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Paraiso roto (Carmen Díez Torio,) |
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Andrea regresaba del hospital sin más equipaje que una bata de rebajas y el miedo en su bolsa. Caminaba despacio por las angostas calles de su barrio, arrastrando sus treinta y cinco años junto a su desaliento por los adoquines, mientras oía el incesante cuchicheo de sus vecinos. Hubiera querido huir de ese paisaje de balcones con aroma de geranios, de las plazoletas llenas de risas y fuentes, pero su maldito destino era aquel barrio húmedo de León y aquella casa de piedra ennegrecida.
Empujó la puerta de la entrada fría y oscura. Subió las escaleras y sin prisas introdujo la llave en la cerradura. Un apestoso olor de alcohol y suciedad emanaba del pasillo. Su cuerpo roto y magullado sintió ganas de vomitar. La voz de su marido rugió desde el cuarto de estar:
_Ya estás aquí por fin, zorra. Entra de una vez, puta, y a ver si limpias esta pocilga.
Entró como una sombra y calló como había hecho durante catorce años, sin embargo, su corazón estaba cansado de callar. En silencio, sin apenas hacer ruido, fue hasta el dormitorio. Un rostro desfigurado, repleto de hematomas, la miraba desde el espejo.
_Me traes la botella de vino de una vez ¿o es que no vales ni para eso, gran zorra?
_Ahora mismo voy.
Fue hasta la cocina. El calor de agosto hacía más insoportable la mezcla de basura, platos sucios y alcohol. Abrió la ventana. Las ramas del viejo rosal granate acariciaron su rostro desde el patio. Cogió la botella de vino y se dirigió hasta el pequeño y desordenado cuarto de estar donde se hallaba Carlos tumbado en el sofá.
_Toma, aquí tienes, Carlos, la botella de vino y el vaso. ¿Está bien así?
_Sí, así me gusta. Y ahora a lo tuyo, a limpiar esta pocilga que es para lo único que vales.
Andrea ordenó las escasas habitaciones de su hogar y mientras limpiaba el polvo miró la foto de su boda, su extremada juventud, su inocente sonrisa, su mirada enamorada contemplando a Carlos. La cogió con rabia y la guardó en el cajón. ¿Cuánto había durado el paraíso que Carlos le prometió el día de su boda? Apenas nada. Unos meses le bastaron para encontrar la excusa perfecta para hacerla su victima. Entonces Andrea maquilló lo mejor que pudo su golpes, para que los ojos que la observaban desde los balcones detrás de los geranios no supieran de su fracaso. Así fue vistiendo su miedo con pintura cada día.
Cuando la vida germinó en su vientre tuvo la esperanza de que la ternura se instalaría por fin en el corazón de Carlos, pero se equivocó. Cuando su niña lloraba, cuando su niña corría, cuando su niña gritaba, Carlos encontraba siempre motivos para descargar su furia en Andrea, golpeándola cada día más. Mientras tanto, Yolanda crecía asustada, pegada a ella como una sombra. Derrotada y vencida, Andrea intentó huir con su hija, pero aquel día fue el peor de todos. Carlos se ensañó con ella de una manera aún más brutal.
_Golpeó con sus manos y sus pies su frágil cuerpo y la dejó reducida a unos maltrechos huesos que apenas pudieron llegar al teléfono para pedir ayuda. Una ambulancia la traslado al hospital, mientras Carlos a su lado selló su boca con continuas amenazas. A pesar de que los médicos intentaron ayudarla, ella calló y mintió por miedo.
Había transcurrido una semana desde que Andrea regresó del hospital. Los días no habían sido muy diferentes unos de otros: borracheras, insultos, sufrimiento, pero al menos Yolanda se hallaba lejos de ese calvario y para ella era más fácil. Se acercó al teléfono y marcó el número de su niña:
_Yolanda, mi vida, ¿qué tal estás?
_Mamá, mamá, quiero ir contigo.
Carlos entró de pronto.
_Ya estás hablando por teléfono, sólo sirves para gastar dinero, cuelga.
_Es Yolanda.
_Ya veras que pronto voy a por esa mocosa y se acabó gastar dinero inútil.
__Quiero hablar con mi hija:
_Hija de puta, ¿eres retrasada?, te he dicho que cuelgues de una puta vez.
Carlos estampó con fuerza su mano contra la cara de Andrea. El teléfono cayó al suelo.
