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Los maridos de Amalia Nouche Duval (Peregrina) |
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Os contaré la historia amorosa de una mujer sin igual, Amalia Nouche Duval. Una dama, sin dudas, muy especial…
…Se define como una mujer del futuro pues… ella no es la mujercita que va por ahí sin más olvidando que su marido la ha herido allí atrás. De momento no hace nada pero pronto llegará, el alba la acompañará, sólo le falta un lugar. La casa o el jardín, la playa o la montaña, es igual, con mis pistolas sea aquí o allá, todo cambia.
…Ya le veo allí en el suelo, diciéndome: "cuanto te quiero". Dispararé igualito, ya no se merece nada, si yo para él fui su santa, él para mí fue Satanás. De joven se definía como la mujer que tenía los ojos como dos balas… Esa chica, allá por donde pasa, lleva municiones y la pistola oculta, pues en este mundo hay que tener cuidado e ir armado. Nadie sospecha de ella, su cara dulce sólo la delataba cuando se sentía amenazada. Muchos la conocen por haber matado a varios señores en unos minutos, con una mirada, "son ojos que matan". Ya no se le acercan por miedo a ser víctimas de sus armas, por error, por desgracia o por merecerlo, por pensar en ella, en sus ojos verdes, su rubia melena y su cuerpo de Miss. Sus ojos son balas, pero no lo serán junto al hombre que ame, que no le haga daño, aquel que decida ser el amigo de su alma. Sólo en esos momentos estará desarmada. Siendo aún joven, le gustaban los hombres mayores: …Cuando estoy desprotegida, me gustan los hombres viejos, pues pienso pueden cuidarme. Siento que les hago felices al abrazarme. Vienen cargados de penas y yo soy su buen consuelo, una mirada, una caricia, y la vida vuelve a ellos, y a mí no me cuesta nada porque me gusta esa entrega y no siento... que sea pecado. Y si no nos hacemos daño, que importancia tendrán los años. Los años: "no valen nada".
Mientras tanto, sintiéndose pecadora, se preguntaba a menudo… ¿qué es el alma?... …¿Qué es el alma, si en mi cuerpo hay tantas, ¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, odio o venganza?, ¿quién soy yo si soy mitad buena y mitad mala? ¿qué debo ser diablo o santa?. Debo unificar mis acciones y ser sólo un ser, pero son tantas almas que no sé si valdrá la pena ser buenos o malos.Un día moriré y puede que ellas viajen juntas al paraíso, puede también que se dispersen en otros cuerpos diversos pues he sido una mujer que utilizó armas. Entonces ya no seré yo sino muchos otros y de nuevo puede que me vuelva a preguntar "¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, odio o venganza?".
Tiene dudas de cual será su destino final después de la muerte, pues sus recuerdos se resumen en… …La primera vez que me casé tenía veinte años, y… un día decidí dormir sola… Y es que Amalia no quería a su marido, Gabriel, porque le había mentido, por eso ha decidido ya ni siquiera decírselo. Ha cogido su pistola, no pasó ni media hora, ha entrado en el ascensor, ya está llegando la hora, la reciben en despacho, un hombre muy alto y guapo, ella le ofrece sus besos, él la ama demasiado, pero de él se ha cansado, además le vieron borracho y él decía que era falso. No tenía que haber mentido a su primorosa esposa, pues con eso la ha obligado a desear estar sola. Como iba a dormir con un hombre tan borracho, que importa que fuera jefe y tuviera un gran despacho. Después de comerla a besos, su marido se volteó, ella sacó la pistola, y sin dudarlo disparó. Para ella, los que la engañan, no tendrán perdón de Dios, y esa noche durmió sola, fruto de su incomprensión. Así se dibuja el amor, que no haya más preguntas, mejor cortar por la sano que vivir con nuevas dudas.
Dijo adiós a su angelito, no fuera tan mal marido, pero le había mentido y ella no se lo ha creído. -No te preocupes mi hombre, no dejará cicatriz. Con el segundo, Alejandro, pasó algo similar pues, aunque pasaran cinco años, seguía sin pensar demasiado… La llamaban Niñapistolas, la llamaban Matahombres. Estaba tan enamorada que al principio no sospechaba de su marido. Ella siempre fuera seductora, complaciente y cumplidora, para él una santona. Pero un día él la engañó, la vio tan inocente que creyó, no se enteraba, no sabe donde cayó ese infiel siempre sonriente. Matahombres buscó el arma que siempre estaba cargada y le esperaba en la cama con fina lencería roja, también champaña y dos copas. Como ella era guapa su marido se fijó aún no estaba rendido de estar con su amada flor. En la cama se acostó y ella le acarició era un actor de cine que jugaba con su amor, sus ojos tenían cielo y su piel fino algodón. Esa fue su última noche llena de pasión y lágrimas pues sabía que su encanto marcharía con el alba. Niña pistolas lo mató otra vez a su apodo matahombres hizo honor… -No te preocupes mi cielo no dejará cicatriz. Con el tercero fueron mejor las cosas, los años ayudaban, pues ya tenía treinta flores… pero, cosas del destino, enviudó al año… Con Ernesto llegó a sentirse realizada en el matrimonio.
Pensaba: He mentido, he robado, he matado, pero no he... …Pero no he fracasado en el amor, bien sabiendo lo que soy, me han aceptado y querido y tratado como a una niña, yo que vivía para el vicio, ese hombre se me acercó y tocó mi pelo rubio, junto a mis ojos lloró, tomó mis manos muy frías junto a las suyas que hería pues quería que supiese que él también dolor tenía, y es por ser como era yo. Al final me convenció, me bajó un ángel Dios cuando menos lo esperaba, mis pistolas tiré al río, dejé a la compañera “muerte” y le seguí como a un santo que a un ser humano le habló, porque tal de mí nacía, ser una persona honrada y tan solo precisaba tener a mi Salvador. Ahora vivo de mi sueldo, y con esmero le atiendo, pero más me ha dado él, me sacó de la ruina en que me metiera yo, por creer que era la forma de hacerse fuerte y mayor. He mentido, he robado, he matado, pero no he fracasado en el amor… Con él… fui feliz, porque encontré unos ojos misericordiosos, porque aprendí a hablar con las flores, porque en mí se posaron tus ojos, porque escuché las más lindas palabras.
Por eso, fui feliz… Ahora que pasaron los años, mi amor; sólo puedo recordar, el brillo de tu pelo, el más bonito recuerdo, el único que quiero. Y no estoy loca. Sólo quiero recordar que en nuestro adiós tu cabeza giraste para no mostrarme aquella lágrima tuya. Al ocultar tu rostro, sólo pude contemplar ese pelo tan bonito que acaricié. Yo también lloré. He dado gracias a Dios porque al marcharte, tampoco te ha tocado ver las lágrimas en mis mejillas que la razón, no pudo contener. Aún te quiero. La fuerza de nuestro espíritu nos mantendrá vivos... a pesar de la soledad, a pesar de la distancia, a pesar de que todavía no podemos dejar de llorar cuando pensamos en aquel inevitable adiós. Ernesto… al final del túnel no espera más que el cielo, la paz te invadirá, aquella que no has conocido cuando estabas vivo más que estando conmigo. Por fin descansarás, lo que no habías podido, la forma de tu cara se dibujará en las nubes blancas para que tus familiares puedan verla, así como yo he visto las caras de tantos muertos desconocidos en ellas dibujadas, incluso de animales.
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Etiquetas: dama, pluma, marido, pistola, amor, tolerancia, fe, diablo, ella, sueño, vida, seres, túnel, muerte, flores, armas, desgracia
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