedo acostumbrarme a eso.” Yo me quedé un poco sorprendida por lo que había oído. Por una parte sonaba como un chiflado pero mirando más allá de la apariencia de sus palabras había una cordura y sinceridad brutales. Resultaba contradictorio.

 “Vengo de un lugar lejano y de una época perdida. Un día abrí los ojos y estaba aquí, en un largo camino donde los veloces dragones de acero cruzaban como corceles raudos y enloquecidos en ambas direcciones. Me asusté, mucho. No tenía mi espada, la había perdido. De todas formas ¿Qué podría hacer frente a bestias tan feroces? Solo morir con valor. Pero me di cuenta que esas frenéticas bestias me ignoraban por completo. Cuando quise cruzar hacia el otro lado una de ellas me embistió furiosamente y, entonces estuve algún tiempo en la tierra de los sueños, divagando entre mundos reales y fantásticos, hasta que vine a despertarme en esta extraña realidad, en un lugar donde había enfermos con extrañas enfermedades, pero ninguno herido por el ímpetu de la batalla, todos poseídos por extraños males, tal vez producto de algún encantador malvado. Con el tiempo me trajeron a este lugar, por que después de sanar mi cuerpo querían sanar mi alma, pero eso resulta más difícil.”

 ¿No recuerdas nada? ¿Qué es lo último que recuerdas?

 “Lo último que recuerdo es un olor a flores impregnando una preciosa tarde soleada bajo los muros del castillo de Meriot. Allí mi hermosa y amada Galatea y yo solíamos encontrarnos para pasear a caballo o simplemente para acariciarnos con el dulce néctar del amor. A veces simplemente observábamos las nubes o nos contentábamos con oír el canto gracioso de los pájaros. El mundo se detenía a nuestros pies, aunque no ese último y fatídico día. Ella faltó a la cita, cosa que me extrañó. Resultó una trampa por que en su lugar me encontré con un grupo de soldados de Meriot, y trataron de darme cuartel, pero luché con ellos con todo el arrojo que pude alcanzar y derribé a dos. Uno de ellos me embistió con su caballo y otro me hizo este corte”, y, remangándose me enseñó una larga y vieja cicatriz. “No pude hacer otra cosa que huir para conservar mi vida, más no por cobardía, sino porque el combate con esos cobardes bellacos me había dejado exhausto y, en caso de perecer en el campo de batalla quisiera haberlo hecho bajo el acero de un contrincante valiente y digno. Bueno, en la ciudad tenía algunos amigos y logré ocultarme de los hombres de Meriot. Meriot era uno de los cinco gobernadores del rey Kroner, demasiado ocupado en los menesteres de la guerra como para ocuparse de su vasto reino. Rey cruel y arrogante. Estuve así durante un tiempo, intentando que las cosas se calmasen. Después traté de llevarme a mi princesa a un lugar lejano donde escapar de esa injusticia y donde poder tener hijos sanos y fuertes que pudiesen ser libres y felices. Y estuvimos a punto de conseguirlo, pero Meriot fue muy inteligente y se adelantó a nuestros planes. Al parecer, los oráculos le habían vaticinado que nunca podría pasarme por la espada porque, debido a que mi sentimiento era puro y poderoso, si lo hacía una gran desgracia caería sobre él y su casa, y a fe que era cierto, porque lo había intentado en más de una ocasión sin éxito, por suerte para mí, y, en vez de eso, optó por pagar a Gaurón, el poderoso, afamado y malvado mago, para que acabara conmigo, y este lanzó sobre mí un oscuro conjuro contra el cual espada no puede ni lanza se sostiene, y me envió a este extraño lugar y a este lejana época, lejos de mi amada y de mi tierra. A veces me he preguntado si no estoy, en realidad, en una especie de macabra pesadilla de la cual no puedo salir, pero no sé, pesadilla o realidad, esta es una maldita cárcel que me retiene y me detiene y me hace sentir como una pobre hormiga de la cual no depende su propio destino ni su camino.”

