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La poesía de Leonardo Pereira Meléndez ha sido objeto de una disección por el crítico Miguel Prado: Los demonios interiores en la poesía de Leonardo Pereira Meléndez. Ateneo de Carora Guillermo Morón. Barquisimeto. 2007. Era tiempo que el cuerpo lírico del autor de Lacerado recibiera el cuidado de un análisis metódico y rígido por parte de los estudiosos del verso.
Me ha tocado en suerte –acompañar a Pereira Meléndez- en casi todas las estaciones en que su canto se ha detenido. Lenguaje trabajado sin descanso, de estructura proteica, el encantador de lenguajes se amolda a la limpieza de la palabra, para aprehender los misterios del alma humana y así conseguir la otredad deseada con avidez.
El libro de Miguel Prado está estructurado obedeciendo un estricto orden metodológico, como para rendir homenaje a los cartabones académicos. Se abre el texto con una justificación teórica, donde el poeta de marras sale de los espacios estrictamente manualescos, para caer al torrente de la gran creación latinoamericana y universal, gracias a Prado. Su cuidada formación y abultada bibliografía hacen el resto. Poco a poco en la medida que vamos traspasando los compartimientos estancos de que se compone el volumen, se van liberando voces, mitos, máscaras, objetos de una personal heráldica, que van haciendo reconfortante el viaje por sus páginas.
Son pocos los autores que concitan el interés de un estudio pormenorizado de su obra; Pereira Meléndez es un afortunado, explicación que viene dada por ser jefe de tribu, el poeta es un gurú que oficia lecciones de vida y vocación, un esenio en el sentido dualista que le daban los seguidores del dios Ahura Mazda. Prado deja correr la especie de una conspiración, donde se silencia a todo aquel que el favor del Estado no lo alcance, sucumbirá al polvo y al olvido de una gaveta o un estante de una biblioteca provinciana.
Los demonios interiores se valen de trabajos primigenios sobre poetas y movimientos de la tradición estética de nuestro continente y del pasado reciente venezolano. El estudio de Blas Perozo Naveda y su maracuchismo-leninismo; también el emprendido por Tito Núñez Silva sobre el autor de “Aguas Negras”;los trabajos sobre Morón, Guerrero y Prieto Figueroa, sirven de mapas camineros a la hora de trazar una línea maginot para situar a un autor joven como Pereira Meléndez.
Para Miguel Prado, buscar en las profundidades abisales del lenguaje de Pereira Meléndez, aislar y dar sentido y comparar esos hallazgos con piedras preciosas, con señales de Borges, Pessoa, Kavafis, Blas Perozo Naveda, Tito Núñez Silva, Eddy Rafael Pérez; en su corpus poético primero desordenado y magmático; después sereno con menos burros de costura, para mostrarnos originalidad, lenguaje propio, decantado, con una fusión de estilos y cadencias, palimpsesto, como Ezra Pound en sus “Cantos pisanos” o el Kavafis de los escolios; este poeta -que es un griego ático- nos obliga a volver sobre poetas como Góngora, Donne, Montejo, Cadenas y el chino Valera Mora.
Buen libro el de Miguel Prado, ya era tiempo que el intelectual victoriano, mostrara sus armas de filósofo de la estética, para llenarnos de optimismo en un paisaje intelectual cargado de lisonjas y mal gusto, todo esto en el mayor derroche de riquezas que hayamos conocido en nuestro país.
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