_Mamá, mamá ¿qué pasa?
Cogió como pudo el auricular.
_Cariño, estate tranquila, todo va bien. Te quiero mucho mi vida.
Colgó. Él volvió a empujarla y su menudo cuerpo rodó por la cama.
- Me pone cachondo ver tu mirada asustada. Sus manos arrancaron su falda y su blusa. Manoseo su cuerpo, sus pechos, sus muslos, y con la lujuria pintada en sus ojos, lastimó sus huesos doloridos y su corazón. Cuando acabó dijo:
_Haz la cena que tengo hambre.
_Carlos, por favor, deja a la niña en paz, deja que ella sea feliz.
_Quieres librarte de mí, pues no podrás ni tú, ni ella. Cuando venga va a saber lo que es bueno, quien manda aquí. Andrea supo en ese instante que había llegado el momento.
Se levantó temprano y contempló el amanecer. El sol se dibujaba en el cielo como una gran mancha carmesí; sin embargo, a Andrea le pareció más hermoso que nunca. El calor era sofocante a esas horas, pero se metió en la cocina y encendió los fogones. Esa comida iba a ser el mejor regalo de aniversario para Carlos. La crema de tomate con pimienta hervía en la cazuela. En el horno se asaba el cordero impregnado de ajo y perejil. Todo era perfecto.
Puso la mesa con su mejor mantel, una flor de plástico y esa vajilla que el maldito día de su boda le regalaron. Se vistió con su mejor traje y espero a Carlos. El abrió la puerta y gritó:
_Pero ¿qué coño pasa aquí?
_¿No recuerdas que día es hoy? Es veinte de agosto . Hoy hace quince años que nos casamos.
_¿Y qué pasa? No creo yo que sea para tanta fiesta.
_Siéntate, Carlos. He preparado una comida muy especial para ti.
Fue sirviendo la sopa. Más tarde llevó el cordero. Lo partió con un afilado cuchillo y le ofreció un gran trozo. Carlos cogió con sus manos la carne, mientras su boca no se saciaba de vino.
_¿Tu no comes?
-No, no tengo mucha hambre.
-Deberías hacerlo. Hoy te has esmerado de verdad. ¡Ves como la letra con sangre mejor entra! Ya es hora de que te des cuenta de que es mejor que no te apartes de mi lado si quieres seguir viva.
-Si, Carlos tienes razón.
_Le llenó la copa de vino tinto y miró el rostro de su marido que, poco a poco, se iba demacrando. De pronto él se desplomó, su mirada vacía la observaba desde el infierno, su boca se quedó súbitamente sin insultos, sus grandes manos descolgadas en el silencio. Ella le contempló y sin el más mínimo resquicio de lástima recogió la mesa. Horas después, las noticias informaban de un cadáver hallado en extrañas circunstancias en el barrio húmedo de León.
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Enviado por luna13 - 29/12/2009 |
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10) HABLA LA VOZ..DE LA EXPERIENCIA-POR DESGRACIA.
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¿LO INTENAMOS?
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Lo intetamos...una y otra vez:
Intentamos...cerar los ojos,
por no ver los obtáculos.
Dar la espalda a lo evidente,
y...seguir sin querer aceptar...
Ni renunciar...a lo absurdo.
Intentamos...pasar de largo,
ignorando lo palpable:
dando la vuelta al rodeo,
con falsas escusas, o miedos encubiertos.
Hacemos qué ese rodeo tenga murallas más altas y opacas: con las que cubrirmos como en guetos, lo que nos asusta, o...nos averguenza.
Lo intetamos...Una y otra vez: y seguimos "muriendo" sin romper una lanza, en nuestra marcha, monótona y despiadada.
Y yo me pregunto: ¿Lo intetamos de verdad?...
Mi respuesta sigue siendo...
NO- SO-LO-H-A-Y-QUÉ-I-N-T-E-N-T-A-R-L-O.HAY-QUÉ-QUERER - HA-CE-R-LO-
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¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS/AS!!!!
...empieza la conferencia del médico forense autor de un magnífico libro: "MI MARIDO ME PEGA LO JUSTO"
..Dr. D. Miguel Lorente Acosta, Médico Forense
En definitiva, se va produciendo lo que los puristas llaman cosificación de la mujer ¿Por qué? Porque se convierte en un objeto propiedad del hombre, más que en una compañera. Él dispone de ella cuando quiere y como quiere, y de semejante uso surge, acompañando a la agresión mortal, la terrorífica expresión que dice: «tú eres mía o de nadie». Esa deformación de la realidad acaba contagiando a la propia víctima, que cree ser posesión de su compañero. Así, está claro, difícilmente se detendrá la violencia, que en el mejor de los casos se convertirá en una presión psicológica tan insoportable como una paliza.
