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"El ángel intruso" (Capítulo 7)

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"El ángel intruso" (Cap. 7)

Francisco Sánchez

7

  Una radio local invitó a Albert ese sábado por la mañana para hacerle una especie de entrevista. Había subido mucho su popularidad a raíz de cosas que la gente contaba sobre él.  Él no tuvo inconveniente de asistir al programa. Un taxi le recogió a las nueve de la mañana y le llevó al estudio. Allí un recepcionista le recibió y le acompañó hasta el interior. Un café caliente y un sándwich le esperaban.

-  Bienvenidos a las mañanas de la KCJ, señor Albert, por que así es como creo que se hace llamar, aunque ese tal vez no sea su nombre real.- Le dijo Deborah Marshall, presentadora del programa, una mujer de unos cincuenta años, de voz aterciopelada y carácter afable, todo lo contrario de su compañero, Marlon Bruguell, un joven ambicioso recién salido de la universidad, de voz áspera y mirada incrédula, que era como el contrapunto que equilibraba el programa, experto en infinidad de cosas e incrédulo y mordaz por naturaleza.- Se dice que usted no sabe quién es.

-Bueno,  sé lo que debo saber sobre mí, y lo que no sé lo voy descubriendo poco a poco. En realidad los que quieren saber mi nombre, tan solo buscan tener la posibilidad de catalogarme y controlarme. Pero, ¿qué significa en realidad un nombre?

-          Bueno, todo eso está muy bien, pero usted tiene que ser alguien ¿no?

-          Y soy alguien, como usted o su compañero. ¿no es así?

-          ¿Me va a decir que surgió de la nada?- Preguntó Marlon.- Debió usted de tener padre, madre, casa, identidad... no sé, ¿U obedece a algo el que usted quiera mantenerlo oculto?

Albert sonrió.

-          Bueno, si tanto necesita una identidad llámeme Albert, como la policía. De todas formas, ¿A quién le importa un vagabundo? 

Deborah y Marlon sonrieron con ironía.

- ¿Recuerda algo? ¿Qué le ocurrió? Tenemos entendido que le encontraron en el mar. Estaba usted inconsciente pero no se había ahogado. ¿No resulta extraño?

-          Algunos recuerdos resultan difusos en mi cabeza, otros permanecen nítidos y precisos. Eso no tiene tanta importancia, tal vez lo importante sea llevar a cabo mi misión...

-         ¿Su misión? Ahora habla usted como uno de esos locos sectarios que trata de arrastrar a las masas hacia sí. ¿Cuál es su misión?- Preguntó Marlon clavándole sus ojos como agujas que tratan de hacer daño.

-         Todos tenemos una misión, pero cada uno debe saber cual es la suya. La gente hoy está perdida por que no sabe cual es su misión, o su cometido, en una existencia gris y lineal.- Comentó Albert con esa voz susurrante que resultaba tan hipnótica y grata.- La gente piensa que trepando por encima de los demás conseguirá ser más feliz, y lo único que consigue es alejarse más del suelo. En el suelo están nuestras raíces, por donde corre la sangre de nuestras venas. Creemos que somos individualidades destinadas a sobresalir la una de la otra, y eso nos destruye, por que si bien somos individuales y singulares también es cierto que todos permanecemos unidos por un cordón umbilical a lo que nos rodea, a la tierra, al aire, al mar, incluso al universo. Pero estamos caminando poco a poco a nuestra propia autodestrucción... Eso no tardará tanto en llegar, me refiero a miles de años ni nada de eso...

 Por un instante los locutores se quedaron callados, meditando sobre lo que aquel viejo vagabundo les había dicho. Una llamada rompió la magia del momento.

-         Sí, buenos días amigo, le habla Deborah, ¿Quién es y desde donde nos llama?

