|
No entiendo porqué los cristianos celebran el nacimiento de Jesús haciendo tanta fiesta y la resurrección con más luto que regocijo.
¿Qué nació el hijo de Dios?
Bueno, bien.
¿Y?
De hecho no había ninguna prueba de que fuera Él.
Sin embargo la resurrección sí tendría que ser una gran y memorable fiesta.
¡¡Jope, según El Libro, dio la vida por nosotros y consiguió resucitar!!
¿Y lo celebramos con luto?
Pero si ya está resucitado, ¿por quién llevamos luto?
¿Y cuando José y María iban de puerta en puerta y nadie les habría para que María pudiera dar a luz?
Eso sí es un motivo para llevar luto.
¿Y cuando todas esas personas que les negaron morada la noche anterior, el día siguiente les regalaron ovejas, pollos y demás?
Eso también es un gran motivo para llevar luto.
Al fin y al cabo nacer sabemos hacerlo todos, pero resucitar sólo Él y Lázaro, claro.
Odio las navidades.
Sí ya sé, sé que no soy la única que se muestra escéptica ante estas fiestas, pero quizás sí sea la única que se haya decidido a publicarlo.
Odio que ese señor que ayer me pasó por delante, casi rozándome y que ni siquiera se molestó en dirigirme una mirada, hoy se pare y me diga con su falsa sonrisa:
-‘Feliz Navidad’.
Que me regalen una cesta con cuatro turrones que no son de mi gusto y dos botellas de vino que no voy a beberme yo; un golpecito en la espalda que no soporto y un ‘Feliz año nuevo’ que les importa un carajo si voy a tener o no, mientras dibujan un asqueroso pensamiento en su mente:
-‘Jodida, no hagas excesos que el lunes te quiero perfecta para poder trabajar el doble y ganarte así los put… turrones’.
-‘Eres más rancia que un jamón de diez años’.
Eso me dijo mi compañera de trabajo, cuando el día 31 nos despedimos hasta el día 2.
¡¡¡Jope, que nos vamos a ver pasado mañana!!!
¿Para qué dos besos y un ‘Feliz año nuevo’?
¿Es que no piensas volver el viernes?
No me entendió, pero el caso es que yo a ella tampoco.
En el almacén hablan de la crisis a todas horas.
Desayuno crisis, almuerzo crisis, como crisis, meriendo crisis y ceno crisis… pero claro, como es Navidad vamos a comprar unos numeritos de lotería por si toca.
Ninguno de mis compañeros podía creer que yo no quisiera lotería. Por más que les dijera que nunca juego a nada, para ellos fue un crimen no comprar un décimo.
No me entendieron, pero el caso es que yo a ellos tampoco.
¿Y los regalos?
Dicen que les estropee el juego del amigo invisible porque no quise participar.
¡Anda ya!
¿Porque nació Jesucristo voy a hacer un regalo a una persona que no conozco de nada, de la cual no sé los gustos, ni el sentido del humor y encima habiendo CRISIS?
Es más ¿quién carajos me va a regalar nada a mí, si no me conoce y no sabe mis gustos, ni mi sentido del humor?
Sí, soy muy mala.
No dejé que colgaran motivos navideños en la oficina, tampoco los colgué en casa.
No compré regalos, tampoco los recibí.
No compré lotería y por tanto no me tocó.
No canté villancicos, ni los escuché.
No desee felices navidades y en cambio si las recibí, aunque no tantas como el año pasado (se ve que la gente empieza a conocerme).
No di las gracias por la cesta y tampoco le devolví la sonrisa a ese señor que me felicitó.
No me comí las uvas durante las campanadas, tampoco me puse la prenda roja, ni hice el ridículo intentando guardar el equilibrio sobre un solo pie mientras bebía un trago de cava con un anillo de oro dentro de la copa… y… ¡¡Sigo viva!!
Me siento incomprendida, pero lo más fuerte del caso es que no comprendo nada.
¿Qué es el espíritu navideño?
¿Por qué la familia se reúne en estos días aunque no se soporten?
¿Los otros días del año no son familia?
¿Por qué hacen esos excesos dejando acojonada la cartera del pantalón si no tienen un céntimo?
¿No sería más saludable para todo comer pollo a la plancha que cochinillo al horno?
Hay tantas cosas que no entiendo, que prefiero cortarlo aquí, pues seguramente ya empiezo a cansar a la peña.
No voy a despedirme sin antes desearos unas felices ‘nonavidades’ llenas de cordura, sin excesos, sin avaricias, sin egoísmos, sin mentiras, sin falsedades…, en resumen, que vuestras ‘nonavidades’ sean, en la medida de lo posible, lo menos parecidas a las Navidades.
Hasta más leer, hasta más escribir.
|