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Fantasmas (macaco)

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Nadie te puede perdonar con tanta honestidad como tu mismo. La penitencia es una pérdida de tiempo si no te lleva a algun lado.

Debe haber estado sentado a mi lado por mucho tiempo antes de que yo pudiera notar su presencia. Había permanecido inmóvil y en silencio, observándome curioso como si nunca me hubiera visto. Estaba ahí como siempre, poderoso e imbatible, dispuesto a martirizarme. El tono amarillo de su piel contrastaba con la blancura de su bata y su vientre prominente se movía y palpitaba. Solía llamarlo 'el dragón' porque vomitaba sangre y su hedor era lo imaginable a la pestilencia del infierno. Siempre me ha llenado de miedo, desesperación e impotencia, la incapacidad de contener su maléfica presencia. Pero esta vez fue distinto porque no pude notarlo a pesar de sus colores y a pesar de sus desgracias.
Y es que me he acostumbrado al hecho de que para poder verlos o poder oírlos, uno tiene que sentir miedo, mirar para todos lados buscando entre las formas o percibir el sonido del aire que rebota entre las cosas. Otras veces me ha pasado que el contacto inicia con un escalofrío que recorre todo mi cuerpo provocando un temblor frenético que me permite sentir, lo gélido del momento. En ocasiones son tan grandes que me asfixian con su peso o tan negros que no puedo verlos por lo que busco sus sombras que se arrastran por el suelo. Algunos de ellos se presentan en mis sueños, se cuelgan de algún recuerdo o de las fechas marcadas con sangre, dolor y sufrimiento.
Tan peculiares son mis aparecidos que a veces vienen en grupo y otras tantas, solo es uno el que atormenta y espanta. Algunos de ellos tienen ciertas marcas que me recuerdan detalles que lastiman como llagas. Soy un sobreviviente de sus cruzadas aunque, nunca he de ganar ninguna de sus batallas. Implacables y de crueldad innata, nunca muestran piedad por mí o descansan sobre mi desesperanza.
Pero 'el dragón' estaba junto a mí como si nada pasara. Ahora que había logrado captar mi atención se movía inquieto como si esperara. Escondía sus manos bajo la bata como tratando de evitar el temblor que casi nunca cesaba. Se veía confundido pero no desmayaba o caía en el delirio que lo caracterizaba. Muchas veces su sangre empapó mi cuerpo, lo recuerdo bien porque pocos fantasmas han logrado llenarme de repugnancia al ver mi ropa manchada y, al mismo tiempo de angustia y desesperación de no poder hacer nada. Lo he mirado desangrarse e ir muriendo lentamente hasta que el último de sus agónicos suspiros se ahogara en una burbuja roja, de su inundada garganta.
Cuando un fantasma aparece trato de fingir que no lo veo o me quedo quieto y expectante esperando que me ataque. Ya intenté sin éxito esconderme en el armario, embriagarme por las noches o llenarme de trabajo. Nada de eso ha funcionado porque siempre tienen tiempo y paciencia para hallarme. He sabido que la mayoría de las personas solo tienen un fantasma y lo tienen prisionero o atrapado en una casa. Pero mis aparecidos son eso, vienen y van en completa libertad, como el péndulo que nunca ha de dejar de oscilar. Nunca he podido hablar con ellos, quizás porque no entiendo su lenguaje o sus voces se pierden entre mis gritos y lamentos.
¿Qué le pasaba al 'dragón'? Tal vez estaba intentando alguna otra forma de asustarme o estaba mutando a un espanto más vil y repugnante. Cualquiera que fuera su objetivo parecía llevar un rumbo equivocado. Porque en vez de causarme miedo o angustia, su actitud me llenó de enojo y con sobrada impaciencia me atreví a cuestionarle:
-¿Qué es lo que esperas para lastimarme? Sabes que estoy indefenso y atemorizado de verte. ¡No juegues con mis angustias que el dolor igual se siente!-
Pero 'el dragón' seguía sentado, mirándome de reojo, sosteniendo su voluminoso vientre sobre sus flácidos muslos. Después de una pausa, que me pareció eterna, contestó con desgano, como si rezara una oración larga y repetitiva:
- Yo solo soy un fantasma. Me has tenido esperando por horas sin hacerme caso y ahora me reclamas por haberme retrasado. ¿Acaso crees que es fácil aguantar las náuseas y este abdomen reventando? ¡Encima de todo eso te sublimas y reclamas poderes que no resguardo!-
Su respuesta fue inesperada pero no sucumbí al engaño. Quería hacerme creer que su poder se sostenía entre mis manos. Todos sabemos que los fantasmas tienen poderes ilimitados. Siempre están buscando el momento de hacerse notar y utilizan su poder sobrenatural para estarnos espantando. Yo lo conocía muy bien y sabía que en cualquier momento crecerían sus entrañas y teñiría de rojo las mantas. Volví a reclamarle su falta de compasión y recalqué la maldad que se veía en sus ojos. 'El dragón' movió la cabeza un poco y se miraba exasperado y cansado. Entonces volvió a hablar como haciendo un gran esfuerzo y dijo:
- Si fuera mi decisión desde hace mucho tiempo me hubiera ido. Pero te empeñas en retenerme atándome a remordimientos y a tu soberbia que no te permite encontrar el perdón. Entiende bien lo que te digo, soy un fantasma y ya no existo. Es más, jamás existí. Porque lo que me originó se fue hace mucho tiempo, sin dejar rastro y siguiendo una vereda que jamás ha de cruzar tu camino. Soy transparente, sin alma ni sentidos, no provoco desgracias ni cataclismos. Si me miras bien te darás cuenta de que no tengo rostro porque has olvidado las facciones y cambias mi forma y tamaño según tus dudas y recelos. Tu eres quien decide lo doloroso que soy basándote en tus recuerdos y te flagelas haciendo que inquiete la confianza en ti y en lo que quieres. Malgastas la vida rodeándote de fantasmas y disfrutas el oscuro placer de saber que son tuyos y te espantan-
Era cierto. Me fue imposible encontrar detalles que definieran su rostro porque eran la suma de muchos, muy parecidos y vulgares. Las figuras no eran definidas y los colores eran mezclas que terminaban en negro. El atrevido fantasma me llamó soberbio y dijo que estaba lleno de remordimientos. Cuando quise replicar, la soberbia me abofeteó la cara y los remordimientos estrujaron mi cuerpo.
-Pero, ¿Dónde puedo hallar el perdón para poder liberarte?-
Le pregunté mientras miraba como poco a poco se desvanecía su silueta como una nube de polvo.
-Ya lo encontraste. Solo tuviste que reconocer tus culpas y seguir el camino de la reconciliación. Por cierto, no te preocupes de que los fantasmas dejen de visitarte después de la cena, se pierdan el siguiente aniversario o dejen de pisar sobre los tejados. Y si por algún motivo vuelves a encontrarte con alguno de nosotros, trata de ser cortés y amable, no olvides que podemos disfrutar de una entretenida charla-
...

