
Hoy he visto a través de uno de esos espacios televisivos que intentan sentar cátedra de buen periodismo – antes aún de haberla sentado de ecuanimidad – a los clásicos miembros del “espectro político”, mas en el sentido de fantasma que de abanico, pagados de si mismos opinando sobre lo divino y lo humano sin ninguna duda. ¡Sin nin-gu-na du-da!
La oronda macicez de uno de los contertulios ponía visos de certeza a sus palabras, enteramente convencido de que lo que decía, poco menos que debía escribirse a fuego para que las generaciones futuras tuviesen en sus palabras guía y directriz.
Y los demás, asintiendo unos y disintiendo levemente otros – apabullados por la verborrea gritona del mentado – interviniendo con pasividad ante el aluvión de desatinos que salían por boca del gordo personaje, al que no le dio un infarto de milagro.
El moderador y conductor del espacio ya no sabía donde meterse porque si contradecía abiertamente al chillón se hacía acreedor de las iras de “todos sus partidarios presentes en el plató” y si no decía nada quedaba como un “calzonzazos”. Menudo papelón.
Al final optó por darle la palabra a otro de los contertulios – mas moderado el – que le salvo por los pelos.

A ver cuando los teleespectadores se van a dar cuenta de que quienes intervienen en una tertulia, por mucho cargo político que ostenten, TAMBIEN pueden equivocarse. Que no es precisamente quien grita más el poseedor de la razón sino quien realmente la tiene. Que el político es un funcionario al servicio de la ciudadanía – y no a la inversa, ni de sus propios intereses – al que no debe atribuírsele la única posesión de la VERDAD, “por ser vos quien sois”, pues, en bastantes ocasiones, no saben de los temas que se tratan mas que otras personas que si son especialistas en la materia.
Nos han acostumbrado a creer juntando manos que quienes ostentan cargos públicos, por el simple hecho de que han aprendido – no todos – unas cuantas añagazas “del oficio” que aplican a su discurso, ya deben ser tomados en serio, como si fuesen los depositarios del “fuego de los dioses”. Y no es sí

Debemos aprender, de una vez por todas, a desmitificar ciertas profesiones porque quienes las ejercen no son mas que seres humanos con cargo, con todas las carencias y errores de cualquier otro ser humano.
Si ejercemos nuestro inalienable derecho a la sonrisa, la risa y la carcajada mas a menudo, nos aseguramos una salud mental a prueba de bomba y a salvo de bla bla blás, vengan de donde vengan.
Así que: ¡¿oído cocina?!...