Una señora muy humilde y de avanzada edad, estaba preocupada por llevarle un obsequio a la esposa de su querido hijo, quien cumpliría años precisamente al día siguiente; por ser la persona a quien guardaba mucho cariño y consideración, pues se sentía complacida por la paz y felicidad que supo cultivar con amor en su digno hogar. Su preocupación era mayor al no encontrar algo adecuado que podría ser de su agrado, además ella se caracterizaba por ser siempre muy detallista y original. Esa noche como todas, antes de acostarse oró mucho por la salud de toda la familia, ya en su lecho, meditando, se le vino a la mente la solución que buscaba; se levantó y sacó de su estante un objeto envuelto en papeles, era una hermosa olla que la había adquirido hace 45 años con el producto de las ganancias en el negocio que tenían con su querido y difunto esposo, en aquellos tiempos cuando esas ollas salieron al mercado fueron la sensación y el anhelo para adquirirlos por toda ama de casa. A pesar del tiempo transcurrido, la olla se mantenía intacta y reluciente por el escaso uso y esmero cuidado, habiéndose convertido en un objeto que apreciaba mucho por que le hacía recordar los mejores momentos de felicidad y también de dificultades vividos con su esposo y su sus hijos.
Al día siguiente muy temprano, se apersonó a saludar a la buena y apreciada nuera, le hizo entrega el regalo; la agasajada al descubrirla, no pudo ocultar la agradable sorpresa que estaba recibiendo, la estrechó fuertemente con un calido abrazo y departieron el día feliz en compañía de la familia. Cuando la nuera se enteró del valor sentimental que significaba la olla para su suegra, se sintió algo incomoda y comprendió el mensaje que quiso transmitirla, sabía que su esposo era su hijo predilecto y pensaría que su preciada olla ha de estar muy bien cuidado tan igual que en su poder. Por el valor cuantitativo quizá sea un insignificante regalo para muchos, pero para una persona de 82 años, que mantiene vivo el feliz recuerdo de aquellos momentos vividos en el mejor esplendor de su vida, sea talvez un gesto de incalculable valor cualitativo, mas por la dicha que sentía al ver la felicidad de su nuera y el orgullo que sentía un hijo agradecido de su querida madre.
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