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(29-05-07)
Quiero vivir mirando tus ojos.
Saber qué es lo que piensas cuando te acuerdas de mí.
Que tú puedas entrar en mis secretos,
para que veas lo mucho que pienso en ti.
Ver la claridad de las cosas
sin necesidad de darles tantas vueltas.
Ver lo simple que es vivir
sin la obligación de fingir.
Quiero perderme en tu boca.
Respirar tu aroma al despertar.
No pedirte pausa alguna
cuando tu cuerpo intente al mío alimentar.
Tenerte siempre amarrado a mí
y que descubras que aún siento
todo lo que el primer día sentí.
Quiero dibujar mi corazón en tu espalda empapada.
Sentir como nuestro fuego se enciende cuando,
en medio de una noche encantada,
nuestros cuerpos alcanzan al fin rozarse desnudos,
consiguiendo, por una vez, ser sólo dos.
No dejar de percibir la fuerza de tu fervor,
cuando mis labios no ven momento en el que dejar de besar
y tus manos no dan tregua a mi calor,
mientras mis suspiros no te permiten parar
y en tu cara se pueden leer
a tus ojos jurándome que me quieren poseer.
Quiero no olvidar jamás el camino de tu piel.
Recordar para siempre a qué huele la pasión
cuando tu sabor a miel
me hace vivir de ilusión.
Saber porqué buscan mis manos
esos rincones que te hacen estremecer.
Que cuando mi alma se abra no corran los segundos,
para decirte que si no me haces tuya yo voy a perecer.
Quiero no dejar de sentir nunca lo que siento
cuando, a la vez, tu corazón y el mío arden,
cuando nuestros cuerpos se unen con tal sentimiento
que, por más que escuchen,
uno sólo perciben.
Aspirar el aire que expiras
cuando tu lengua es la mía y la mía ya no me pertenece
y no veo ya a tus ojos cuando me miras,
pues tu amor a mi cordura mece.
Quiero sentir tu fuego para perderme en ti
y en mi furor dejarte entrar
sin obligarte a llamar.
Recordar siempre el ruido de tu respirar en mí,
cuando tu cuerpo sobre el mío dejas reposar
y el silencio se apodera de la habitación,
y sobran las palabras
y las miradas sobran.
Sólo necesitamos oír nuestro palpitar
mientras a nuestros cuerpos dejamos descansar.
Quiero que no acabe para no despertar.
No despertar,
para ver lo simple que es vivir
sin la obligación de fingir.
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