Etiquetas: macaco, Martin2008
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Enviado por Martin2008 - 27/04/2009 ir arriba
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3) Pues sí
Amaranta74
El cielo y el infierno los creamos nosotros, y muchas veces somos incapaces de salir de ellos.

Muy buena reflexión Manchego. Y muy buen texto el propuesto por Macaco.

BdS

 0   0   Amaranta74 - [27/04/2009 13:09:16] - ip registrada
2) Totalmente de acuerdo....
la_lelo40
tanto con el relato, como con el comentario de manchego.
Por una parte, una forma de no querer afrontar nuestros propios dilemas. Por otra, una sencilla forma de manipulación...almenos en otros tiempos,usaban historias de dicha indole, con sus propios fines.
Aunque siempre existirán fastasmas- por desgracia-pero de carne y hueso que...SON LOS PEORES. Me ha gustado....tienes mi diez...Consuelo.
 0   0   la_lelo40 - [27/04/2009 10:16:17] - ip registrada
1) Muy cierto Macaco...
Manchego-1

Esos fantasmas y apariciones que nos atormentan no son sino una creación de nuestra mente, cuando se siente culpable de algo.

Pero, ¿qué mecanismo incontrolable nos hace castigarnos de esa manera?

Si nuestra mente es capaz de discernir de entre todos nuestros actos aquellos que no están bien, ¿por qué no nos evita cometer esos actos?

Creo que todos hemos oído en alguna ocasión casos de personas que al cabo de muchos años confiesan crímenes y delitos cometidos en un determinado momento de de su vida. Casi siempre, de una manera o de otra, dan a entender, que “no aguantaban los remordimientos” por los acto cometidos. No es extraño que en estas personas digan que no podían dormir por el recuerdo -¿fantasma?- de lo que ocurrió, o de lo que hicieron. Cuando confiesan, también de una forma u otra, acaban diciendo que ahora podrán descansar.

Esto me hace pensar, que los conceptos de Dios, Cielo, Infierno..., que tan repetitivamente nos cuentan los curas y seguidores de la Iglesia Católica, no son tal y como nos los explican. Es más, me atrevo a afirmar que no existen en ese contexto esotérico.

Est&aacut e;n dentro de nosotros mismos, en nuestra mente. Podríamos decir que nosotros mismos somos los que creamos ese infierno que nos castiga por nuestras malas acciones. Que somos ese dios que nos obliga a estar en paz con nosotros mismos, mediante la tranquilidad de nuestra conciencia, y que ese es el cielo prometido.
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 0   0   Manchego-1 - [27/04/2009 01:02:26] - ip registrada
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