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Para no olvidarse de ciertas vivencias...no tan lejanas de nuestros días.
Recuerdo los Jueves. Días de mercado en el pueblo.
Para algunos,día de fiesta y jolgorio.
Para otros... medio de supervivencia.
Como cada Jueves, las familias del entorno se desplazan al pueblo hacer sus compras.
Es un desfile variopinto. Existen varias clases sociales.
Los más humildes, al rayar el alba, se disponen a cargar la leña en sus borriqullos, y ponerse en marcha caminando trás él animal, dispuestos a patearse los diecisiete kilómetros que les separan del pueblo.
Si hace frío, tan sólo disponen de viejas y raídas vestiduras, y si es el calor sofocante, siguen aguantando impertérritos las inclemencias del tiempo- entre otras cosas.
A medio camino, les adelantan los que se pueden permitir ir montados en sus mulos, burros o carros.
Con su reata de burros caminan en fila por el arcén, con cierto temor a ser atropellados.
Al llegar al pueblo, tendrán que ir por las calles en busca de alguien que se interese por su venta.
Si la suerte les sonríe, tendrán dinero para poder comprar suministros para la semana.
Es su medio de vida. Durante la semana buscan la leña necesaria para reunir suficiente carga y, digamos que el Jueves es el día del cobro.- si tienen suerte- por que hay gente que aprovechando sus circunstancias, les regatean al máximo has el ultimo real.
Cuando estas pobres personas reúnen el poco dinero que pueden para hacer sus compras, casi es medio día.
Así, que mientras otros están de francachelas disfrutando del día de mercado, ellos tienen que darse prisa en coger los suministros, para que no se les haga de noche de vuelta a casa.
Son conscientes de las tres horas de camino que tiene por delante. Aunque ahora van más sosegados por que al menos podrán compartir su montura, y será menos duro el camino. Siguen su ruta con la mente puesta en la próxima semana.
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