-         Hola... buenos días, me llamo Demi Bauman y llamo desde el barrio de San Antonio. Bueno, yo apenas conozco a ese hombre, tan solo pude verle durante apenas quince minutos y estaba demasiado conmocionada cuando le vi, pero puedo decir que ese hombre... ese hombre tiene algo especial, es un ángel o algo parecido. Verás, mis dos hijos y yo habíamos sufrido malos tratos de mi marido por muchos años, y el mayor, un día, trajo una pistola que le dio un amigo con la intención de intimidarle, según el me contó después. Bueno, supongo que era su forma de defendernos. Un día mi marido llegó borracho, después de gastarse medio sueldo en alcohol y en tragaperras, y la tomó conmigo y con mi hija pequeña. En eso el mayor, Jerry, llegó de la calle, encontrándose esa papeleta, y entonces se enfrentó con su padre, pidiéndole que nos dejara en paz y este le golpeó y le dejó algo conmocionado, y después fue tras de mí para pegarme por que decía que la culpa de que sus hijos no le respetaran era mía. Entonces Jerry sacó el arma y bueno, a pesar de que creo que no era su intención inicial, terminó pegándole un tiro para defenderse, por que este trató que arrebatársela. Cuando su padre cayó herido fue como si mi hijo se volviera loco o algo así. Bueno, supongo que, cuando le vio allí, tendido e indefenso, sacó toda esa rabia acumulada que llevaba dentro durante todos estos años... Sinceramente le digo que yo pensé que Jerry le iba a rematar, que le iba a vaciar el cargador encima, pero, de pronto apareció la policía y con ellos ese hombre y se puso a hablar con él... Le convenció de que soltara el arma y, no sé por que, al poco de notar su presencia, me sentí relajada, más tranquila, como si supiera que todo iba a salir bien... Quiero darle las gracias, gracias señor, por que usted consiguió que mi hijo no tuviera sobre su alma el peso de haber matado a su padre a sangre fría...

 -    De acuerdo señora Bauman, gracias por su testimonio, sin duda es, cuanto menos, admirable.- Deborah Marshall sonrió y miró a Albert, esperando que él interviniera.

-         En realidad no hice nada extraordinario, solo escuché al muchacho libre de juicios anticipados, de forma sincera y directa, y creo que él mismo supo darse cuenta de la situación. Entonces actuó con cordura. Bueno, siempre he pensado que los seres humanos estamos unidos por algo invisible e incierto y que captamos, de una forma que nadie sabe precisar ni definir, lo que no se dice de nosotros. Ese algo impreciso y que pertenece más al terreno de las percepciones que al de lo tangible y concreto, y que moldea más de lo que creemos nuestras reacciones hacia los demás. Así, si te sientes juzgado y rechazado puedes reaccionar de forma agresiva, por que eso es en realidad lo que nos produce el miedo, una reacción violenta y desmesurada.

-         Sin embargo, usted ha protagonizado algunos incidentes que mucha gente tildaría de impropios. Por ejemplo, tenemos noticia de que se llevó a un grupo de indigentes a una piscina pública y entraron sin pagar. La gente se enfadó muchísimo, incluso creo que estuvo retenido en la comisaría.- Continuó Marlon con suspicacia. Actuaba con él con cierta rigidez, como si tratara de desmantelar a algún supuesto impostor malvado.

-         Sí, lo recuerdo...- Contestó Albert sonriente.- Bueno, ¿A quién puede molestarle que unos pobres indigentes se den un baño en una piscina? No hicimos daño a nadie. Y lo pasamos realmente bien. No conviene ser hipócrita en exceso, esta ciudad tiene lacras mucho mayores. Solo pretendía que ellos hicieran cosas nuevas, que aprendieran de nuevo a vivir y a experimentar. Sabe, cuando la ilusión desaparece, algo dentro de la persona muere, una parte de ella muy grande, y se convierte en un caparazón que se mueve por impulsos, alejándose cada vez más de su realidad. Es terrible, como vivir perdido en un desierto sin fin.

