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Extraido de mi libro 'Cosas que pasan'.
Genaro era un hombre normal de mediana edad y murió como vivió, normalmente, sin aspavientos, ni mire usted que me duele aquí o allí, se murió como se muere la gente o como nos moriremos todos un día u otro, pero tranquilos, hoy hablamos de Genaro y Genaro se murió, o la diñó y ya esta. Así que lo llevaron a su casa y lo pusieron en su cama lo mejor que pudieron y al poco rato comenzaron a llegar los vecinos, porque eso si, para eso somos solidarios de cojones. El tío ya se ha muerto, por lo tanto automáticamente deja de ser competencia, Total, que comenzó el velatorio. ¿Que no acudieron a ninguno? Pues no pierda más tiempo hombre, en cuanto tengan ocasión vayan a uno. Conocerán del muerto todo lo bueno que hizo en la vida, pero eso no es lo interesante. El muerto, ya está muerto, ni te va a hacer daño ni tú se lo puedes hacer a él. Lo interesante está en los vivos. Si observas al personal vivito, te darás cuenta que aunque la muerte cercana nos recuerda nuestra fragilidad, ni por asomo pensamos un segundo, que un día nos veremos como Genaro. Que se muera Genaro es normal, para eso somos humanos, como Pepe, Juan Antonio, pero a nosotros no, ¿como coño nos va a pasar eso a nosotros?
Hace mucho tiempo que no asisto a bodas, bautizos ni entierros. Coño, a bodas con decir que no fui ni a la mía y a la comunión y el bautizo no me preguntaron nada, me llevaron a la fuerza y me ponen un nombre con el que yo nunca he estado de acuerdo, no disponía aún de mucho conocimiento cuando me preguntó un niño mayor: ¿ y tú como te llamas ricura? Y yo, inocentemente, casi sin atreverme, le dije: Antonio. Y comenta el mamón mirando para otro lado: haces bien, para cuatro días que vamos a vivir. Lo que me faltaba, así que cuando llegue a mi casa le dije a mi madre: -! Mama, yo quiero cambiarme el nombre!- ¿por qué cariñito? Con lo bonito que es. -porque no me gusta.-bueno, no te enfades, desde ahora te llamaremos Toni,. -¿qué? Eso, ni hablar,. -¿ porque?- Porque me suena a mariquita. -Bueno, pues Toño. - Eso menos.- ¿pero porqué? -Mama, el nombre de una persona le condiciona la vida para siempre. - Pero quién te ha dicho esa tontería. - Pues hace un momento un niño en la calle. Antonio, vaya vulgaridad, ¿dónde pretendes ir con ese nombre chaval? Y lo peor es que tiene razón, Antonio, Antonio. - Pues hijo, como Marco Antonio, como Antonio... bueno no me acuerdo de mas Antonio importantes, además, así se llamaba tu abuelo, que bien alto y guapo que era.- Vaya por Dios, mama, ¿pero yo no tenía otro abuelo? – Si. - ¿entonces
porqué no me pusisteis su nombre?- Ya te lo pusimos, también se llamaba Antonio.
-Mama, pero si tu me has dicho siempre que me lo pusiste por tu padre y así fue, o sea ¿que por el padre de mi padre no ha sido?- Hombre, también.- Eso,
cómo lo de los dos pájaros de un tiro, ¿no? - No, ni hablar, tú te llamas Antonio por mi padre, que era tu abuelo. -¿y el otro no era mi abuelo?
-Hombre también, pero no tanto. -¿pero como que no tanto? ¿Era mi abuelo, o no era mi abuelo?- Mira niño que me dejes, que los abuelos, abuelos, son los padres de la madre, los otros son otra cosa como… más extraña, más lejana.
Perdón, me he ido un poco del asunto, ¿por donde íbamos? Ah, si, con el velatorio, como os decía, mi mujer y yo hicimos un pacto hace mucho tiempo: no iríamos jamás, se tratara de quien fuere, a un bautizo, una boda, o un velatorio, bueno a ningún acto social con el que no estuviéramos de acuerdo.
Porque ya me dirán ustedes. ¿Quién tiene doscientos amigos? Si los que tenemos mucha suerte, a veces tenemos uno, cuatro o cinco amiguetes y un montón de conocidos.
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