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Es Conveniente considerar todos los aspectos del asunto, antes de tomar una decisión.
A medida que pasa el tiempo, la idea de que el divorcio es la mejor opción para terminar con los problemas del matrimonio, está cada vez más generalizada, sin embargo; hay varios aspectos que las parejas no consideran cuando discuten los “términos” de su separación.
Los problemas no se terminan, frecuentemente solo se pasa a otra etapa en la que inclusive, se agudizan y la situación empeora, solo que ahora; separados.
Independientemente de cuales fuesen las causas que originaron la decisión, de uno de los dos, o de ambos; de liquidar la relación de pareja, éstas mismas causas y otras diferentes provocarán nuevas controversias, en las que invariablemente los hijos y hasta otros familiares allegados, llevarán la peor parte, y esto obedece a una razón muy simple, el que considere afectados sus intereses, (económicos, sociales, familiares o laborales) difícilmente lo va a aceptar y desde luego, no va a cruzarse de brazos, en la primera oportunidad tratará de “equilibrar” la situación tomando ventaja en cualquier nuevo asunto que se dispute, y esto se repetirá una y otra, y otra vez, convirtiendo la situación en un muy lamentable círculo vicioso, en otras palabras; si como pareja no se ponían de acuerdo, como ex pareja, menos.
Los hijos regularmente se convierten en rehenes y mercancía en disputa de los padres y de las familias de estos. El mal sabor de boca que frecuentemente le queda a los miembros de una pareja recién separada, provoca que inconsciente o deliberadamente rehuyan a los encuentros entre sí, o que estos se den en forma muy aislada “ para evitar problemas”, lo que regularmente sucede es que los hijos que se quedaron con uno de los dos, no vean al otro; más que “cuando se pueda” y el problema es que cada vez se puede menos, debido a los nuevos compromisos de uno y otro, en lo que consideran y no sin justificación que es su nueva vida.
¿Y los hijos? Ah, ellos “lo van a entender cuando sean grandes” pero mientras esto sucede, ven cada vez en forma más aislada al progenitor que ya no está con ellos, y no en pocas ocasiones al que le tocó la custodia, por aquello de que “hay mucho trabajo y otras actividades” además de “no tener quien le ayude”, y como es de esperarse los hijos se la pasan solos o al cuidado de familiares, vecinos, guarderías o servidumbre, y por supuesto; a quien le toca esa responsabilidad y privilegio de quedarse con los hijos, se la pasa quejándose amargamente de que es “Padre y Madre”.
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