-         Creo que tenemos otra llamada,- anunció la señora Deborah.- Si, buenos días, ¿Quién eres?

-         Bueno, me llamo... me llamo Boby Clayton, le llamo desde las afueras... bueno, el caso es que no conozco a ese tío, pero, creo que él le dio sangre a Jimmy... sí, me refiero a “J. Drag”, ya sabe... Bueno, Jimmy es un negro que cumple condena en la estatal, ¿Saben? Bueno, era un tío muy problemático y peligroso. Hace tiempo le dieron una puñalada en una reyerta y le llevaron al hospital y bueno, según me contó él, dio la casualidad que no tenían su grupo sanguíneo excepto por el viejo ese que sí tenía su mismo grupo. Creo que le pusieron de su sangre, una buena cantidad... El tipo regresó de la prisión y poco a poco fue cambiando, su forma de ser y todo eso. No sé que le ocurrió. Decía que había recibido una llamada divina. Él tío se enemistó con los de su banda. Intentaron cargárselo un par de veces pero no pudieron. Ayudó a muchos, a mí me salvó el pellejo, y soy blanco, ¿Entienden? Bueno, Jimmy es ahora mismo toda una institución allí, no sé si me entienden. Ha dado forma a una nueva corriente sobre ayudar al prójimo y todo ese tipo de cosas...

-         Gracias señor Clayton.- Despidió Deborah.

-         Y lo que sí es cierto, y esto son cifras contrastadas, es que la prisión estatal ha sufrido una importante mejora en cuanto al comportamiento de la población reclusa. Por ejemplo, hace tres meses los informes dicen que hubieron en total unas dieciocho reyertas en las cuales murieron dos internos y dieciséis resultaron heridos, siete de ellos de gravedad. Al mes siguiente esta se redujo a trece reyertas, dos muertos y doce heridos y el mes pasado a seis reyertas, ningún muerto y tres heridos. Aparte de eso hay muchos aspectos más, como el índice de muertos por drogas de algún tipo y otros aspectos en los cuales la mejoría se hace notoria. ¿A qué cree que se debe? ¿Piensa usted que está conectado, de alguna forma, con la transfusión de sangre que usted le hizo a Jimmy y su repentino cambio?- Inquirió Marlon con interés.

-         Bueno, todo está conectado de alguna forma. A veces podemos pensar que las cosas ocurren de forma aislada e independiente, pero todos estamos unidos por muchas cosas, por compartir el mismo planeta, por respirar el mismo aire, por beber la misma agua, por formar parte del núcleo... y las cosas que hacemos están interconectadas, por supuesto.

-         Habla usted de una forma muy extraña, como tratando de que todo lo que dice sea enigmático y misterioso.- Comentó Deborah.

-         Siento que sea así. En realidad, lo que digo es muy sencillo. Y lo que digo es lo siguiente: soy un ser humano, como cualquiera de vosotros, en la mayoría de los aspectos, en otros soy diferente, lo sé, pero ¿no ocurre lo mismo con los demás? En el núcleo soy igual, en la superficie soy diferente. No trato de llegar a ningún lugar en especial, solo disfrutar del camino, disfrutar y aprender de las vivencias del viaje. Creo que si intentamos ser mejores personas resultará en mucho beneficio para nosotros y para las personas que nos rodean. No es bueno hacerse ideas preconcebidas sobre nada. Cada cosa llegará en su momento...

-         Tenemos entendido que mucha gente viene de diferentes lugares del país para conocerle. Se ha convertido en un nuevo profeta o algo así. Es como si usted trajera un mensaje que la gente quiere oír.

