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La Casa de los Abuelos (Jorge Robledo Ortíz) |
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Este carriel de nutria, de bolsillos secretos
Guarda un retrato antiguo, dos dados y una carta,
Una flor ya marchita y un rustico yesquero
Para encender tabacos y calentar nostalgias.
Éstas son las cotizas y éste el escapulario
Con el que entró a los cielos la abuelita lejana.
Éste es el viejo poncho y éste el sencillo herbario
Con toronjil, con paico, con ruda y mejorana.
Te presento el machete y también la peinilla,
Éstos son los zamarros y éstas las alpargatas.
Aquí tienes el frasco aún con veterana
Y allá en los corredores colgadas las enjalmas.
El fogón de tres piedras aún parece que espera
Que se encienda la lumbre con tizones del alma.
Mira el pilón callado, sin ropa la batea,
Sin aguamasa el bongo, sin aceite la lámpara.
Espera, caminante. El tiplecito viejo
Te va a contar como era de antaño la nostalgia.
Deja que lo punteen los dedos del abuelo
Y entenderás que tiene corazón esta casa.
Escucha ese bambuco habla de 'chapoleras'
Y de ojos que parecen luceros con pestañas,
La abuelita tenía piel de canela y seda
Cuando el viejo querido lo cantó en su ventana.
El tiplecito puede decirte que en la selva
La tierra florecía si sus cuerdas sonaban.
Y es que todo antioqueño, cuando adora y recuerda,
Se aprieta las canciones como mulera al alma.
Aquí tienes el noble orgullo de este pueblo:
Es un blasón de acero al que llamamos hacha
De derribar los robles y de morder los cedros
Se convirtió en pequeña bandera anquilosada.
Y esta es la Virgencita, tiene a Dios en los brazos
Y el cielo repetido bajo su frente pálida.
Cuando se despidieron del mundo los ancianos,
También se fue borrando el brillo de su cara.
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