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Fuente: http://riuryk.blogspot.com/
Si eres forastero y piensas visitar Sevilla en Semana Santa, conviene que sepas que te vas a encontrar con una serie de personajes de nuestra flora y fauna hispalense que deben estar presente en toda bulla (en el sentido de gentío) que se precie, o si no la bulla no es tal. A continuación paso a enumeraros la lista:
Viejas tempraneras: son aquellas señoras de avanzada edad que se reúnen en la puerta de la capilla para ver salir el Paso. Generalmente suelen ir en grupos de tres. Son las primeras porque para eso llevan allí esperando estoicamente dos horas, apostadas en la puerta. Viven de eso, así que son muy previsoras ante la bulla. No en vano llevan como equipamiento adicional el abanico y la sillita de playa para la larga espera. Suelen ir bastante emperifolladas y llevan encima un olor a pachuli que cuando llevas al lado una hora esperando, ya se te ha metío en los sentíos y no sale hasta pasadas varias horas. No llevan programa de Semana Santa porque sólo salen a ver la de su barrio, así que ya se conocen los itinerarios, horarios y entresijos mejor que el Hermano Mayor. Como punto positivo decir que, con un poco de suerte, te enterarás esa misma tarde de algunos manidos asuntos del corazón, si uno anda últimamente poco puesto en ellos. Al menos, la información se agradece.
Señora con carrito: esto que no falte. Es imprescindible. En medio del gentío, de la bulla, donde no cabe ni la cabeza de un alfiler, donde si te descuidas, el de detrás le está dando bocaos a tu bocadillo... allá que se abre de repente la multitud tal cual abrió Moisés (Chaltonjeston) el Mar Rojo en Los Diez Mandamientos y aparece una señora con un carrito de bebé. Vamos, que digo yo que manda huevos que la tía meta a la criaturita allí para ver ella el Paso. Lo que me fascina de esta situación es cómo se puede meter un carrito por donde hace tan sólo cinco segundos parecía que no cabía nada. Este personaje suele ir mirando hacia el frente, pocas veces hacia el suelo, por lo que va arrollando todo allá por donde va y te hace polvo los tobillos con las ruedecitas del carro. Muy peligroso enemigo, ya que, al no haber espacio, es muy difícil esquivar. La variante más temible es cuando el niño ocupante del carrito lleva una piruleta, chupa-chups, algodón dulce o similar, ya que, además del porrazo en los tobillos, hay muchas probabilidades de que nos manchen el pantalón, según se desprende de Las Leyes de Murphy.
Larguirucho: en España la media de altura no es muy elevada, como sí que es habitual en los países nórdicos. Hay poca gente alta, en términos relativos, con respecto al total de la población. Además, habiendo tantísima gente en la calle, es mucho menos probable que tengamos a alguien alto al lado... ¿sí, verdad? ¡Pues una leche! Siempre, no sé cómo pero siempre, se nos pone un tío grande delante que, por supuesto, nos anula la visión. Miras alrededor y no ves a nadie semejante en estatura y claro, entonces nos hacemos la pregunta del millón: pero con la de gente que hay, ¿por qué c... me tiene que tocar siempre a mí?. Tienen la rarísima habilidad (parece que tengan ojos en el cogote) de que, cuando has encontrado un huequecito para mirar, por la izquierda, el tío se mueve a la izquierda, miras por la derecha... el tío se mueve pa la derecha. Poco podemos hacer ante este personaje, pues no es nada recomendable enfadarse con él, dadas las dimensiones del individuo.
Caballero con niña a hombros: es de los más irritantes. Son personas que parece que se crean que están solos en la calle. Te suben a la niña a hombros y ¡hala!, los de atrás que se j...n. Tampoco le digas nada porque encima te dicen:
- ¿Quéh quiere? Tendrá que ve la niña, ¿no?