-         Mírenme, solo soy un vagabundo, un viejo vagabundo. No soy ningún iluminado ni ningún profeta ni nada por el estilo. Tal vez la gente no busque profetas, busque un feriante que les entretenga... No lo sé... El mensaje que traigo es sencillo: tenemos que cambiar, desde nosotros mismos, de la concepción que tenemos de lo que somos para después poder cambiar nuestras actitudes hacia los demás. Los cambios asustan a la mayoría de las personas. Generalmente la gente prefiere conservar sus roles, aquello a lo que se les ha enseñado y se han acostumbrado durante toda su vida. Pero es vital que lo hagamos. De ellos depende nuestro propio futuro. Este hermoso lugar merece que lo hagamos. Las futuras generaciones también. ¿Qué clase de mundo se encontrarán ellos? Nada halagüeño, se lo aseguro.- Albert habló con tanta sinceridad que todo el mundo que le oyó, durante esos pocos segundos que lo hizo, permaneció en silencio, absorto e hipnotizado.- No estoy seguro de lo que la gente quiere de mí, si en realidad buscan el camino adecuado o tan solo quieren ser partícipes de todo este circo mediático, como si tan solo fuera una atracción de feria.

-         ¿Tenemos una nueva llamada?- preguntó Deborah Marshall a su equipo en los controles. Estos le hicieron una seña afirmativa con su pulgar.- De acuerdo. Buenos días, ¿A quién tenemos al teléfono?

-         Buenos días, soy Gary Murria, y trabajo como interno en el Hospital San Francis. Bueno, cuando le encontraron le trajeron a mi consulta y yo le hice examiné. Sorprendentemente todo parecía en orden, aunque Albert había sufrido un caso de amnesia profunda, y no recordaba absolutamente nada de sí mismo. Le hice un análisis de sangre y lo envié al laboratorio. Bueno, todo parecía normal, fue algo rutinario. El mismo día, casualmente, trajeron un preso muy grave por una reyerta, que había perdido mucha sangre, pero era de un grupo sanguíneo poco usual, concretamente del grupo “O”, y ahí está la casualidad, este hombre también tiene este grupo, así que le hicimos una transfusión. Bueno, el caso es que este hombre era portador de anticuerpos VIH, pero él no lo sabía. El análisis que le hicimos en el Hospital así lo indicaba. Remití esos análisis a la prisión y dos semanas más tarde le hicieron un nuevo examen rutinario al preso. La enfermería de la prisión me envió los resultados para ver si había algún tipo de error por que los anticuerpos habían desaparecido, como por arte de magia. Les pedí que le hicieran un nuevo análisis para contrastar los resultados y no solo habían desaparecido, si no además su sangre se estaba transformando, tomando unas propiedades excepcionales. Entonces busqué algo sobre la ficha de Albert pero no encontré restos de sangre de las pruebas, por que el Hospital ya se había desprendido de estas, como es habitual. Entonces me puse en contacto con este preso y le hice un nuevo examen, esta vez a profundidad, y descubrí cosas realmente sorprendentes... Cogí un poco de su sangre y la mezclé con un tejido cancerígeno que le habíamos extirpado a un paciente un día antes y... el cáncer remitió completamente en once días, en tan solo once días... ¿Un milagro? En su sangre, de una forma que aún no logro a comprender, puede estar la clave para curar un sinfín de enfermedades... Es un milagro, ¿no creen?

 De súbito la comunicación se cortó.

-         ¡Señor Murria! ¿Sí?- Deborah trató de restablecer la comunicación pero fue en vano, no había nada que hacer.- Lo siento, creo que lo hemos perdido...- Informó a la audiencia, pero fue el otro presentador el que se dio cuenta que no era tan solo la llamada telefónica, simplemente la señal radiofónica se había interrumpido.

