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Lo más importante es poder percibir los sentimientos de otras personas y reflejar los propios, a quien esté dispuesto a recibirlos.
El pequeño Héctor nació en uno de esos pequeños pueblos donde los eventos extraordinarios solo existen en la imaginación. Pueblos donde la vida cotidiana se cubre de polvo en su conocido andar y solo las ráfagas de viento o la lluvia tienden a aclaran un poco la vereda a deambular. La gente de ese pueblo, no tenía razones para sufrir sobresaltos o encontraba motivos para cambiar su rutina diaria. La vida era tranquila, teniendo la certeza de que el futuro sería una copia auténtica del pasado.
Apenas si había cumplido los once años cuando todo ocurrió. Tito, como todos le llamaban, mantenía en su rostro la falta de malicia, que trataba de esconder en la natural timidez de aquellos tiempos. Bajo el cobijo de su madre, se había mantenido libre de sufrimiento y sin necesidad de acelerar su madurez. Tito no era pequeño de estatura, pero su delgadez lo hacía verse frágil y delicado. Era inteligente y educado y obedecía cada orden con puntualidad, pues a su edad no le era permitido hacer preguntas ni intentar hacerlo; pero desde hacía algunos meses, las preguntas que surgían en su cabeza y que nadie contestaba, le habían provocado pensar. Todo comenzó después de que se presentó una tragedia familiar, la cual estoy dispuesto a narrar.
Al menos en lo que llevaba de vida, por mencionar un evento, solamente su ingreso a la escuela había resultado ser una transición extraña. En ese entonces se vio solo, en ese lugar desconocido y separado de sus padres, perdido entre una multitud de niños que corrían y gritaban. Sin embargo, permaneció sereno siguiendo las indicaciones de su madre, observando con extrañeza como otros niños se dedicaban a llorar, revolcarse en el suelo o correr tras sus padres buscando escapar. Incluso la dolorosa vacuna contra algo llamado “t…olosis” o algo así, regalo del sistema de salud de aquellos tiempos, se incluyó como parte de la normalidad del primer día de escuela. Tito sabía que esas cosas nuevas y desafiantes tenían que suceder, eran eventos esperados y no le debían provocar temor.
-A los seis años hay que ir a la escuela y en la escuela se debe ir a estudiar para ser alguien en la vida-
Le dijo entonces su madre. Esa era la realidad que conocía y que debía asimilar. Los detalles de cómo ocurrían las cosas no se necesitaban explicar, porque 'todo el mundo sabía como eran las cosas de entonces'. Los padres no tenían obligación de aclarar nada y para los niños, estaba estrictamente prohibido preguntar.
Pero lo que pasó ese día de Agosto fue diferente. El suceso fue tan impactante, que transformó de golpe su entorno y estremeció los tiernos cimientos de las enseñanzas pasadas. Puedo decir que fue el día más triste de su corta vida. Nadie le advirtió que eso podría pasar. La nueva realidad vino sin contemplaciones y por qué no decirlo, sin un esbozo de piedad. Con la abuela todos tuvieron cuidado de cómo informarle, por aquello de la edad. Al tío Roberto había que decírselo cuando llegara del trabajo, porque estaba enfermo 'y se pudiera poner mal'. Pero con los niños no se necesitaba tener precauciones, porque aunque se les explicara, no lo podían entender. Tito obtuvo la información sin solicitarla y de la forma usual, siempre seguida de una orden:
-Tu abuelito Daniel murió en el hospital. Ve a ponerte una camisa y el pantalón de salir-
Le dijo su padre, sin permitirle hablar.
–Tenemos que ir a la casa de tu abuela porque es ahí donde lo van a velar-
Terminó diciendo su padre, antes de irse hacia la calle a ocuparse de otras cosas. Tito le obedeció en silencio sin poder entender lo que había escuchado. ¿Qué significaba 'se murió'? ¿Por qué su abuelo estaba en el hospital? ¿Le había pasado algo o se había ido a alguna parte? Debía ser algo importante porque su mamá no estaba en casa desde el día anterior y había llegado gente desconocida a hablar con su padre.
-Pasó algo muy malo. Es como el día que mi prima Antonia se fué para el otro lado a trabajar-
Se dijo para si mismo tratando de hallar alguna justificación. Cuando eso pasó, también tuvieron que ir a casa de la abuela, estaban tristes como ahora, pero luego se pusieron muy felices. Su prima les había escrito después de unos días diciendo que no se preocuparan, que ella se encontraba bien-
Esos recuerdos le permitieron creer que sabía lo que estaba pasando y que al final todo saldría bien. Esperó con calma el llamado de su padre, revisando que los botones de su camisa estuvieran insertados en el lugar correcto. Se sentó junto a su hermana Claudia quien había recibido la misma orden de su padre. Ella lo miraba confundida como si esperara verlo actuar de alguna forma para poder entonces hacer ella lo mismo o quizás algo mejor. Pero no encontró respuesta. Tito había vuelto a la tranquilidad que su ingenuidad le permitía.
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