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Un cuentito para los mas chiquitos
Las aventuras de papá oso y su osito bebé
Esa mañana, como todas las mañanas de sol radiante, papá oso y Ramiro, su osito bebé, paseaban de la mano por el bosque. Iban cantando, saltando y jugando carreras, aunque como Ramiro era muy rápido siempre dejaba a papá oso atrás.
Reían felices, cuando de pronto desde un montón de pasto que había cerca de un viejo árbol escucharon una voz chiquitita que les dijo: “Buenos días, ¿Cómo dicen que les va?” . Papá oso frunció su frente, tratando de ver de quien se trataba mientras que con su brazo grandote escondía a Ramiro detrás de él, para protegerlo.
Sin decir más y como papá oso no podía ver quien hablaba preguntó con voz de trueno: “¿Quién anda ahí?, ¿Quién se atreve a molestar el paseo que estoy dando con mi osito?” Perdón, papá oso, soy yo, dijo la vocecita, doña hormiga, ¿Cómo dice que les va?
Hola doña hormiga, dijo papá oso contento dejando que Ramiro, curioso, se asomara entre los pastos para verla.
¿Qué anda haciendo Ud. doña hormiga?, mire si no me avisa y la piso, entonces en vez de doña hormiga iba a quedar doña puré de hormiga!!!
No, papá oso, lo que sucede, dijo la hormiguita, es que salí de mi casita para avisarle que tenga cuidado con Ramiro, ya que en el bosque están pasando cosas raras...
¿Cosas raras?, dijo papá oso, ¿Cosas raras como comer fideos con chocolate?
No, más raras, dijo la hormiga
¿Muy raras como usar sombreros en los pies?
No papá oso más raras todavía...
¿Mucho mas raras como caminar con las orejas?
No, lo que pasa es que detrás de aquellos árboles gigantes se escuchan ruidos raros...
¿Ruidos raros como de un elefante con hipo?
No, papá oso, más raros...
¿Más raros como de una cotorra afónica?
No papá oso, bueno, ya me cansé, dijo la hormiga, solo quería decirle que tenga cuidado con Ramiro, tengan ustedes una muy buena caminata!!!, y dicho esto se metió en su casita.
Papá oso no le tenía miedo a nada en el bosque, pero por las dudas agarró a Ramiro y lo subió a cocó y así, mientras Ramiro le arrancaba los pelos de la cabeza y lo despeinaba matándose de risa, papá oso comenzó a caminar hacia el lugar que doña hormiga le había señalado.
Cuando ya estaba más cerca, pudo entender que lo dicho por doña hormiga era cierto ya que se escuchaba muy claro unos ruiditos que decían así: crunch crunch crunch...
Papá oso caminó despacito como si fuera pisando huevos de urraca flaca y se asomó detrás del árbol más grande, pero no vió nada. Entonces Ramiro, su osito bebé, comenzó a dar grititos de alegría y a estirar sus manitos al cielo. Tanta alegría demostró Ramiro que papá oso miró hacia arriba y allí la vió, era Aurora, la vaca voladora, que tenía enredada la cola en una rama y no podía salir.
Papá oso quería ayudarla, pero por más que él era grandote no llegaba hasta la rama, estaba muy alta. Mientras Aurora seguía haciendo ruido “Crunch, crunch, crunch”. Eran los ruiditos de su boca mientras masticaba resignada las hojas del árbol que la tenía atrapada.
Nada se podía hacer y cuando parecía que Aurora se iba a quedar atrapada hasta ser abuelita, de pronto Ramiro, que era un osito muy valiente, se trepó a un viento que pasaba distraído por ahí y así voló hasta la rama y le soltó la cola.
Aurora agradecida lo llevó hasta los brazos de papá oso y le dio 20 litros de leche chocolatada, ya que cuando estaba contenta daba leche con chocolate.
Fue entonces que Aurora salió volando por los cielos con la cola como hélice, mientras que con dos de sus patas saludaba a papá oso y a Ramiro que la miraban desde el suelo.
Y así papá oso abrazó a Ramiro, su osito valiente y después de darle muchos besitos de ñaricita, siguieron corriendo y jugando hasta que el sol se fue a dormir.
Y remolacha o zanahoria, preparate para la próxima historia...
Te quiero hijito
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