 Ambos entonces miraron hacia el control a través del cristal, buscando algún tipo de explicación de los técnicos. En ese preciso instante entró una especie de escuadrón militar en la cabina, sobresaltándoles a todos. Iban armados con metralletas y vestían de negro, con cascos y pasamontañas camuflando sus identidades. Antes que pudieran siquiera decir nada, detrás de los soldados apareció un hombre con un traje gris y barba canosa bien cuidada y les enseñó una insignia, mostrando un gesto serio y unos ojos escrutadores. Apenas pudieron leer la identificación, este informó: “Mayor William Black. Agencia Nacional de Seguridad. Venimos a llevárnoslo.- Y señaló hacia Albert. Dos tipos del escuadrón ya la habían agarrado.

-         Os esperaba.- Comentó él.

-         Nos vamos tranquilamente y aquí no ha pasado nada.- Continuó el mayor.- Nunca hemos estado aquí, y no quiero filtraciones, de lo contrario pueden haber consecuencias muy desagradables.- ¿Me explico?- Preguntó enarcando las cejas. Resultaba convincente.- Cuando vuelvan a antena van a poner un par de canciones, alguna entrevista al dandi del mes o noticias, lo que quieran, pero ni una palabra de esto. Simplemente hubo un problema técnico y en el intervalo el señor Albert se fue por su propio pie. ¿De acuerdo?... No quiero tener que hablar más del asunto.

 Después de eso se lo llevaron por una salida trasera y lo metieron en una especie de vehículo blindado, frente al mayor Black, aislados del resto del vehículo por una cabina antibalas insonorizada. Albert le observó sin decir palabra. Aquel era un sabueso implacable curtido en mil batallas. Un tipo de esos que el Gobierno camufla y alecciona para obedecer sin rechistar, muy eficaz en todo tipo de trabajos, sobre todo sucios y discretos. Permaneció también a la espera durante unos diez minutos pero Albert continuó sin pronunciar palabra. Le observaba de forma sencilla, sin ningún signo de hostilidad ni animosidad. 

-         Está bien.- Acabó por decir el Mayor algo inquieto.- ¿No dice nada? ¿No quiere saber por qué le hemos detenido, quiénes somos o algo de eso?- Albert le respondió con una mueca de conformidad y continuó mirándole de forma directa y benévolo.- Es usted un tipo muy curioso e interesante... Un elemento perturbador.

-         ¿Perturbador? Solo soy un pobre vagabundo.- El militar soltó una risa cortante y artificial.

-         Ya veo... Dígame, ¿Quién es usted en realidad?- Preguntó de forma directa.

-         No sé a qué se refiere.

-         Bueno, dígamelo usted... Vamos amigo, ¿Por quién nos ha tomado? Anda usted por ahí haciendo cosas raras. Le hemos investigado. Si pretende engañarnos será peor. Lo mejor para todos es que colabore con nosotros.- Las palabras del Mayor parecían amigables pero su mirada escondía una amenaza latente.

 Albert no supo exactamente dónde le llevaron por que los cristales tintados le impedían la visión, pero, después de un par de horas de viaje, intuyó que había llegado a una especie de base y que le bajaban en un montacargas o algo así. Después le bajaron del vehículo y le trasladaron a través de largos pasillos fríos y grises a una especie de enfermería. Allí le hicieron infinidad de pruebas, de todo tipo, durante todo el día. Por la noche, según su reloj biológico le indicaba, por que no podía saberlo con certeza, le llevaron a una pequeña habitación que parecía una celda de un psiquiátrico o algo así. Por la mañana temprano le volvieron a llevar a la enfermería y le continuaron haciendo pruebas nuevas, e incluso le repitieron algunas. Le dejaron descansar por la tarde, después de darle de comer, le llevaron a una habitación fría y hermética, un lugar escondido donde era evidente que se utilizaba para exhaustivos interrogatorios. Le sentaron en una incómoda silla, tras una vieja mesa, mientras el Mayor y dos hombres más que vestían de paisano le observaron mientras cuchicheaban cosas y releían papeles tras un alto secretismo. Detrás de él un cristal grande camuflaba un fuerte dispositivo de espionaje en la habitación contigua.

