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Ante la escultura 'La Piedad, de Miguel Angel Buonarroti.
Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Si digo mujer,
quizás pudiera pensar de inmediato
en la palabra amor,
o tal vez me detendría en el recuerdo materno
que llevo tan dentro;
o también pudiera verme como en un sosiego
entre rosas, besos, las pasiones desbordantes;
o acaso quisiera nombrar, definitivamente,
a esa joya magnánima de natura
que nos da vida en sus entrañas
y que nos hace renacer una y otra vez.
Si digo mujer,
no será por esos romances heridos,
los celos ardientes, las locuras pasajeras
o la fría indiferencia que te ahoga.
Quiero decir la palabra mujer,
sobre todas esas cosas,
para que entre sus letras estalle un enorme
resplandor que nos estremezca,
y entonces se haga presente esa inmensa piedad
que sólo en ella reina.
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