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Fuente: http://riuryk.blogspot.com/
Vamos a hacer una pequeña y sutil distinción entre lo que es la bulla (en el sentido de gentío) y el atasco o aglomeración:
1º. En un atasco suele haber un grupo concreto de población, por ejemplo, un atasco de tráfico. Aquí hay hombres y mujeres desde los 18 años hasta, digamos, los 50 y, además, también hay gente de más de 50 años, principalmente hombres. En una bulla no; en una bulla hay gente de todas las edades, desde niños de meses hasta ancianos de 80 años. Vemos, pues, que la bulla es, por así decirlo, más popular, menos selectiva.
2º. Un atasco (o aglomeración) nos sorprende. Nos coge de improviso. Es algo que no se espera y de repente ¡zas!, te encuentras en él. Una bulla se busca; no sólo se busca sino que se premedita con meses de antelación. Frecuentemente concurre el agravante de la nocturnidad.
3º. Como consecuencia del punto 2º, ocurre que para un atasco no vamos vestidos de ninguna forma especial. Es más, lo más seguro es que nos pille sin peinar, sin pintar (en el caso de las mujeres) y, muy probablemente, con la ropa (sudada) del trabajo. Para una bulla vamos con nuestras mejores galas, y que no falte el perfume... que apestemos a perfume, vamos.
4º. Cuando estamos en medio de un atasco, estamos deseando salir de él a toda prisa y encontrarnos en otro lugar, lejos de allí. Con la bulla ocurre todo lo contrario. Ya que está más que premeditada (ver punto 2º) y encima que nos hemos gastao una pasta en los zapatos que llevamos (ver punto 3º) no es para salir pitando. O sea, que nos gusta estar allí y no queremos irnos. Pensamos quedarnos varias horas, como poco.
Llegados a este punto, espero que tengamos claro lo que es un atasco y lo que es una bulla. Pero por si acaso, aquí os voy a dejar un claro ejemplo de lo que es una bulla sevillana con todas las de la ley: la Semana Santa.
Ese Domingo de Ramos, que no hay nada más que uno al año, ¡uno! Trescientos sesenta y cuatro días esperando ese domingo... como para no premeditarlo, vamos. Y sí, claro que se planifica con meses. Ese día es que no queda un alma en su casa. Ya sé que cada uno tendrá su día preferido (generalmente en el que sale su Cofradía) pero es que ese día es muy especial. Todos, todos arregladitos, tan monos... con zapatos nuevos, bolsos a juego, vestidos elegantíiiiiisimos, que parecen sacados de alguna boda... Y allá vamos, a la bulla, a ver alguna Cofradía en la calle, que llevamos un año esperando. Y cuanta más gente, mejor. Es más, si no hay gente no gusta. Si hay bulla es por algo, así que allá vamos nosotros.
Lo que ocurre es que el comportamiento de la gente en mitad de una bulla es de lo más curioso: la gente se pone violenta, a la defensiva. Es como si estuvieran deseando que dijeras o hicieras algo para buscar discusión. Esta señora que está ahí, bien plantada desde hace ya una hora, y justo cuando se acerca el Paso, llega una y se le pone al lao, casi ya delante... y aquélla que empieza a mover el bigote, mirando de reojo, hasta que no puede más:
- Oye, aquí delante no te vayah a quedá, bonita... hombre, que llevo yo aquí ma de una hora pa que tú te me ponga delante, vamo, digo...
O esa otra escenita en que se abre un pequeño pasillo entre la bulla, una grieta, como yo lo llamo, y entonces empieza a pasar todo el mundo que está al otro lado, y se rozan cada vez que pasan y empujan y piden paso... hasta que ya te hartas y te pones en medio de la grieta, con cara de mala leche y mirando a algún balcón, como quien no quiere la cosa, tapando el agujero, y el hombre que se ha quedao justo delante te dice educadamente, eso sí:
- Disculpe, ¿me permite, por favor?
- No, es que por aquí no se pue pasá, ¿sabe usté? Es que ya no hay ma sitio. Pase por otro lao
Y mandamos la grieta pa otro lao. ¿O no es verdad?
Y es que entre tanta gente hay de todo.
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