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Comentarios de un sociólogo indocumentado: La Disidencia Borreguil

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La disidencia respecto a las normas impuestas, la capacidad de cuestionar  los dogmas buenistas imperantes, son en mi opinión uno de los síntomas de la salud mental y política de una sociedad. El plantearse (como ejercicio rutinario) si lo que nos dicen los políticos, mass media, intelectuales (y otros autoproclamados portavoces sociales)  es algo con sentido, o por el contrario  un intento más de manipulación, debería de ser el pan nuestro de cada día, y además no requiere seguramente más de cinco minutos diarios de ejercicio mental. Diez si se pertenece como yo al grupo de los lentos.
Sin embargo... sin embargo parece que en este país (como en toda nuestra historia reciente desde el siglo XIX) o nos quedamos cortos o nos pasamos tres pueblos y hasta cambiamos de autopista. Con el añadido de apuntar casi siempre hacia el objetivo equivocado.
¿Ejemplos? Bueno, pues vamos allá:
A) Ayer mismo nuestro presidente del gobierno anunció la que va a ser la primera modificación de la Constitución Española, modificación que va a apuntar hacia el control por norma legal del déficit público. Bien, ya hay un clamor bloguero y periodístico respecto a la “vergüenza” de que se apruebe por un acuerdo entre partidos dicha modificación, sin “consultar al pueblo” mediante referéndum.  Por no hablar de los que hablan de la medida como una imposición más de nuevas políticas neoliberales (una de las palabras que más se utiliza en la red sin tener pajolera idea de lo que significa).
Pues no. Se equivocan y mucho. Vivimos en una democracia parlamentaria en la que no todas, pero por lo menos algunas normas de convivencia, están muy claras. Y una de ellas es los requisitos para modificar la carta magna, requisitos exigentes, y que por cierto se pueden conocer simplemente tecleando en google las palabras correspondientes. Esos requisitos están establecidos y refrendados por las urnas hace más de 35 años. Si uno no está de acuerdo con los mismos, nada mejor que abogar por cambiarlos u orientar  el voto hacia aquellos partidos que proponen dicho cambio. Pero no. Mejor estar tres décadas sin preocuparse por el tema, y ahora darse por ofendido en la red (ese gallinero donde todos podemos hacernos los sensibles) y clamar contra tal supuesta desvergüenza. Porque el mostrarse ofendido y bramar contra el orden imperante sin ton ni son, sin saber cómo se deben cambiar las cosas, sino simplemente utilizando una larga serie de lugares comunes de otra época (referéndum para todo, democracia asamblearia etc) no nos da automáticamente la razón, ni siquiera una fracción de ésta. 
B) Nos visitó el Papa. Lo saben, ¿no?. Bien, no voy a hablar de esa auténtica caza del peregrino que doscientos descerebrados hicieron por la Puerta del Sol y zonas aledañas con el beneplácito del pijismo progre (recuerdo las declaraciones de un manifestante que se quejaba de la “provocación de la que habían sido objeto” ya que los cristianos (sic) “se habían puesto a rezar en medio de la calle”). Al fin y al cabo lobotomizados sociales existen por igual en todas las franjas del pensamiento.
Lo que sigo sin entender es el anticlericalismo feroz que tanta y tanta gente ha proclamado en sus blogs, en sus feisbuks, en sus cartas al director, etc etc. Un anticlericalismo tan dogmático y profundamente ignorante como lo es cualquier postura tomada sin reflexionar un poco en sus motivos o bases. He oído de todo: críticas a los peregrinos porque al fin y al cabo vienen a hacer turismo. Críticas al Papa porque debería estar en el cuerno de África solucionando el hambre de los negritos.Críticasa los cristianos porque no actúan conforme a su credo (argumentándolos con rotundas” pruebas). Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño del sentido común produce estupideces sin fin.
No seré yo quien defienda a la iglesia, muchas de cuyas posturas respecto a las mujeres o a la vida sexual me resultan del todo incomprensibles y casi incompatibles con la vida actual. Pero antes de hablar de las imperdonables riquezas del Vaticano sería mejor repasar (o conocer) la labor que hace Cáritas en España, o los misioneros en todo el mundo. . Antes de criticar la fe irracional de los peregrinos y la “manipulación” que las religiones hacen con la gente habría que autoanalizarse y evaluar si realmente la razón gobierna todos nuestros actos diarios como orgullosos no creyentes que somos. O plantearse si realmente queremos abolir toda vida espiritual en el ser humano (o sólo la relacionada con determinadas creencias). Antes de ponerse nerviosos porque un septuagenario con traje blanco venga a rpesidir un acto con un millón de jóvenes, deberíamos preguntarnos si tiene sentido los miles de mítines financiados con (nuestro) dinero público,  donde cientos de miles de españoles corean como estultos corderos las proclamas mil veces repetidas del político de turno.


¿Qué, cómo, quiere usted decir que no se puede criticar a la Iglesia? Pues no, no quiero decir eso, se la puede y debe criticar, y de hecho ha dado últimamente más de un motivo para ello.
Lo que quiero decir (y con esto lanzo un corolario para cerrar este árido post), es que todo el que se considere ciudadano con conciencia social, debería dedicar un  tiempo a reflexionar antes de lanzar cualquier proclama al aire. No porque no tenga el derecho a lanzarla, sino porque si no hace antes un análisis más global, seguramente se caiga en lo que en el fondo quieren todos nuestros gobernantes de izquierda, derecha o centro: adherirse sin darse cuenta al menú de soflamas simplistas e ignorantes que ponen a nuestra disposición. Y con esa adhesión conseguiremos cierta complacencia intelectual, cierto orgullo de tener las “ideas claras” respecto a la sociedad en que vivimos y a nuestro papel en ella. 
Pero, en realidad, nos convertiremos en hormiguitas muy orgullosas de sí mismas  pero profundamente ignorantes y por ello  incapaces de cambiar la forma en que está organizado el hormiguero. Que, por lo tanto, seguirá siendo manejado por los mismos mandangas de siempre, con el mismo desprecio por la ética y los valores que siempre.

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24/08/2011ir arriba
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