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Fuera de lote III (JUANDEMARO QUERALES)

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LA EDUCACIÓN POR DELANTE

La pequeña metrópolis -a veces revienta de problemas- los autobuses desvencijados son una muestra del subdesarrollo que hemos alcanzado. El colector siempre va en el estribo de la puerta, lleva medio cuerpo afuera, obliga al chofer a pisar los frenos cada veinte metros. Salta a la acera y con ojo de águila cobra, de la mano derecha cuelgan los billetes, estirados organizados por colores, que usa para dar vuelto. La muchedumbre que ocupa los asientos
–vueltos mierda- no se diferencia del aspecto ruinoso del ENCAVA. Negritos, indios, y uno que otro blanco se apretan sentados y de pie. Balanceándose para arriba y para abajo, esperan llegar a la esquina de Soco. El autobús desvencijado -no es el único cachivache- de la calle principal de La Victoria, hay también una fauna de alquiladores de celulares, que pululan por cualquier rincón de la concurrida avenida. Los movistar, digitel y movilnet, se anuncian en pendones azules, unos con garabatos, otros con los logotipos de las empresas. Los peatones rodean la mesa de plástico de los alquiladores: hablan en voz alta, usando interjecciones, frases a medio construir, mueven las cejas en señal de estar de acuerdo. Los locutorios éstos al aire libre -son la nota- para los viandantes que se impusieron la necesidad de transmitir vacuidad. La nube de pedilones -proliferan como moscas- en la nación del volcán social, esta fauna de trovadores del bestiario medieval, toman por asalto autobuses de rutas urbanas y extraurbanas, como dicen los avisos que tienen pintado estos saurios en los costados. Acromegalismo, enfermedades extrañas, récipes fotocopiados; son mostrados en los improvisados púlpitos, donde un orador recita como un loro un discurso engolado, trayendo por los cabellos nombres científicos, medicamentos impronunciables, para pasarte después de marearte la alcancía de plástico, para que le eches unas moneditas. Después de atapuzarle la ranura de la alcancía, te quedas pensando en la elefantiasis del niño viejo, y dices: 'qué suerte tuve al no traer una tarántula como esta al mundo'.

LA CEIBA

Mister solo o el viejo acostumbra sentarse debajo del viejo árbol, la especie vegetal ejerce una extraña sensación sobre mí. La vieja ceiba como el poemario de Tito Núñez, ha sido relacionada por todos los brujos, como el tótem que cuida mis pasos, protegiéndome de cuanta porquería me lanzan, cada cierto tiempo, mis enemigos. El árbol no debe ser talado, ni sometido a nada que pueda secarlo, sólo debe cortarse sus ramas cuando amenazan los techos de la casa. Sentado en el banco rojo y a la sombra de sus ramas, me permito pasar revista a la genealogía de mi solar. La india Rosalía Querales compró un lote de tierras por sólo cien pesos, en el sector conocido como Pueblo Aparte, distante del poblado. Corrales de chivo y trojas para sembrar cilantro, cebolla en rama y tomate perita, componen el circuito cinegético del núcleo humano. Por sus casas de bahareque y rafa pasaron generaciones, hasta que la casa tomó forma y uno de los cuartos se asignó para que la parentela, pasara sus últimos momentos, es así que el pudridero llegó a albergar a: tíos, primos y padre; quienes describen el elipsis de perder la memoria, no controlar esfínteres, terminando hundidos en sus excretas. Cortar de cuajo la realidad mágica para asumir un materialismo, fue como atravesar un camino sin retorno, la verdadera esquizofrenia, desdoblado en mi propia contradicción, busco la alteridad muy lejos, allá en las estepas rusas. Caen los semerucos formando una alfombra roja a mis pies. El altar del brujo intimida, los restos óseos de un anónimo humano, yacen allí, acompañados de velas encendidas, vasos con aguardiente y escapularios macerados por el uso. El materialismo se liberaba en violencia que destila y me hace destruir todo a mi paso. Los estados ideales a que llegué a alcanzar fue con la práctica del bestialismo, como forma de drenar los deseos sexuales contenidos, que hacían mella en mi interior, acelerados hasta el paroxismo por la incapacidad demostrada en mi relación con las mujeres: lejanas, inalcanzables, todo una carrera del mito de Aquiles versus la tortuga. La noche convoca a los antiguos habitantes de la casa, para efectuar la ceremonia sempiterna de lamentarse por los errores cometidos en vida. Para los vivos -hastiados de padecer su extravío- los omiten, los ignoran, los más viejos le ofrecen una vela en la próxima visita a los distintos cementerios.

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Enviado por leope31 - 19/03/2009 ir arriba
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