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Apolinar, el patriarca (Rocío Chalco Vargas)

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Homenaje a mi padre fallecido recientemente, una vida de ejemplo en la que nos dejò sus principios morales y èticos tan sòlo con su proceder, te extrañaremos demasiado.

Pá!, con la pena que me embarga comencé a escribirte esto al tercer día de tu partida, te vemos por toda la casa, con tu debilitado cuerpo por una enfermedad que nos sorprendió a todos, ninguno supimos qué tan avanzado estaba eso, sino hasta la tarde anterior que nos lo comunicaron los médicos, pero sencillamente no diste tregua en dos meses ni te cambió el indómito carácter.

Ahora analizando, veo que nos diste una tremenda lección de tenacidad, hasta el último momento, nos ibas diciendo que te revisáramos el oxígeno o nos llamabas para darnos instrucciones, ahí me quedó en el celular tu última orden.

Te fuiste en paz, sin exaltos, sin sufrimiento, sin queja, sin agonía, con tu pensamiento brillante, tan solo exhalaste un suspiro fuerte, pusiste tu cara en paz, sólo te dormiste plácidamente en un sueño justo por tu vida fructífera y luchadora, de esposo amoroso, padre emblemático, abuelo adorado y bisabuelo amoroso, sorprendido de ver tu 4ta. Generación crecer, Ayar y Aleix Chalco en la lejana España.

Aunque naciste en 1925, nunca a ti nadie te vio viejo, tú no podías serlo, tú eras una especie de roble tremendamente fuerte, jamás te conocí enfermedad alguna ni gripe que te tumbara más de dos días, siempre te bañabas con agua helada, así fuera invierno como cuando vivíamos en Perú. Tú eras el mejor papá, llegabas del trabajo, bajabas del carro muy activo, sin el saco, se te veía imponente y te quedabas a jugar un rato con nuestros amigos de infancia, o pateabas alguna pelota o nos lanzabas al aire a mí y todas mis amigas que ansiosas hacíamos cola, los demás papás no hacían eso, pasaban todos serios, contigo era distinto, a veces nos traías chocolate largo de triangulitos o chiclets, a ver quien se ponía más a la boca.

Nadie a ti, te veía acabado, hasta ahora, siempre nos decían lo bien que te veías, que no representabas 84 abriles, sería por lo activo que siempre fuiste, por toda la actividad en que siempre estuviste, no te resignaste a estar enfermo y aún así, últimamente comentabas “estoy caído pero no destruido” y paseabas tu enjuto cuerpo por toda la casa, pero no te postraste, qué fuerza de voluntad.

A ti te nombraron Apolinar, nombre que procede del dios Apolo, quien fue uno de los más importantes dioses griegos, reconocido como el dios de la luz, el sol, la verdad, la profecía y las musas, quizás de ahí me venga a mí todo este fuego de artista que llevo en las venas. Así mismo eras tú, con la verdad por delante, odiaste las mentiras, indómito, imponente, muchas veces autoritario, pero a ti siempre te oían, siempre causaste respeto, fuiste un tremendo motivador en tus clínicas de ventas cuando eras un alto gerente de una empresa internacional.

Cuando joven, eras muy divertido, tenías tus amigos fijos y tus cuñados, para lo que salga, trabajo, viajes y diversión, tus grandes amigos Napo, Antuco, Guido, Wilfred, Hans, Carlo, Gillio, Bo, los chinos Lau, tíos Efraín, Pepe, Jaime, Andrés, Branco, Moisés, con algunos te ibas de caza, con otros a trabajar, con varios de viaje, con muchos a divertirte y también nosotros, en las fiestas que jamás terminaban, las mejores las de los suecos, las más divertidas, con payasos las de mi tío Andrés, no nos dejabas por fuera, siempre íbamos contigo a todo, siempre había algo que tú inventabas, como cuando llegabas y nos gritabas ¡Aventura!!! , sencillamente sabíamos que era preparar mochilas a toda velocidad, calzarnos las botas para salir a acampar, viajábamos de noche, armábamos la carpa y dormíamos al lado de un río. Conté muchas montañas en los caminos, muchos túneles recorriendo caminos sinuosos de los andes de Perú y muchas nubes me persiguieron, todo eso que mis ojos vieron cuando fui una niña se lo debo a mi padre, imágenes imborrables para mí y mis hermanos que estarán siempre en nuestra memoria.

Cuando fuimos creciendo y llegaron las restricciones, igualito nos la ingeniábamos para sacar los permisos y divertirnos enormemente en verano, en invierno era encerrarse, era la época de la seriedad, de estudiar, de hacer tareas, de tener frio y colocarse sweters y ponchos, papá nos traía los últimos modelos de la Sierra, gorros de pelo de llama y sweters de alpaca. Mi padre siempre mantuvo la decencia de una comida excelente en nuestra nevera, llegaba con las manos llenas de todo lo que fuera comestible para su enorme prole, primero fuimos 3, luego aumentamos a 5, papá compraba las naranjas, el azúcar y arroz en sacos, el papel toilette por bultos, las carnes por piezas grandes, los jamones enteros, los quesos en hormas, el pan era a diario 40 piezas, eso venía acompañado de paquetes de jamón, queso y mantequilla, que devorábamos en menos de media hora, la gente creía que mi pá era director de un colegio de internos jajjaaa; como viajaba mucho, hasta se traía a los pescadores con los bultos de conchas negras, ostras y langostinos para que se los limpiaran y darle menos trabajo a mamá, por cierto ella jamás fue a un mercado, papá le compraba todo para la casa y el consumo nuestro, no conocimos la escasez ni las privaciones ni fue un padre que nos lanzó a la calle a pedir, a Dios gracias, luchó por nosotros, cargaba sus maletas grandes con las ollas adentro y ganaba premios para hermosos viajes a los cuales iba con mamá, nos puso en los mejores colegios de Lima y se preocupó porque fuésemos hombres y mujeres de bien, nos enseñó a trabajar con el ejemplo. Voy a resumir a mi padre en una sola palabra, tal como me lo dijo mi amiga Cecilin, íntegro, sí ese era mi padre, un hombre íntegro hasta la muerte, con sus errores humanos y sus virtudes por supuesto, pero en resumidas cuentas el padre que conocimos, amamos y respetamos.
Mañana harán ocho días que te enterramos entre lágrimas, tristeza, truenos y el trino de pajaritos, entre cánticos de ángeles que tus amigos mormones se dedicaron a cantarte, un himno en especial que hablaba de ir al Paraíso, de los truenos y el sol en su zenit, junto al cantar de las aves. Fue increíble, así mismo te sepultamos; hasta un aire fresco sentimos y entendí que era tu alma que se despedía, nos acariciaste la cara convertido en viento fresco, no pudo ser más patente ese manifiesto. El día anterior te fuiste entre mis brazos, acariciando tu cuerpo para que te aliviaras, mamá frente a ti con tus manos en su regazo, te dormiste plácidamente, con las imágenes de la película de tu vida y con tus parientes más cercanos recibiéndote del otro lado.

Te amaremos siempre, merecido el título de patriarca de nuestra familia que lograste ver a tu prole de 4ta generación, qué orgullo. Hoy sólo vengo a honrar tu vida, pues para nosotros siempre vivirás en nuestros corazones.

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Enviado por Rosa5de5Azafran - 24/07/2009 ir arriba
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