 Te aseguro que esto no es una pesadilla ni un sueño, le contesté yo. Las pesadillas no son tan dolorosas como esta realidad. El sonrió resignado. ¿Por qué se oponía Meriot a vuestro romance? “Por su arrogancia y orgullo”, me contestó tajantemente. “Meriot tenía dos hijas. Galatea era la mayor, pero era ilegítima. Fue fruto de un romance con la hija de uno de sus capitanes. Él estaba ansioso por un varón que perpetuara su estirpe, pero después de tres años de matrimonio con la altiva Claudia, esta no lograba engendrar criatura alguna, lo cual desesperó al gobernador. Entonces ella se enteró de que esta mujer estaba esperando un hijo de su esposo y, por miedo a ser repudiada, por que esta mujer también ambicionaba ocupar su lugar, acudió a las hechiceras y logró quedar embarazada con oscuras pócimas y hechizos. Cuando Meriot se enteró no supo lo que hacer al respecto, así que acudió a los videntes, que sobornados por la inteligente y ambiciosa Claudia, afirmaron que lo que la hija del capitán llevaba en su vientre era una niña pero no así el fruto de su esposa, que sería varón, un varón sano y fuerte, así que Meriot hizo que retuvieran a la hija del capitán hasta que diera a luz y, cuando comprobó que el bebé en efecto, era niña, creyó el resto del vaticinio y estuvo a punto de desterrar a ambas, por petición de su esposa, aunque esta en realidad, lo que quería era que las pasaran a espada, pero el parto de Claudia se adelantó, como si fuera una señal de los dioses, y esta dio a luz a Dania y Meriot montó en cólera y mandó a pasar por el acero a todos lo videntes, aunque nunca se enteró de que, en realidad, había sido engañado por su esposa. Ella continuó intentando que las matara a ambas, porque estaba muy celosa, pero Meriot decidió quedarse con ambas hijas y dejar en paz a la hija del capitán, que se marchó lejos de allí por temor a su vida. Ambas niñas se criaron juntas en palacio, pero mientras Dania se crio como una princesa, Galatea, mi amada, sufrió la hosquedad y la crueldad de Claudia, y aunque respetó la voluntad de su esposo de no tocar ni un solo pelo de su cabeza, fue víctima de toda su hostilidad emocional y de la dureza de su corazón. Un tiempo después de conocerla traté de cortejarla y, en principio, Claudia no se opuso, por que la odiaba y solo quería que ella se marchase de palacio, pero Meriot aspiraba a algo más para ella, sobre todo después de que el hijo del gobernador de la zona de Lindberg ofreciera una cuantiosa dote. Y, a partir de ahí todo se puso en contra de nosotros.” Roland se quedó pensativo por unos instantes. “Ella es lo único que me inquieta. Sé que es fuerte y muy inteligente. Pero temo qué pueda ocurrirle algo. Me habla a través de sueños. Por ejemplo, no hace mucho soñé que flotaba en un lugar lleno de flores y que amanecía pero, de súbito, un viento poderoso se levantó y me alzó hacia el infinito. Podría ser un mensaje de Meriot o del hijo de Lindberg, pues los sueños son mensajes no solo de la gente que te ama sino también de la que te odia. De repente comencé a caer pero justo antes de llegar al suelo me hice ligero como una pluma y me posé sobre él de forma suave. Esta última parte no logro entenderla. En otra ocasión soñé que mi amada era perseguida por una hambrienta manada de lobos y que, cuando iban a atraparla para devorarla apareció un hermoso caballo alado y la llevó lejos de allí. Eso puede significar que los dioses velan por ella, o quizás que ha logrado eludir el casorio que los padres le pretenden, por el momento. Solo espero encontrar la forma de poder contrarrestar ese maldito conjuro que me lleve de nuevo junto a ella porque, de lo contrario, creo que voy a enloquecer. Pertenezco a un lugar muy lejano, a una edad distinta, donde los hombres adoraban lo desconocido, lo que temían, en la cual aún creíamos que la muerte era una especie de río que te llevaba a otro lugar, y que, dependiendo de tu forma de vivir y de morir, sobre todo si lo hacías con valentía en el campo de batalla, irías a un mejor o peor destino, al que los dioses, jueces imparciales, decidieran para ti...”

 

 Mientras me hablabas he visto tus ojos, Roland. Eres un ser puro, libre, cargado de vida. Tu alma se abrió a mí desde que tus ojos se clavaron en los míos, como una puerta. He pasado a tu interior y he visto la virtud de tu corazón, la nobleza de tu alma, la honestidad que guardas dentro de ti. Bendita locura la tuya. Tu locura es tu defensa, la forma en que tu mente te guarda de tanta mediocridad, de tanta maldad, de tanto egoísmo. Esa mujer a la que tanto quisiste, a la que entregaste tu amor, a la que le diste todo, a la que te entregaste en cuerpo y alma, a la que hiciste más importante que a ti, no supo darse cuenta del don que había recibido, de lo afortunada que era, porque encontrar a alguien que te ame más que a su propia vida es el mayor regalo que puede darnos la vida. Esa mujer te rompió el corazón. Te engañó, te engañó en lo más profundo, despreció tu bondad, no fue honesta, no fue leal, no fue franca, valiente, como lo eres tú. Te sentiste traicionado y tu corazón se partió en millones de pedazos. La explosión que soportó tu alma dejó tus entrañas al borde del colapso. Todo tu interior sufrió un cataclismo, como un terremoto. Te dejó sumido en una realidad vacía, confusa, dolorosa, perturbadora. Creaste otra realidad, una realidad de guerreros, de batallas y dragones, de princesas y villanos, una bendita realidad más auténtica y genuina que la propia “realidad” que habías llegado a padecer. Bendita realidad la tuya, una realidad mejor que la del que se levanta temprano por la mañana con el único afán de conseguir todo el dinero posible para poder obtener todo aquello que anhela y no necesita, o la de aquel que solo piensa en seducir su cuerpo con extraños compuestos que le harán flotar en un mundo oscuro y plácido pero que en realidad hacen de él un monstruo perverso y cruel, o la de aquel cuya única existencia se basa en ser más que los demás y en obtener lo que no es suyo a base de robar y engañar, o la de aquel cuyo corazón tan tenebroso no le deja diferenciar la verdad de la mentira, el bien del mal. Ojalá todos fuéramos tan honestos como lo eres tú, ojalá enloqueciéramos de amor y no por el índice de la bolsa o la subida del crudo. Tu no estás loco, Roland, no estás loco, solo sufres por el amor de alguien, pero algún día esa herida se cerrará y podrás ser tan feliz como quieras, y encontrarás a la verdadera Galatea y vivirás en una tierra lejana donde las personas sean bondadosas y francas, un lugar más allá de tus sueños...

 (Continuará)

 

 

 



Fuente: http://www.jamendo.com/es/track/996543/sesion-7-final-session
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Autor: Francisco Sánchez
Enviado por fanchisanchez - 14/02/2013
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