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Larry Hou y la princesa Brunilda (Juan Leandro Alzugaray)

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Allí es, dijo el dinosaurio, apoyando su mano en el suelo para que Larry y Brunilda pudieran bajar.
Una vez en el suelo, fueron saltando hasta la casa, y al llegar golpearon la puerta.
Un conejo con cara de osito chifulín les abrió la puerta y con una reverencia los invitó a pasar...
Pasen, les dijo, pasen... El mago Chin Chu Lín está soñando que no puede dormir, pero en cuanto se despierte estará con ustedes...
Ahh, dijo Larry, justamente ese es nuestro problema y...
En ese momento se escucho una voz cantarina que les dijo... "Precisamente por eso quise soñar que no podía dormir para ver que solución podía darles... - Era el mago Chin Chu Lin, un enanito simpático de 30 centímetros de alto y cara de atorrante.
Pensé que iba a ser más alto, dijo Brunilda
A veces, contestó el mago, depende de como me despierte a la mañana..., si me levanto contento mido como un elefante; si estoy enojado como un gigante y si estoy preocupado como hoy... soy un enano chillón...
¿Y porqué está preocupado señor mago?, preguntó Larry
Porque no podía encontrar solución al problema de ustedes, y eso que hace trescientos cincuenta años que la vengo buscando...
¿Y como se enteró?, ¿Y como puede vivir tanto?, ¿Y donde consiguió ese gorro de vikingo que lleva en su cabeza?...
Bueno, ¡Basta!, ¡Basta!, los chicos de la tierra siempre son muy curiosos, lo único que puedo decirles es que en el país de los sueños sabemos todo lo que les pasa a cada uno de los niños que viven en vuestro mundo y que todos los que aquí vivimos, todos, hasta el caracol de chocolate, vivimos para siempre ya que los chicos, al soñarnos, nos mantienen vivos en la ilusión. Pero... volviendo al tema, creo que tengo la solución!!!
Y dicho esto, de un salto fue hasta un armario que, como estaba cansado, se había acostado en el piso y abriendo las puertas sacó una bolsa de hojas de laudonio, otra de flores de floripondio, cuatro cajitas de limón rojo, escarpines de bebé elefante, un frasquito con lágrimas de sirena, un poco de polvo mágico y corriendo tiró todo esto más otros menjunjes en una cacerola gigante llena de líquido verde.
Así, el mago revolvió, revolvió y revolvió hasta que al decir unas palabras mágicas... (Humo. humito, humote, hazle caso a este enanote..., Humo tienes que salir, para que estos chicos puedan dormir...) algo comenzó a pasar... El líquido verde se convirtió en amarillo, luego en violeta, rojo, marrón, azul, blanco, hasta que por fin tomó un color hermoso, brillante, que solo se conoce en el país de los sueños y luego se transformó en un humo invisible, que el mago atrapó rápidamente en una bolsita.
Contento, Chin Chu Lín, le dio la bolsita a Larry y luego de esperar un ratito, en el que aprovechó para quedarse dormido, le dijo...
"Vayan a su casa, hasta donde puedo ver en tus ojos, ustedes tienen en la mesita de luz unos adornitos, bien, esos adornitos son el mejor escondite para el humo de los sueños, que se esconde de día y de noche, invisible, sale a pasear para hacer dormir y soñar cositas lindas a todos los chicos que los poseen. Cuando lleguen a su casa, Larry, ya que eres el mayor, mete todos los adornitos dentro de esta bolsa y dejalos ahí todo el día, hasta que el humo, que es un poco tímido, tome confianza y se meta de nariz en todos ellos. Verás que desde esa noche podrán dormir bien tranquilitos y felices gracias al humito que siempre los acompañará desde hoy y hasta que estén viejitos y arrugados como una pasa de uva.
De pronto, Larry y Brunilda se despertaron. Estaban cada uno en su correspondiente cama. Habían dormido muy bien y lo mas curioso es que los dos habían soñado lo mismo... o tal vez en realidad no lo habían soñado... nadie lo puede decir. Lo que si es real es que a partir de esa noche cuando Larry o Brunilda no tienen sueño llaman al humo de los buenos sueños y este aparece y dulcemente los acaricia hasta hacerlos dormir, no dejando que sus cabecitas sueñen cosas feas sino todas las cosas lindas que existen en este mundo, en el mundo de los sueños, en el reino de la fantasía y en la hermosa ilusión...
Y pirulines piruleños...
aquí terminó el cuento
del castillo de los sueños.




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Enviado por tantor2006 - 27/08/2009 ir arriba
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