¡Ea! y ¿qué vas a hacer? ¿Largarle un guantazo con la niña a cuestas? Paciencia con él, sobre todo. Es fácilmente reconocible desde lejos ya que la niña o carga suele ir ataviada con vestido blanco estilo comunión y lacito de raso en el pelo. No falla.
Atropellador: es la típica persona que va por la calle en plan Harry el sucio, importándole poco la aglomeración. Él pasa, empuja, pisa, empuja otra vez, gruñe, atropella, salta, esquiva, vuelve a empujar, mira mal, apesta a sudor, cecea y dice tacos. Tiene una pinta de mangante que te cagas. Altamente peligroso. No decirle ni pío, que pasa pronto y todo se olvida. Decirle algo es tenerla con él, y de las gordas. Tras tropezarse con este personaje, no olvidar revisar si la cartera sigue en su sitio.
Conductor despistado: generalmente forastero, porque si no, no me explico cómo alguien tiene c...s de meter un coche por donde pasa una Procesión. Va en sentido contrario de donde va todo el mundo, cómo no, y la gente le lanza mensajes del tipo ¿ande vaaaaaaaaaaa?, ¿ande quiere meterte, cohone? y demás cosas por el estilo. Hay que andarse con mucho ojo pues uno no se lo espera y corre el riesgo de endiñarse un castañazo con el capó. Claro, no hay más que gente y gente y gente y más gente... y de repente se abre todo el mundo y ¡hostia, cuidao! Mucho ojito, pues.
Capillita: personaje típico semanasantero sevillano. Es el tío que más sabe de Semana Santa del mundo entero. No hablo ya de los horarios e itinerarios (que eso es como el valor al soldado, que se le supone), sino que te recita de un tirón quién le talló la mano a qué Cristo o quién restauró la imagen en 1.921 o de qué capilla salía antiguamente la Virgen y demás vicisitudes que no recuerdan ni los viejos del lugar. Pues el capillita se las sabe. El uniforme reglamentario es pantalón de pinza y blazer azul marino con botones dorados (también puede ser traje completo azul marino pero la chaqueta debe ser blazer para ser un auténtico capillita), con camisa clara y corbata oscura, pin dorado de la Hermandad de la que se sea en la solapa de la chaqueta y gomina, mucha gomina. El capillita no necesita programa de Semana Santa: se lo sabe de memoria. A veces lleva un auricular en la oreja, enchufado a alguna radio, para no perder detalle de todo lo que está sucediendo en otro punto de la ciudad. Si viene con nosotros, puede llegar a ser pedante; sin embargo, si tenemos la suerte de pegarnos a alguno que esté cercano, tendremos la ventaja de enterarnos de toooooodo lo concerniente a la Cofradía que estamos viendo, mejor incluso que si consultáramos una enciclopedia especializada. Abundan durante toda la semana pero más el Domingo de Ramos. Ser un capillita no es fácil: se requieren muchas horas de estudio y visitas a iglesias para convertirse en uno. Aunque no están muy bien vistos por el resto de mortales, un buen capillita es muy respetado en los círculos cofrades.
Guiri: más perdío que una cabra en un garaje. El equipamiento reglamentario consta de: chanclas de cuero, calcetines (a ser posible de color y/o con rombos), pantalón corto, gorrita o, en su defecto, sombrero estilo explorador (para él y para ella), mochila y mapa de la ciudad. Por norma general, preguntan por alguna calle céntrica que, si hay algún momento del año en que es prácticamente inaccesible, ése es precisamente ahora.
- ¡Ofúuuuuuuuu! Pos pa llegá allí vah a tené que andá un rato, ¿eh? ¿No ve que ahora está to cortao con loh pasoh?.
Pobrecillos, todos los años igual. Esta especie es totalmente inofensiva y echarles un cable tampoco estaría de más. Bastante tienen ya los pobres con tener la piel como un tomate maduro de soportar 40 grados en el mes de Abril, con lo bien que se está en esa época en Suecia...
Bueno, con esto espero haberos orientado un poquito con respecto a lo que es nuestra Semana Grande.
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