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Veamos que os parece mi texto, espero que lo disfruteis
-¿Vives?-
Tonos rojizos y granates iluminaban la que era, a la luz del día, verde colina. La luz del ocaso recortaba sobre el cielo oscuro dos figuras, la una de un hombre ya cansado por el paso de los años, la otra de un joven de edad temprana.
El joven, extrañado por la pregunta del acompañante, palpose.
-S... sí- respondió dudoso –Sí. ¿Qué clase de pregunta es esa?-
-Ayer oí como decías a Nora que te morías por verla- El viejo sonreía y la agradable luz grana le iluminaba el rostro, creando una imagen de extraña belleza.
-Ah, pero...-
-No mentías.- Dijo sin dejarle acabar la frase.- No mentías, ni miente aquel que dice que el amor no correspondido le mata.-
El joven parecía no entender en absoluto lo que le decía.
Al darse cuenta, el anciano sonrió y continuó:
-No, no mienten, pues es cierto que mueren. Quizás no físicamente, pero no es esa la muerte que importa, o por lo menos no a la que yo me refiero. Yo hablo de otra muerte, la muerte de espíritu, la muerte de alma. La muerte del corazón. A esa vida, y muerte, me refiero.-
La expresión del joven empezaba a cambiar, de desconocimiento e incomprensión a interés y entendimiento, pues comenzaba a darse cuenta del significado de las palabras que oía.
-Y así como hay quien muere en vida, hay también quien vive estando muerto. Hay quien vive estando muerto pues su memoria perdura y su nombre es recordado por aquellos por los que fue amado.- Sonrió, dando fin a su explicación.
-Así pues...- Parecía el joven haber entendido cuanto había oído, y entonces fue cuando le surgió la duda -...Aquel que miente, que no ama, aquel que es avaro y tan solo piensa en si mismo, aquel que desprecia cuanto no posee y no respeta la propiedad ajena, aquel que no siente o parece no sentir, aquel que no ve mas allá de sus narices... ¿Está vivo? ¿Está muerto?
El viejo se limitó a sonreír y sin decir una palabra marchó, bajando por la pendiente. La vaga silueta del anciano empezó a difuminarse, junto al reflejo del Sol de sangre. Caía la noche...
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