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Ganadora del 1er Concurso Poético de La Mano
En crepúsculo de bronce, canta el astro todavía
un ramaje de improviso, titubea en la ventana
Mudo sable descarnado, sentenciosa despedida
hunde el filo lentamente en el ámbito del alma.
Precipita el pensamiento a la certeza inexorable
que recóndita palpita en el ocaso de las hojas
¡cómo el árbol se despoja sin dolores ni rituales
del antiguo cargamento para abrirse en nueva fronda!
Vuelve el ojo a la ventana, calla el astro ceniciento
Un temblor de sien perpleja se ha escapado de la hondura
Sólo quiero la sumisa desnudez del duraznero
y habitar el paraíso sin temor de estar desnuda.
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