..La encontraréis en la red...
¡Y a ver si introyectamos el problema, PORQUE ES DE TODOS...!
Saludos
NENETL
.....
Cuando yo hacía uno de estos Cursos, visitamos Centros de Acogida de mujeres con este problema...Muchas...Demasiadas para estar viviendo en una sociedad que se dice culta y preparada
Lo he contado varias veces, indignada..."A una de ellas le sonó el móvil. La cara de susto era patética.., le temblaban las manos y SE HIZO PIS ENCIMA..."
ESO..., HAY QUE DENUNCIARLO.
aunque esos animales NO SON RECUPERABLES, hay que luchar contra estos actos vergonzantes, y quien mejor que los escritores con facilidad de pluma...
No me valen esas excusas pueriles de "ha tenido una infancia difícil"...Lo que han tenido la mayoria de ellos son padres sin ninguna autoridad, que - por comodidad- quieren que la sociedad les resuelva el problema...Y. en la mayoría de los casos, ELLOS SON TAMBIÉN MALTRATADORES...Te lo digo con conocimiento de causa...
Adelante, Carmen ...
Es bueno siempre contar con escritores como tú.
Saludos afectuosos
NENETL
Cualquiera que haya hecho Cursos para detectar el maltrato en estas pobres mujeres, se da cuenta de que lo que has descrito- con buena literatura- es la realidad misma...
Esos "hombres" ( y lo entrecomillo porque no merecen tan digno nombre de "persona")son unos perfectos animales.
Empiezan por el maltrato psicológico..., atornillan la tuerca de ese maltrato hasta darse cuenta de que esa pobre mujer está aterrorizada..., ¡y después empieza el maltrato físico...!
Lo has descrito muy bien y con mucho realismo...Si no fuera por escritores/as valientes como tú..., por periodistas que, enterados del tema no lo dejan pasar, esto moriría en el olvido...esto forma parte de la literatura de compromiso; que dio su fruto como Literatura -Denuncia en libros tan grandiosos como "La cabaña del Tío Tom"
¿Cuántas víctimas llevamos en este 2009 que termina?
Y no me vale el que la mayoría de mujeres asesinadas haya sido -en España- de sudamericanas y por sudamericanos, DA IGUAL, son mujeres ..
5) Los escritores NO ESTÁN para denunciar, Luna.
ALGUNOS lo hacen. Otros, simplemente EMOCIONAN. Que no es poco...
Soy la autora de este relato y siento que te hayas sentido humillado, pero creo que te has equivocado al sacar el mensaje de este texto pues no digo que la mayoria sea así,sino que por desgracia y en los medios de comunicación lo vemos a diario hay demasiadas victimas cuando no debería haber ninguna.Yo he visto muchos caso porque he trabajado contra la violencia de genero tanto femenino como masculino. Perdón si te he ofendido, pero los escritores estamos para denunciar.
Nunca será éste un mundo justo hasta que no veamos una mujer a la cabeza de la iglesia (la católica apostólica y romana, quiero decir), o una mujer reina de mi país.
O una mujer presidenta de los E.E.U.U, aunque esto último, a parte de ser más importante, es más factible, pues lo otro por ley está vetado.
Si fuera mujer, sería de las cosas que realmente me indignaría (ya lo hacen siendo hombre)
2) Pues lo siento, iris, pero no me parece justo
Como hombre me siento humillado por este relato.
Aunque no sea políticamente correcto he de decirlo, no creo que ésto sea así ni que nunca haya sido así.
No digo que nunca haya habido casos, pero dudo que en la generalidad un hombre haya tratado así a su mujer, ni hoy ni en el pasado más lejamo
Extrapolar situaciones es muy fácil.
Y así no se acaba con el problema.
Buen relato-denuncia para reflexionar.
Situaciones alucinantes como la de Andrea se repiten a menudo.
Nadie ve la angustia, el miedo y el desconcierto en los ojos de las víctimas porque ellas maquillan sus heridas y esconden sus miedos...
Hay muchos paraísos rotos.
Gracias por compartirlo.
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