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Desde la Universidad de San Miguel.
Algunos de mis buenos amigos me han comentado en estos días, que Dios es tan generoso que cuando da, lo hace a manos llenas; y la verdad es que no puedo menos que estar de acuerdo con ellos pues además de la satisfacción personal y de toda mi familia por la inauguración del nuevo plantel de la Universidad de San Miguel, a escasas horas de haber bendecido el nuevo edificio, mi hija Liliana nos dio a mi esposa y a mi, la enorme dicha de ser abuelos por segunda vez.
Este bebé, será bautizado con el nombre de sus dos abuelos, Jorge por mi parte, y Miguel en recuerdo de su abuelo paterno, que en Dios esté y que estoy seguro estaría disfrutando al igual que yo la dicha de ser abuelo de los hijos de su hijo menor, Alberto Francisco; aquel caballero andante que un día llegó hasta las puertas de mi hogar para pedir la mano de mi querida hija y que juntos hoy disfrutan el ser padres de dos hermosos varoncitos.
¿Y cual ha sido la reacción de David Alberto que recién ha cumplido un año de edad y ya disfruta la enorme satisfacción de tener un hermanito?, pues saben que, ha tenido una reacción y actitud de felicidad, pues al darse cuenta de su presencia, lo abrazó y empezó a acariciarlo con sus manitas como diciéndole: ¡Hola hermanito, que bueno que naciste…! Cosas insospechadas de la vida.
Yo por mi parte, apenas estoy aprendiendo a ser abuelo con las gracias de David Alberto, que ya empieza a caminar por toda la casa y a balbucear palabras que adivino como: ¡Abuelo, te quiero mucho! entre otras y que me hacen bendecir cada día la dicha de ser abuelo, y tengo que decirlo, a esta felicidad se suma Jorge Miguel, hermoso varoncito que a decir verdad, es un bebé tranquilo y calmado, que en nada se parece a la inquietud de su hermanito mayor, pero como bien sabemos, cada hijo es diferente y cada nieto, pues ni se diga, ¿no creen?
Hace poco leí que “…la familia es unidad de amor y fuerza de vida y que el papel que en ella juegan es de vital importancia, pues de alguna manera, son algo así como la fuerza que transmiten toda la herencia familiar social hacia cada una de las ramas de su árbol genealógico, pues en ellos se concentra la experiencia de la vida y que le son trasmitidas a los nietos a través de narraciones, cuentos, costumbres y enseñanzas que de alguna manera dan solidez a las familias.”
En efecto, el rol de abuelo es muy importante en la vida familiar, pues la familia crece, se desarrolla y continúa una cadena interminable de eslabones que si sabemos cuidar nos dan estabilidad, vida e historia. Los abuelos son el eslabón más preciado para saber nuestro origen.
Tenemos que aprender a ser abuelos, sobre todo abuelos amorosos, llenos de ternura y de calor para los nietos que nos miran con un inmenso amor y ternura, como si adivinaran que en la rueda de la vida nosotros estamos en el ocaso, mientras que ellos empiezan a disfrutar sus amaneceres.
Quienes tuvimos la dicha de tener a nuestros abuelos, sabemos que debemos llenarnos de paciencia cuando sin quererlo se equivocan, y no debemos exigirles más de lo que nos pueden dar, pues los años se han encargado de minar sus fuerzas y de hacer que disminuyan sus reflejos, sin embargo, conservan la lucidez de los primeros años la que aunada a su experiencia de vida, Dios les da la sabiduría de la vida.
Una recomendación para los nietos, ¡Amen mucho a sus abuelos!, ellos esperan su atención y cuidados con inteligente paciencia. Son humildes criaturas del Señor que aún los conserva con vida dentro de las familias, pues están llenos de paz. Si no fíjense en la maravillosa armonía que se respira cuando caminan por el jardín, dentro de la casa o rezan un rosario!
Miren pues, aquí me tienen, sin querer dándoles consejo a mis queridos nietecitos, como si ya tuviesen al menos quince años de edad para y pudiesen comprender mejor mis palabras. Por favor, no me lo tomen a mal, pues ello refleja tan solo la enorme dicha que siento de ser abuelo. ¡David Alberto y Jorge Miguel, los quiero y los amo con todo mi corazón!
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