|
'Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?'
José Luis Borges.
- Los milenios recorridos
no han sido aún tiempo suficiente
para que esta humanidad
asuma su auténtico destino
de comprender y comprenderse.
Apenas si empezamos
a reconocernos iguales y distintos,
apenas si vislumbramos
un universo eterno e infinito
y apenas si podemos respondernos
hacia dónde vamos
y de dónde venimos.
-No me estoy en absoluto refiriendo
al aspecto antropológico o político,
social o tecnológico,
genético o puramente artístico.
Tampoco me estoy refiriendo
a los aspectos filosóficos ni éticos,
ni tan siquiera a los aspectos religiosos
en el sentido estricto
de jerarquías sin sentido,
de premios y de castigos
y de preceptos equívocos.
Hago referencia a este espíritu
-tan falto de luz y de juicio-,
que habita en el cuerpo del hombre
y vaga por los siglos de los siglos.
Todo esto me decía
un hombre entrado en años
amable, descuidado,
extrañamente vestido;
que al crepúsculo dorado
de un parque onírico
se puso a charlar conmigo.
Desfilaban ante nosotros
personajes variopintos:
emigrantes africanos,
trajeados ejecutivos,
mujeres de túnicas árabes,
chicas mostrando el ombligo,
policías municipales,
matrimonios con sus hijos,
parejas comiéndose a besos,
traficantes y delincuentes de oficio...
Yo aún me encontraba aturdido
y a nada hallaba sentido.
Recordaba, vagamente,
un impacto tras un largo chirrido,
los quitamiedos de un puente,
el estallar de unos vidrios...
- Aún queda lejos el día
del reparto equitativo,
de la igualdad de los géneros;
de erradicar fanatismos,
de unificar los criterios
con un noble compromiso.
Por ello, mientras habites
tu actual cuerpo finito,
esfuérzate en ser al menos
coherente contigo mismo,
respeta el parecer ajeno
y sé honesto en tus juicios.
Ahora, regresa al mundo
a completar tu camino,
puesto que faltan todavía páginas
por escribirse en tu libro.
Puso su mano en mi frente,
como quien concluye un rito,
y me transportó al instante,
por cielos desconocidos,
hasta aquel túnel de luz
que recordara impreciso.
Luego, contemplé mi cuerpo
desangrado y malherido,
a varios metros de un amasijo
de chapas y de hierros retorcidos.
Un ulular de sirenas
se iba acercando a mi oído
al tiempo que resonaba
como en un eco infinito:
... y apenas si podemos respondernos
hacia dónde vamos
y de dónde venimos.
|