El cliente de a pié es aquel que poquito a poco, en un establecimiento de hostelería determinado, se va haciendo habitual, día tras día, pidiendo siempre unos platos normales, pero es constante; sin embargo el buen cliente – siempre según criterio del empresario - tal vez irá solo una vez al año a ese establecimiento pero gasta una cuantiosa suma. Si empezamos a contabilizar lo que el de a pié con su constancia ha gastado en ese mismo periodo de tiempo veremos que la diferencia es notable a su favor, y sin embargo la mayoría de empresarios prefieren al buen cliente con su espléndida propina y sus platos caros, aún obteniendo de el la décima parte de lo que saca con el de a pié. Pero claro, como los adinerados tienen una privilegiada posición (son gentes relevantes a nivel político, social o económico) y eso viste mucho...
Los hosteleros deberían darse cuenta de que esos son los menos. Quienes realmente van a cubrir sus gastos anuales serán los de a pié. No se por que extraña razón no se les tiene demasiado en cuenta; o si se les tiene en cuenta es porque son amigos de los propietarios y entonces se admiten “casi” como buenos clientes (siempre que no sean eventos de compromiso). El cliente de menú, café con leche, vino o cervecilla, sin alardes sin cavas ni wiskises, no interesa demasiado. Cuando la empresa celebra un aniversario acostumbra a invitar a los buenos clientes, porque van a dar relumbrón al local o porque los dueños piensan que les van a deber un favor etc. A esos se les envía la invitación a casa, o se llama a su secretaria al despacho... A los de a pié no se les pasa invitación; ni siquiera se les avisa de que “mañana damos una fiesta”, y si, por casualidad, se enteran por terceros de que hay merendola o cenorro y aterrizan por allí, con un vinito van que chutan. Los propietarios están por los “buenos” clientes que en cuanto abran otro lugar de moda no van a volver más. Ahora imaginémonos que los de a pié se dan cuenta de estos detalles, y deciden dejar de ir a ese sitio. ¿Van a vivir de los “buenos”?...
En plan empresarial habría que romper con la costumbre feudal de la pleitesía(siempre conservando la educación, claro), que hace ya siglos de aquello y el tiempo ha hecho tabla rasa de los privilegios que en este incipiente XXI están de sobra. Quienes mantienen los establecimientos – y mas en tiempos de crisis - son los de a pié.
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