
Que fácil es entrar en polémicas tontas cuando alguien se refiere a los espermatozoides ácratas que van pululando por ahí vestidos de Armani.
El término “espermatozoide ácrata” lo acuñó- que yo sepa- Pedro Ruiz, cuando aun era Pedrito, un periodista que se ganaba la vida batiéndose el cobre por esos escenarios y publicando de vez en cuando algún libro superventas después de haber “inventado” la moviola en un multitudinario espacio deportivo en televisión.
Una cosa es creerse ácrata o aparentarlo o pregonarlo y otra muy distinta serlo realmente.
Me refiero a que hay mucho fraude con patas entre los quiero y no puedo de la sociedad de consumo.
De la misma forma que en los 60 y 70 había mucho “hippy disfrazado” que luego demostraron ser mas carcas que sus padres y que hoy en día están al frente de máquinas de hacer dinero, los ácratas de pacotilla pretenden darnos el pego de sus verdaderas intenciones.
Eso del look es hoy una necesidad tan perentoria como el ducharse. Quien no cuide su aspecto ya puede ir olvidándose del reconocimiento social que le permitirá: un buen puesto de trabajo, una cuenta bancaria saneada, amores relativos y cambiantes, etc. Pero todo eso no le librará, por otra parte, de la extorsión y el engaño en todas sus variantes.
Quien piense que por haber conseguido una cierta posición social ya tiene la vida resuelta está muy equivocado; porque a medida que se van escalando posiciones en esa pirámide de la vanagloria aumentan en proporción directa los problemas.
El resultado es una pléyade de gentes con un aspecto excelente pero infelices. Con un poder adquisitivo nada despreciable pero que no disfrutan plenamente en sus relaciones. Con la capacidad de hacer y deshacer a su antojo que no pueden conseguir la alegría mas que pisoteando a los demás. Y así hasta el infinito... O sea, ¡de ácratas nada, monada!
La filosofía de la anarquía- o de los ácratas, que es lo mismo- no pasa por ningún patrón establecido sino mas bien todo lo contrario. Anarquía- o acracia- es el caos en el sentido más puro del término. ¡¿Que caos representa un impecable Massimo Dutti o un Dolce & Gabanna, uniformes oficiales de algunos/as ácratas muy bien pagados?! ¿O una cena en El Bulli, o un Jet privado, o un peinado de Llongueras?...
Su actitud es un insulto a la inteligencia de los demás. Por eso cuando alguno de los reyes del mangoneo, navegando en su yate suelta: “Yo, en el fondo, soy un ácrata al que le gusta la libertad” no podemos por menos que soltar una sonora carcajada ante sus narices.