El navegador que utiliza no soporta el javascript

Síguenos en

Siguenos en Facebook Siguenos en Twitter Síguenos en Google+


La soga (Macaco)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
compartir en facebook compartir en twitter compartir en tuenti compartir en tumblr compartir en meneame

La primera vez que supe de Manuel fue cuando me encontraba recogiendo mis cosas del pupitre donde acostumbraba sentarme, en la clase de inglés. La maestra se acercó y me dijo que tenía un estudiante, en la clase de Inglés intermedio, que le gustaría presentarme. Se refirió a él como una persona agradable, con un gran deseo por salir adelante pero con grandes dificultades para asimilar el lenguaje. Lo poco que sabía de él era que venía de un país sudamericano, quizás Perú o Ecuador, y que allá se había desempeñado como abogado, por muchos años. 

Paso muy poco tiempo para nuestro primer encuentro. Estábamos disfrutando de un receso y el se acercó a mi y me saludó afanosamente. Se mostró interesado en una iniciativa que yo había presentado sobre la creación de un grupo de discusión para inmigrantes en proceso de aprender inglés. Tuvimos una conversación muy intensa, mostrando entusiasmo y pasión por defender nuestras ideas. Manuel fue generoso al tratar de enriquecer mi propuesta al aportar ideas nuevas y por que no decirlo, enriquecer las previas. Ese día me sentí identificado con él de muchas maneras. Me es difícil decir que estábamos en este país bajo las mismas circunstancias pero, había puntos de coincidencia. Los dos éramos profesionales que habíamos dejado nuestro país sin conocer el lenguaje. La perspectiva era similar en cuanto a lograr salir adelante en la riesgosa misión de comenzar de nuevo e ir construyendo una nueva vida. Al terminar el receso, nos despedimos con la cordialidad requerida y esperando tener mas espacios para intercambiar ideas y, en lo posible, trabajar juntos para consolidar la propuesta. Pero como siempre pasa en una situación de cambios e incertidumbre, Manuel dejó la escuela porque aparentemente consiguió otro trabajo en un horario difícil y ya no tuvimos motivo de coincidencia. Algún tiempo después, al estar realizando algunas compras, lo encontré caminando con cierto apuro por el pasillo principal del supermercado. Al reconocerme, dejó lo que llevaba y se acercó presuroso a encontrarme como si ya me esperara. Logré apreciar en su cara un cambio de expresión que mostraba una necesidad enorme de decir lo que pensaba. En esa ocasión me tocó pasar por lo que alguna vez leí sobre el maestro Borges cuando tuvo un encuentro con otro celebre escritor quien se distinguía por un ufano uso de la palabra, esto es, ¨Me permitió intercalar algunos silencios entre sus palabras¨.  Me dijo que seguía con problemas para comunicarse en inglés pero que para lo que desempeñaba en su trabajo, realmente no importaba. De inmediato empezó a hablar sobre un  proyecto en el que estaba trabajando y desarrollando ideas.  Se trataba de una cooperativa para inmigrantes con el objetivo de que a mediano plazo pudieran conseguir créditos para comprar su propia casa. Después de escuchar atentamente sus ideas y, guardar en mi cartera mi intuición para evitar cuestionar su propuesta, lo felicité y lo alenté a seguir adelante con aquel enorme esfuerzo. Fue obvio que ávidamente buscaba mi aprobación y entendí que le bastaba con eso. Recuerdo que se despidió abruptamente después de que le confirmé que ya había comprado mi casa y pareció perder interés volviendo al estado previo, de apuro, en el que se encontraba. Debo decir que su conducta me pareció extraña y que el súbito cambio en los estados de ánimo me hizo sentir incómodo. Quizás por que esta vez me fue imposible lograr el mismo grado de entusiasmo y aunque seguía sin saber cualquier aspecto de su vida, era evidente que los dos seguíamos pasando por cambios que regían nuestras vidas. Hasta hace algunos meses lo volví a encontrar. Realmente él fue quien me sorprendió al acercarse inesperadamente.  Luego de preguntarme como me encontraba, no esperó por mi respuesta y se respondió a si mismo que muy bien, porque podía apreciar que me veía en buena forma y contento. Le pude decir que hasta ese momento las cosas habían ido bien y que gracias a Dios parecía haber encontrado el camino correcto. Fue entonces cuando se desmoronó y su alma rodó por el suelo. Me contó de su tristeza y del azaroso camino que le había tocado. La tremenda frustración de no poder asimilar el lenguaje y la consecuente falta de oportunidades. Decía estar al límite de la indigencia y que al haber perdido el respeto y apoyo de su familia se encontraba solo y sin encontrar salidas. Ya había considerado el regresar a su tierra pero, sin dinero y sin familia después de tantos años, y sin nadie que lo recibiera, ¿Que objetivo tendría regresar cargando sus derrotas? Traté de consolarlo y de compartir su pena, pero lo que dijo luego, superó cualquier anticipación que yo pudiera haber hecho sin reservas. Sin limitarse a insinuaciones, habló de su deseo de quitarse la vida y aseguró que ya había pensado en varias formas de hacerlo. Me dijo con profunda pena que se le ocurrió colgarse del cuello y que ya había conseguido la soga. Al no encontrar soluciones y sentirse tan deprimido pensaba que era lo mejor y que al menos así, todo terminaba.  