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El día era radiante, lucía el sol, el mar estaba en calma. A su alrededor todo parecía perfecto, pero ella no se sentía ni mucho menos perfecta.
Aunque ya tendría que estar acostumbrada, se había llevado un nuevo desengaño, un rasguño, aunque superficial, había surgido en su corazón. En realidad no había ningún motivo razonable para ello, pero, por más que intentara parecer dura e indiferente le dolía. Sentía que habían jugado con ella, con sus sentimientos y eso la hacía pasar de la rabia al enfado, del enfado a la tristeza, de la tristeza a la auto compasión y vuelta a la rabia.
Miraba alrededor y no entendía porque tenía que sentirse así. Porque era tan fácil lastimarla? Intentó evadirse sintiendo el sol en su piel, pero seguía mirando alrededor en busca de algo, aunque no identificaba que era.
- Aquí no hay nadie para mí.
Se odió a si misma por seguir manteniendo la esperanza de encontrar a ese alguien que se fijara en ella, que se detuviera en su cara, en su cuerpo, durante más de 15 segundos.
- Como se va a fijar alguien en mi con la cantidad de chicas jóvenes que hay por aquí?
Se tumbo en la toalla mirando al cielo y no pudo reprimir lágrimas de desaliento, sabía que no debía hacerlo. El no se merecía ni una de sus lágrimas, pero no lloraba por él, lloraba por ella. Porque en el fondo de su ser se sentía sola y anhelaba amor y cariño, amistad y conversación. Compañía.
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