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Virutas de Humo (Juan Zamora Talló)

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De la Vida en Tres Párrafos

El aroma penetrante y seco de la madera y de los barnices inundó sus castigados pulmones. Encendió un pitillo en la semioscuridad del taller. La llama del mechero se reflejó danzarina en sus glaucos ojos, iluminando unas uñas amarillentas de muchos años de tabaco sin filtro. Dio una calada que le llegó al tuétano y activó el diferencial tras unas cuantas toses bronquíticas y espasmódicas que le oprimieron el pecho. Se encendieron los zumbadores fluorescentes y comenzó a girar lentamente el viejo ventilador del techo. De la radio empezó a fluir como un hilillo invisible una suave y protocolaria música de género clásico. Todo estaba como lo había dejado ayer. Ya sentía la llamada de los tablones con los que estaba trabajando, requiriendo su destreza artesanal. Se acercó al banco principal de trabajo arrastrando los pies, abriendo caminos de virutas esparcidas por el suelo. Deslizó sus manos sobre la delicada y brillante superficie barnizada -hasta con seis capas- con el mismo cariño con que solía acariciar su viejo gato. Sabía que había alcanzado la perfección y advirtió, dando una calada, la mezcla de gozo y felicidad que le proporcionaba el saber que pese a sus años seguía dominando su arte con absoluta maestría.

Pasó parte de la mañana acompañado por Vivaldi, ensamblando la noble madera, concentrado en hacer desaparecer las juntas con la técnica que heredó de su padre, y éste del abuelo Eduardo. Iba a encender otro pitillo cuando un leve mareo le provocó una líquida náusea. Buscó con la mirada contrariada los tarros de barniz y disolventes para comprobar que estaban todos cerrados y no emanaban vapores nocivos. Encendió su cigarrillo y sonrió cuando se dio cuenta de que el humo del tabaco también producía rizos en el aire, como volutas de madera etéreas… Sin darle más importancia continuó su esmerada labor sin dejar de controlar de reojo el redondo y polvoriento gran reloj que como rey absoluto dominaba desde las alturas todo el sombrío taller. Aún le quedaban cuatro horas antes de la entrega del encargo.

Serían las siete y media de la tarde y aún seguía absorto en colocar los dorados herrajes y el forrado interior. Realmente el encargo extremadamente urgente había progresado durante el día gracias a dos paquetes de tabaco, ahora convertidos en apestosas colillas amontonadas y rebosantes en el roñoso cenicero de la mesita, junto al teléfono. Encendió el último cigarrillo de la cajetilla y sonaron tres golpes secos en la puerta del taller. Volvió a mirar el reloj y se dio cuenta que justo había acabado el trabajo. Cansado pero satisfecho abrió envuelto por virutas de humo la puerta de la calle.
Una figura de fantasmagórico aspecto le espetó:
- ¿Tiene acabado el trabajo que le encargué?
- No lo dude señor, soy el mejor… Nunca me habían encargado un 'mueble' tan extraño y especial, ¿quién será el propietario del ataúd?
La macilenta figura de sardónica sonrisa elevó la mirada de ojos huecos y poniéndole ambas manos en los hombros respondió al ebanista antes de que cayera fulminado:
-El ataúd es para ti…
Mientras, Mozart iba envolviendo pesadamente la estancia con su solemne Réquiem.

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Enviado por Juan_Medit01 - 04/03/2008 ir arriba
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7) Como siempre, muy bueno
carmen16
Hola Juan, hace bastante que no entraba por aquí. Pero ahora lo he hecho y he podido leer tu relato, y como siempre, no me queda otra que felicitarte, y darte todos mis ánimos para que sigas escribiendo así de bien.
Un abrazo muy fuerte.
Carmen, desde Mallorca.
 0   0   carmen16 - [14/03/2008 23:18:56] - ip registrada
6) Gracias
Juan_Medit01
Gracias por vuestros amables comentarios. Saludos a todos los webalieros.
 0   0   Juan_Medit01 - [11/03/2008 10:20:53] - ip registrada
5) que pena
eeel83
que pena que todo lo que relatas sea verdad, que lleve el peso de la razon y que el tiempo sea el juez...
si tubiera un 11 te lo daba, pero tendras que conformarte con un 10
Un saludo
 0   0   eeel83 - [04/03/2008 18:30:48] - ip registrada
4) Juan
enric
Me ha gustado mucho tu relato, es una lástima que muchos de nosotros construyamos nuestro ataud antes de hora, por culpa de nuestros vicios o de nuestra insconcencia.
 0   0   enric - [04/03/2008 13:06:44] - ip registrada
3) Juan
iris60
Me gusta tu modo de escribir y en tan sólo tres párrafos creas historias y fragmentos de vida. En tres párrafos describes personajes y ya nos parece que los conociéramos en su globalidad y de toda la vida.
El ebanista con tanto esmero construye obras de arte y su obra final es su ataud...si hubiese tenido más esmero también para cuidarse a sí mismo...esa tos...ese humo que poco a poco lo envenena...
Muy bueno Juan.
Un abrazo,
Iris.
 0   0   iris60 - [04/03/2008 12:43:54] - ip registrada
2) Juan...
ana75
... al leer este relato me ha venido a la cabeza el de 'El callejón', en el que también me dejaste con ganas de leer más y asombrada con el final

Felicidades una vez más por conseguir que mi cabeza pare atención a lo que mis ojos leen.

El relato me ha hecho pensar que en realidad todos construimos nuestro ataúd. Es nuestro hacer el que construye lo único que quedará cuando nos marchemos.
No será igual el recuerdo que dejaremos si construimos nuestro ataúd con esmero y devoción, al que quedará si lo construimos con desinterés y descuido

Un saludo
 0   0   ana75 - [04/03/2008 01:23:32] - ip registrada
1) Me ha parecido muy bueno.
Manchego-1

En este caso, hacia la mitad del relato había adivinado el final. No obstante no le quita mérito en absoluto a la calidad del relato.

Por otra parte, me ha parecido un guiño curioso la semejanza del relato con la película Amadeus, sobre la vida de W.A. Mozart, cuando le encargan la composición del Réquiem, que curiosamente es la música del final de tu relato. Tienes mi 10.
--------------

 0   0   Manchego-1 - [04/03/2008 00:56:45] - ip registrada
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