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En un día hermoso, no pueden pasar tantas desgracias. Eso pensaba Lie, que había tenido que abandonar su hogar, que habían aniquilado a casi toda su familia. Estaba parado observando como el sol se ocultaba tras el inmenso y azul mar, que tan apacible se encontraba en esos momentos, pequeñas olas rompían en la orilla de la playa, dejando rastros de espuma marina, que en un momento desaparecía. Solo la frágil brisa interrumpía con su roce, la tranquilidad que sentía.
Todo había sido casi perfecto, nada interrumpía la monotonía de la escena; hasta que Lie sintió la necesidad de gritar, desahogarse, de llorar. Pero no pudo, sus sentimientos se perdieron en la gran inmensidad de sus pensamientos, que solo podían recrear las escenas, los sucesos que hasta hace poco no habían retornado a su mente, solo podía recordar como los malditos Frengus asaltaron su hogar, destrozando todo, matando hasta a sus pequeños hermanos, su madre, su padre, a todos. Todo fue tan rápido que solo tomo un lapso de tiempo correr hasta el bosque, perderse entre el verdor, y los frondosos árboles que tapizaban el pequeño bosque. Talvez no estaban interesados en el, talvez solo querían robar algo, el caso es que no lo siguieron, ni siquiera lo intentaron. Después de eso, Lie se encontró completamente solo y se sintió muy mal. Había visto a toda su familia perder la vida, y el no hizo completamente nada para evitarlo. Solo pensó en huir, ¡que cobarde había sido! Una gran amargura se apodero de su pecho, seguida de una rabia que no podía controlar, sin saber como o porque, empezó a correr por todo el bosque como un poseído, no se detuvo hasta llegar al lugar en que lo encontramos, a las orillas de un acantilado.
Se inicio una lucha interna en su mente. Pesando en que hacer se encontraba en esos momentos. Cuando, en el cielo diviso una bola de fuego que descendía a gran velocidad, la observó por un momento, pensando en lo raro que era, pues los meteoritos no llegan tan cerca, se desintegran antes de pasar la última capa atmosférica. No duro demasiado tiempo reflexionando en la naturaleza del bólido, pues este se precipito cerca del acantilado, el pensó que seria un gran choque y que no podía hacer nada para salvarse, pero en lugar de eso ocurrió algo que impresinante, la bola de fuego, que había llegado a una considerable altura de donde el se encontraba, viro de una manera extraña, para un meteorito, pues cambio de dirección, disminuyendo la gran velocidad, cayendo no solo suave, sino que de forma casi perfecta, podríamos decirlo, aterrizando a la orilla del mar, a un lado del pequeño acantilado.
Lie se encontraba confundido de tal manera que no supo que hacer en esos momentos. Pensó en correr en dirección opuesta de donde se encontraba el objeto que, después de enfriarse, se notaba que tenía una consistencia y un brillo que parecía metálico, sus formas no eran tan extrañas, a simple vista parecía uno de los ultramodernos aviones que se habían construido para poder viajar hasta las lunas del planeta, sus formas menos aerodinámicas, le daban un aspecto extraño. Pues le hacia falta las alas, que hacían indispensable un vuelo en la atmósfera, además de no tener rastro de ventanillas o escotillas. Pero la curiosidad pudo mas que el temor, y se dirigió sigilosamente en dirección de la nave, ayudado de la oscuridad que ya se hacia mas cerrada. En realidad no sabía que era lo que haría después de acercarse lo suficiente. Pero de todas formas se dirigía hacia la nave. Que mas da –pensaba- no hay ya más que perder. Estaba ya por acercarse lo suficiente, cuando oyó que del interior del objeto salían extraños ruidos, como si alguien se movía dentro de este.
Algo empezó a moverse, como si una escotilla quisiera abrirse por uno de los costados del aparato, ¿pero donde? Lie observo que del interior de la nave salía una clase de vapor, como si dentro de esta, hubiera estado demasiado frió o demasiado caliente. La escotilla bajo hasta que casi toco el arenoso suelo, pero por esta nadie descendió, como Lie esperaba. Estuvo esperando un tiempo, hasta que se convenció de que talvez la nave estaba vacía. Pero que serian los ruidos de hace rato –pensó.
No tardo mucho pensando en eso, pues en el mismo instante en que se decidía a entrar a la nave, un rayo azul salía de esta, tocando de lleno en el muchacho.
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