Aunque una parte de mí me dice que todo lo que voy a decir ya se sabe de sobra, no puedo evitar pensar que si lo escribo quedará todo más claro, los sentimientos serán más fáciles de manejar y la despedida más corta. Y aún así me cuesta porque eso supondría reconocer que me molesta separarme de ti, que dos meses sí es mucho tiempo y que hay cosas que me dan miedo.
Porque este año ha sido tan perfecto que es imposible que el que viene lo supere, porque es posible que nuestra relación no sea la misma, porque cambiara la gente, las circunstancias y cambiaremos nosotras. Y yo quiero que todo siga siendo igual y me molesta porque sé que no va a serlo.
Tantos momentos, tantas conversaciones, tantas noches hasta las 5, tantas cenas, tantos fines de semana, tantos sentimientos que quedan en nuestro recuerdo, de los que al final permanecerán los simples, los que pasaron una tarde cualquiera de un día cualquiera.
Que te echaré de menos, que lo pasaré mal por no estar ahí si en algún momento me necesitas, que me has cambiado la forma de ver el mundo y que te quiero, son cosas que un nudo en la garganta no me dejara decirte cuando nos despidamos, pero estoy segura de que tú ya las sabes y por si no, por eso escribo.
No es adiós, es hasta luego, porque la amistad no acaba ni empieza, se va formando poco a poco y poco a poco va creciendo haciéndose hueco en nuestro corazón, en nuestra cabeza y en nuestra vida. Y sigo y seguiré estando porque te haga falta o porque quiero, en Marchena, en la habitación 240 o tras un teléfono, al otro lado del ordenador, en cada paso que das, en cada canción que escuchas, en cada foto, en cada sms, en cada sonrisa que te traiga los recuerdos que tarde tras tarde hacemos juntas.