Dios, las estrellas y un recuerdo.
Son solo tres cosas muy simples, pero para el ser humano que camina en soledad son mas que suficientes.
Dios para alentar una esperanza, que es como dicen algunos, lo último que se pierde. No se puede vivir sin esperanza. Está en los sueños de los poderosos que tienen autoridad y en el más humilde de los mendigos que transitan las vías del tren que va para Cañuelas. Está en el sueño de los jóvenes y de los viejos, en el hombre de la ciudad y en los sentimientos indescriptibles de un aborigen de una tribu africana. La esperanza es la rueda que hace girar la vida misma.
¿Y las estrellas?. Las estrellas para contarlas en las noches luminosas de verano o en las frias madrugadas de los inviernos del sur del planeta. Las estrellas transmiten un misterio que viene de la eternidad. Contarlas es un mito...¿quien puede realmente hacerlo sin equivocarse?. Estas estrellas tienen el bellos enigma de miradas que a través de siglos se fijaron en ellas. Estas estrellas suelen acompañarme a todas partes y donde las miro, se que alguien estará observandolas y se une universañlmente conmigo. Estas estrellas son mías y nadie puede sacarmelas.
El recuerdo es también compañia y arranca la sonrisa solitaria del presidiario o del opulento jeque árabe.
El recuerdo se me hace miel cuando dibuja en mi mente la dulce mirada de ella y la sonrisa inocente de mis hijos. El recuerdo me hace compañia para siempre y se nutre de mi nostalgia.
¿qué cosa puede herir mi paz? Tengo tres cosas nada mas y con ellas soy el ser mas rico en mi humilde soledad.
Dios, las estrellas y un recuerdo ¿alguien necesita algo más?
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