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Hacía calor, le dolía la cabeza y hacía rato que no escuchaba el parloteo de su hermana, que cada vez se hacía más irritante. Algo sobre dejarle ropa para ir a algún sitio.
- ¿Me escuchas?
- Síií - dijo como si la duda le ofendiese, y siguió con sus pensamientos.
Tenía que trabajar aquella tarde, una de las más calurosas del año según todas las teles, vestida con ropa negra, aún no se había arreglado el pelo, ni había planchado la ropa, ni había dormido. Al día siguiente había quedado para ir a la filmoteca. Una quedada a través de Internet, con gente que no tenía ni idea de cómo era. Empezó a encontrarse mal. ¿Cómo había llegado su vida a ese extremo de absurdidad? Evitó la respuesta. Sólo la pondría de más mala leche. Haciendo un esfuerzo, volvió a escuchar a su hermana.
- … te podrías venir. Nos lo pasaremos bien.
- ¿Qué?
- Sí, con Sandra y conmigo. Alo mejor ligas, y se te alegra un poco el carácter.
Se le escapó la risa.
- Te recuerdo que tengo este carácter por culpa de la última vez que ligué.
Su hermana meneó la cabeza.
- Deberías superarlo, ya hace mucho tiempo…
- Estoy en ello- dijo calculando el grado justo de desinterés que debía tener su voz para que pareciese verdad.
- Sí, claro. Y dime, ¿cómo va tu retorcido y maquiavélico plan?
- ¿Cómo?
- Sí, seguro que tienes alguno.
Le molestó mucho el comentario. ¿Tan evidente era?
- ¿Qué plan?
- Claro bonita, ahora me dirás que no has tramado algo diabólicamente enrevesado, lo que aún no sé es si lo haces para vengarte o para recuperarle. Aunque, entre tú y yo, no entiendo porqué él. Teniendo en cuenta lo que te mereces y lo que puedes conseguir, es como contentarse con una camiseta de Zara cuando tienes dinero para comprar en Armani.
- No deberías dar consejos… ¿ya te has olvidado que tu ex era de mercadillo?
- Eres una mala pécora…
- Que no se mete en los asuntos de los demás. ¿Acabas? Tengo prisa.
Con cara de enfado, su hermana aceleró la velocidad con la que comprobaba su armario. Cuando por fin se fue, ella seguía con dolor de cabeza, estaba enfadada y se había quedado sin su mejor camisa y las dos camisetas que más a gusto llevaba.
- ¡Pues qué bien!
Se tumbó en el sofá, cerró los ojos y decidió esperar a que su jefe la llamase para decirle que estaba despedida por llegar tarde otra vez, pero su plan se vio interrumpido por el ruido de la llave en la cerradura.
-¡Ana!- oyó a su madre.
A partir de ahí fue un torbellino. La mandó a la ducha, le planchó la ropa, le hizo comida, comprobó que se la comía, le preparó café, le revisó en el bolso que llevase las llaves y el móvil, le dijo que cuando acabase de trabajar llamase a su hermana para ver dónde estaba y fuese con ella, le dio un beso, le dijo que se diese prisa que iba a llegar tarde y que llamase más, y desapareció.
- ¿Cómo lo hace?- se preguntó Ana, aún con algo de mareo por la vertiginosa visita de su madre.
En el trabajo le fue casi tan mal como en casa y el jefe de cocina la puso a hacer ensaladas.
- Con el día que llevas hoy no te quiero cerca de un fuego. Estás muy descentrada últimamente. Prepara ensaladas hasta las doce y vete a casa. Y mañana tómate el día.
- Mañana es sábado- le recordó Ana.
- Ya nos apañaremos. Aquí no hay término medio, o eres útil o eres un estorbo, y tú no estás siendo útil.
- Lo que tú digas.
A la una y media intentaba encontrar el sitio donde había quedado con su hermana. La vio a lo lejos, haciéndole señales y se acercó.
- Qué bien que hayas venido. Oye, qué guapa, menos mal que ya hemos ligado, si no lo íbamos a tener muy crudo.
- Anda ya…
- Te cuento, para que no te pille en bragas. Hemos conocido dos tíos muy majos, y yo pensaba que cuando les dijese que venías, se acabó el rollo, pero han llamado a otro amigo y…
- ¿Cómo sabías que vendría?
- Me llamó mamá.
- Ah.
- El tuyo no está mal. A lo mejor hasta te gusta. Y por favor, Ana, te lo pido por favor, intenta ser agradable, ni ironía ni sarcasmo ¿Lo intentarás?
- Haré un esfuerzo.
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