-         Continúa usted sin decirnos nada sobre quién es y por qué está aquí...- Comentó el Mayor con sutileza, suponiendo que toda aquella espera hubiera minado su seguridad.- Debe de haber algún motivo para ello...

-         Supongo que me han investigado y que saben que padezco una especie de amnesia.- Respondió Albert con total tranquilidad.

-         Vamos, dejémonos de juegos. Lo mejor es que colabore con nosotros.

-         Es cierto. Tengo amnesia, hay cosas que no recuerdo, pero sé quién soy, interiormente, me refiero. Otras cosas, sin embargo permanecen fuera de mi alcance, pero tampoco me preocupa, no lo necesito. Sé lo que tengo que saber. No puedo decirles lo que ustedes quieren saber, al menos de momento. Intuyo que sus intenciones no son buenas en realidad. Cuando comprendan ustedes el alcance de las cosas y se den cuenta de cual es el verdadero camino a seguir todo les será revelado, sin necesidad de que yo les diga nada.

-         Vaya, veo que intenta convencerme con su filosofía barata. Tal vez piense que estamos jugando o crea que somos tontos y que puede tomarnos el pelo.- Entonces el Mayor le hizo una mueca a uno de los tipos misteriosos y el otro sacó una inyección y una ampolla de uno de los bolsillos de su chaqueta. La preparó con tranquilidad.

-         ¿Sabe usted lo que es esto? Bueno, solo le diré que no le gustará. Sentirá que el cielo le aplasta, se lo aseguro. Es una sensación extraña, como si algo maligno le poseyera, estrujándole el cerebro. Cantará usted como un niño chico. Deseará haber colaborado antes de que se lo inyectásemos.- El Mayor le amenazó con mirada pérfida y Albert tan solo hizo una mueca con su boca y se subió la manga de su camiseta.

-         Nada de esto es necesario, se lo aseguro.- La aguja penetró en su piel y el líquido amarillento entró en su cuerpo.- No deben temerme...

-         ¿Temerle?- Repitió incrédulamente el Mayor.

-         Si, de lo contrario, ¿Qué razón puede tener esto? Solo se reacciona con tanta agresividad cuando se tiene miedo, mucho miedo. Pero supongo que es normal, hasta cierto punto, contando que son ustedes los principales responsables de que el mundo está como está. Espero que, a pesar de la dureza de sus espíritus, al final logren entender las cosas. Hay un punto de partida y un origen, pero los caminos pueden ser infinitos.

 El Mayor le miró y sonrió, como reservando su euforia mientras esperaba algún tipo de reacción que le doblegase, la cual parecía no llegar. Comenzó a impacientarse. Miró a los otros tipos como buscando alguna explicación. Estaban tan desconcertados como él. Le miró y no vio asomo ninguno de dolor, laxitud o ansiedad, ni ningún otro síntoma que se suponía debía haberle producido aquel compuesto. Albert permanecía allí, sereno, imperturbable. No parecía humano.

- ¿Qué... ocurre?- Preguntó por fin.- ¿Qué coño ocurre?- Parecía irritado. Se dirigió al otro y le preguntó:- “¿Estás seguro que es...? Es imposible...

-         Sí, ya sé, señor, pero, estoy seguro de que no me he equivocado...

-         Está bien, tráigame una dosis más. A ver qué ocurre.

-         Está bien señor. El tipo salió y el Mayor se fue al lado opuesto de la habitación mientras le miraba de soslayo, preguntándose que había fallado. En el transcurso de los cinco minutos aproximados que el subordinado tardó en traer una nueva dosis, la habitación fue visitada por cuatro tipos más, probablemente los que permanecían en la habitación contigua, tras el cristal, que querían verlo en persona, incrédulos de que aquel enjuto tipo pudiera tolerar tan bien el narcótico. Si una dosis normal sometía a una persona a un estado hipnótico que le hacía cantar hasta la última canción de los Beatles, el doble podría hacerle entrar en un estado esquizoide paranoico que le podría llevar al colapso total.

