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Solo quería una historia
libre diferente única real, había vivido muchos cuentos, tantos
como años, secuestrada su naturaleza
enjaulada su mente, aburrido su cuerpo.
Quería una historia evidente, palpable, que doliera y gozara
que erizara su piel de odio y amor
que dominara al corazón, la sinrazón,
una historia única e irrepetible, como son aquellas
que deja huellas en la mente
que domina los sentidos, aroma sabor calor miradas...
Un día llegó su historia, iba a vivir en la realidad
lo que tanto deseó era una adulta emancipada, o eso creía.
El comienzo de su historia fue puro aprendizaje de ella misma,
se desprendía de su antigua vestidura, pero
estaba adherida, a ideas desfasadas,
dilatadas o no captadas, entre un montón
de amasijo de miedos.
Mucho llevó, tanto como deseos caben en su cuerpo, pero
no deshizo todo su equipaje, la maleta siempre
preparada para cerrar, se dejó llevar
se dejó hacer, bastaba seguirle o estar a su lado
mucho que decir, mas, poco dicho, mucho sentido.
No sabe cuanto dejó, si sabe lo que se vino con ella,
su maleta pesaba más, había crecido
para dar cabida a tanto como en ella entró,
sintió que debía degustar aquel manjar, que la vida le ofrecía
su 'conciencia' le indicó el camino, en él está ahora
recordando palabras, frases gestos miradas...
Toda cuento tiene principio una historia completa y un final.
La de ella, tiene principio y final
en medio, reservas, que cuida del dolor que protege de la desilusión
que esconde mentira o verdad
que impide seguir, que ayudan a la huida,
acoge la duda.
Lógicamente su cuento tendrá un final bueno o malo,
lo que no sabe, es quien lo escribirá,
ella, él... o el olvido.
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