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Pagaría por creer, por recobrar la fe que un día me inculcaron, pero ésta se fue sin dejar una mísera duda, se la llevaron los hombres que hacen de ella su herramienta material, los rezadores convencidos, los matadores de hombres, los incondicionales de las palabras huecas, los mentirosos compulsivos alienados con el por si acaso, o porque me da la gana, los de haz lo que yo digo, pero no lo que hago, los ególatras elegidos, los hipócritas indefinidos, los inconformistas neurónicos y sobre todo: la lógica aplastante de mi limitado cerebro físico-químico.
Por eso me siento mi Dios y mi Demonio, y aunque sé que es demasiada carga para un simple humano, acepto el precio impagable de la aventura de mi existencia y me congratulo al Despertar cada mañana y Sentirme testigo del ciclo de la vida, de ser un buen hijo y mejor padre, amar y sentirme querido, ayudar al prójimo, mirar el mar, disfrutar de las mareas, la sombra de los árboles, observar a las aves, escuchar sus trinos, disfrutar del paladar, ver el arco iris, el tacto de otra piel, escuchar al viento, la música, te quiero, los colores del ocaso, la esperanza de cada amanecer, disfrutar del silencio, asumir los ruidos, el frescor de agosto, el calor de enero, recibir la primavera, disfrutar el verano, abrazar al otoño, respirar el invierno, agradecer a la casualidad química la asombrosa posibilidad de haber vivido en este maravilloso planeta.
Retribuido, admirado, sobrecogido, emocionado y convencido de que he recibido el más hermoso e irrepetible premio jamás inventado y cuando mi ciclo termine, dejaré a los míos el camino marcado en la digna senda por donde siempre transité y aceptaré resignado volver a mi origen natural, donde descansaré tranquilo, mucho más allá de los silencios, pero mientras tanto, disfrutaré de la vida con avaricia medida, consciente de mi fragilidad, aspiraré cada bocanada de oxigeno como el mas selecto alimento para mis sentidos, compartiré mi flores, mi casa, y los privilegios conseguidos con perseverante tenacidad y si pudiera esquivar al olvido, me llevaría esa canción tan hermosa que siempre lleve con migo… se llama… Enseña a tus hijos.
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