-         Esto resulta muy peligroso.- Dijo uno de los de la bata blanca.

-         Lo sé, asumo toda la responsabilidad. Le hemos traído aquí para averiguar cosas ¿no es cierto? Pues hagámoslo. De todas formas, tengan preparado un equipo de reanimación por si acaso.- El otro asintió. Le inyectaron la sustancia y esperaron unos minutos. El tipo de la bata blanca le examinó; examinó sus pupilas, no había ni rastro de dilatación, ni su pulso se elevaba ni sudaba con profusión. No habían síntomas de rigidez ni taquicardias. No parecía haberle hecho el menor efecto. Al contrario, Albert se mostraba tranquilo y sereno.

 El Mayor se quedó estupefacto, perplejo, sin saber qué decir ni qué hacer. Todo el mundo se quedó en silencio. El ambiente comenzó a hacerse pesado, denso. Todo se ralentizó, se hizo vaporoso. Una sensación de pesadez inundó sus músculos... 

   El Mayor parpadeó. Un segundo después fue consciente de su desorientación. Sintió un bienestar emergente en sus miembros, en su cabeza, en sus músculos. Cayó en la cuenta que acababa de despertarse.

-         ¿Qué...?- Exclamó mientras lo recordaba todo y su mente volvía a la realidad. Sintió el paladar reseco. Se levantó de una silla.

 Miró a su alrededor. Continuaba en la habitación del interrogatorio. El resto de su equipo permanecía en el mismo estado que él. La mayoría comenzaba a incorporarse. Algunos estaban sentados y otros tirados en el suelo. Por fin entendió lo que había ocurrido, habían caídos todos como sedados, de alguna forma que no llegaba a comprender, y se puso, furioso, muy furioso. Comenzó a lanzar insultos y a maldecirlos a todos, sobre todo al comprobar que el extraño no estaba allí, que se había largado. Los demás se mostraron tan desconcertados como él.