Al cuestionarlo sobre donde buscar ayuda, agregó que su familia se aburrió de él y que nadie lo escuchaba, que además estuvo en tratamiento para la depresión pero lo abandonó porque no funcionaba.Debo decir que sentí su miedo, un miedo intenso de morir y la desesperación de alguien vacío de esperanza. Hablaba como si estuviera en duelo por su propia persona, aquella que llego del sur cargada de ilusiones y que con el tiempo fue desfalleciendo al desmoronarse sus sueños. Quisiera decirles que fui un héroe y asegurarles que le salve la vida, pero no puedo. Me gustaría contarles que lo lleve a atención medica, le ayude a recuperar a su familia y le devolví su vida. Sabía muy bien que necesitaba ayuda urgente y que en el mejor de los casos debería estar bajo medicación  y supervisión estrecha por un medico. ¿Que podía hacer por ese hombre en ese momento? Me acerqué a él y lo tome del hombro y le pedí que se tranquilizara. Le dije que lo primero que tenía que hacer era buscar ayuda medica para reiniciar su medicación, porque la depresión era una enfermedad y no podía estar a merced de ella. Fui firme al decir que bajo estas condiciones era incapaz de tomar una decisión y que cualquiera que tomara sería totalmente equivocada. También le dije que llamara inmediatamente a su familia, a sus hijos, para que le ayudaran. Que les dijera lo que me había dicho y que pidiera su ayuda. Dije que yo sabía lo difícil que era aceptar que había tocado fondo y mostrar las derrotas porque varias veces como él, me encontré mordiendo el polvo. Pero que también sabía que dentro de él se encontraba la misma persona que había llegado hace años, el error fue desaparecerla mientras se construía una nueva. Ninguna persona deja de ser quien es solo por vivir en otro país y tener que realizar cosas nuevas. El llego con los tesoros de la educación y la experiencia y con el franco deseo de aportarlo en estas tierras. Y era ese mismo hombre, sin ninguna duda. Era la enfermedad la que le provocaba esos pensamientos absurdos y le aseguré que con tratamiento, mejoraría y saldría adelante. Siendo sincero, puedo decirles que mis palabras hicieron algún efecto. Me dijo que en ese momento le llamaría a su hijo para que lo acompañara a ver al médico. Que aunque estaba trabajando, iba a pedir permiso para poder atenderse y poder curarse. Me dijo que agradecía mis palabras y consejos y se despidió con un abrazo y diciendo ¨ hasta luego ¨. Me quede parado al lado de mi coche, que una hora antes acomodé con calma en un cajón del estacionamiento del supermercado al que había acudido a comprar víveres. Permanecí con las llaves en la mano y mirando como se alejaba, hasta que mi hijo se acerco y me preguntó que me pasaba. Él y su hermana habían esperado pacientemente a que la conversación terminara. Lo mire y le dije que no era nada, que lo olvidara.  Desde entonces no he vuelto a saber de Manuel o de su suerte. Espero con toda el alma que haya recibido ayuda y tratamiento y le pido a Dios que lo guíe y lo proteja. Ademas he tenido un pensamiento recurrente que me inquieta. Y ese pensamiento es que no le quite la soga. La idea es tanto en sentido literal como en lo que representa. Pero ahora nada puedo hacer mas que esperar volverlo a encontrar y compartir con él ideas y sueños. Alguien pudiera pensar que se trata de remordimiento, pero puedo asegurar que no lo es porque conozco de fe y he compartido esperanza aunque muchas veces terminó en duelo. Prefiero ver este suceso como una oportunidad de volver a brindar ayuda. Que si alguien mas tiene en su casa una soga y pretende usarla, yo pueda ayudarle a sacársela de encima.   

Vota:
Resultado:
(1 votos: promedio 1 sobre 10)
Enviado por Martin2008 - 09/08/2011 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Regístrate en la web para poder comentar
0 Caracteres escritos / Restan 1000
Aburrimiento Mmmmm... Me callo. Confundido Sorprendido Sonrisa Guiño Risa Fiesta! Diablo Beso Lengua Inocente Mier..! Enfermo Enojo Triste Llanto 
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba


¿Cómo crear un Album Digital Hofmann?
Organiza las fotos de tus vacaciones, bodas y otros momentos especiales en un album Hoffman personalizado en sólo tres pasos:
- Descargar Hofmann gratis
- Pon el codigo registro hofmann 410767
- Crea el álbum en tu ordenador.
- Recíbelo en tu casa.

¡Ahora también calendarios personalizados!

Ya disponible la versión de Hoffman para Mac