 Salió de la habitación mirando su reloj. Habían transcurrido unas tres horas desde que se produjera el lapsus. Sintió escalofríos. Se dirigió a la habitación contigua, hacia los equipos de grabación. Mientras trataba de rebobinar la grabación se puso en contacto con la gente de Seguridad, pero todos se mostraron desconcertados, no habían detectado nada irregular y menos aún habían interceptado al extraño. Llegó hasta el momento en que le puso la segunda dosis. Se quedó expectante, ansioso por ver qué había ocurrido. Cayó en la cuenta que no recordaba nada de ahí en adelante. Todo lo que vio y oyó resultó nuevo para él. El viejo comenzó a hablarles con voz pausada y penetrante: “van a descubrir cosas extraordinarias sobre mí. Así debía ser. Debéis descubrirlo por vosotros mismos. Tal vez eso os haga creer que no soy un farsante ni un mentiroso. Lo entiendo, habéis vivido desde hace miles de años bajo las limitaciones que encierran vuestros sentidos y eso os hace incrédulos por naturaleza, por que tenéis miedo de ser engañados, pero creo que lo que vais a descubrir debe bastar para daros cuenta de que no miento, de mi singularidad. Mi existencia física data de vuestra época, de vuestro mundo, pero mi esencia pertenece a otro lugar y a otro tiempo futuro, lejano. ¿No habéis oído eso de morir para nacer? Algo parecido. Un proceso de continua transformación, como ocurre en el universo de forma infinita e inescrutable. Supongo que os preguntareis cómo es posible. Nada material puede viajar en el tiempo. Al menos con cierta masa y cierta densidad, como naves o personas, pero todo aquello que no rebase el límite sí, algún día lo descubriréis. Me concibieron para esto. Me adecuaron en una pequeña semilla molecular para viajar hasta vosotros y ayudaros a encontrar el camino. Esa es mi misión. Imprimieron en mí cierta información, la que necesitaba, me dotaron de cualidades, tal como somos en esa otra época venidera. Me enviaron porque en un futuro no muy lejano la vida en la Tierra se verá seriamente amenazada. Una serie de catástrofes desencadenarán una crisis como la cual nunca hubo antes en la historia de la humanidad. Los supervivientes se enfrentarán a varios dilemas, entre ellos la extinción total. Gracia a la avanzada tecnología la especie humana sobrevivirá, fuera de aquí. El planeta quedará seriamente deteriorado. En gran parte de él la vida humana llegará a ser imposible. Esto obligará a la especie humana a resurgir, a crearse a sí misma, a reinventar sus prioridades, y aprenderemos, por fin, de nuestros errores pasados, por que la tragedia será tan terrible que nos hará mirar en nuestro interior, escudriñarnos a nosotros mismos y depurar nuestras almas. Usaremos todo su potencial para eso. Descubriremos que la maldad, que dominó nuestro nefasto pasado, vive impresa en cada uno de nosotros por los genes mutantes que nuestros antepasados nos han ido legando colectivamente, genes que, con el tiempo se han vuelto más y más defectuosos, convirtiendo a los humanos en una raza defectuosa, malvada, mezquina por naturaleza. Tal vez pueda resultar demasiado difícil de entender para vosotros. Actuáis con el instinto de un predador que ha olido la sangre, demasiado atentos a vuestros propios deseos y ansias. Pero eso tiene una explicación. Vuestro código genético contiene patrones que simplemente os hace ser así. Partes de este fueron mutando y deteriorándose con el paso del tiempo, formando registros negativos de la personalidad, segmentos que conforman, en gran parte, vuestro carácter destructivo. Esos errores se subsanarán en el futuro. El código se manipulará para corregirlo, para hacernos mejores, no solo físicamente, también como personas. Nos hará más fuertes, pero también más bondadosos; más resistentes y más pacíficos; más longevos y más cuerdos. Será una nueva era, una en la que el ingenio se utilizará no para idear mejores maneras de matar, sino para curar enfermedades; no para destruir sino para crear; no para someter sino para liberar. El único “pero” es que tal vez iniciamos esa hermosa etapa un poco tarde para el planeta... El ser humano será entonces libre de sus prejuicios y temores, se sentirá mejor, se realizará como entidad, madurará como raza. Y esa es la oportunidad que os brindo. Espero que sepáis valorarla...

 La grabación continuaba pero ya sin el extraño. Desparecía de la imagen, sin dejar huella. Después de eso le buscaron sin encontrarle. Lo altos mandos temieron que hubiese burlado el perímetro y que hubiese podido escapar al exterior. Estuvieron durante dos días buscándole por todas partes y parecía como si la tierra se lo hubiese tragado. Esa misma tarde, dos días después de su desaparición, se reunió un gabinete de crisis, compuesto por el Mayor William Black, dos oficiales científicos de su equipo, un Comandante, un General y dos tipos trajeados que pertenecían a alguna rama secreta del Gobierno, tal vez de la CIA.

-         No necesito explicarles la gravedad de la situación- dijo el Mayor Black- Ese tipo consiguió eludir nuestro cordón de seguridad con pasmosa facilidad. Hizo que un equipo de siete personas cayera en un sueño profundo. Lo he visto un par de veces por el monitor y aún no puedo creérmelo; estábamos allí, el tipo nos hablaba y, de pronto, “fiuuu”, caímos fulminados por Morfeo...

-         Es un asunto serio. La seguridad nacional está envuelta.-  Continuó uno de los trajeados- Si en veinticuatro horas más no conseguimos dar con él usted será directamente responsable.



Fuente: https://twitter.com/fanchisanchez
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Autor: Francisco Sánchez
Enviado por fanchisanchez - 09/10/2012
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