| |
 |
| |
¿Nos falta un gen? |
Rafael Pérez Ortolá |
 |
|
Páginas: ·1· [2] [3] |
 |
 |
|
No es necesario ap...r al cientifismo imperante. No sólo lo justifican todo, sino que desdeñan cualquier otra orientación del conocimiento. Esto siendo suaves en la apreciación porque alcanzan expresiones rayanas en el insulto cuando hablan de los creyentes en opciones subconscientes o no explicadas totalmente por la razón.
Los avances científicos abundan y cada despertar nos trae nuevos descubrimientos. Técnicas de lo más diversas nos ponen de manifiesto la PARADOJA del SER HUMANO. Desenca-denantes de las más potentes estructuras y tan frágiles cuando nos viene un mal aire.
Uno de los conocimientos más en boga, por sus múltiples novedades, es el de la GENÉTICA. Ahora se descubren genes de todo tipo, abriendo mil posibilidades para soluciones terapéuticas, mejoras a nivel alimentario y no faltarán manipulaciones perversas.
Es bueno incrementar la tasa de conocimientos, pero eso no impide percibir al instante las limitaciones con que nos encontramos, esta es una constante fiel. Se descubre un gen de la obesidad y enseguida se aprecia que funciona de forma diferente en hombres o en mujeres, jóvenes o mayores, con el ejercicio físico o el de sillón, según el estado de ánimo de la persona y seguramente, depende también de otro buen número de variables. Se adelanta algo y a la vez se abren incógnitas. Los descubrimientos vuelven más intrincado el asunto con más frecuencia de la que quisiéramos.
Por lo tanto, bien está el espíritu investigador, insaciable búsqueda. Su campo de acción queda constreñido a lo concreto y quizá eso sea debido a la dificultad de calibrar lo más abstracto. Soslayar esos aspectos ambiguos no los elimina de la naturaleza humana, simplemente convierte a la ciencia en cuestión como una actividad parcial y recortada. No llegan a las realidades abstractas.
Ahora bien, echo de menos una ciencia en general y una genética en particular, menos engreídas y con un mayor grado de sinceridad al hablar de las limitaciones. Por lo menos, esa actitud contribuiría a situar en su justa ubicación al nivel de conocimientos adquiridos. La gente menos entendida no sufriríamos tantos deslumbramientos por falsos soles, aunque así la manipulación toparía con personas más asentadas y eso no conviene a muchos.
Ahí tiene su real sitio esa MODERNA GENÉTICA que mencionaba. Recalcando las incongruencias o utopías propias de los estudios científicos, como mínimo podemos soñar ¿debemos? con el atractivo de otras genéticas menos científicas y más irónicas quizá. Y todo bajando un poco del pedestal, con un gesto más sobrio, adoptanto un talante de cercanía que nos permita comprendernos mejor, asimilar nuestras esencias, con arte y salero.
En las ciencias sociales se habla mucho de un ejemplo paradójico, se trata del gen EGOÍSTA, gran desconocido a nivel molecular y ubicuo en cuanto a expresión diaria. Tuvo un gran acierto quien lo denominó así, incluída la ironía del gen desconocido. Si lo tenemos todos por igual tampoco tiene tanta repercusión porque supondrá sin más un factor de igualdad. Ya provoca más irregularidades la presencia o no de otros genes.
|
|
 |
| |
Páginas: ·1· [2] [3] |
| (28/07/2004) |
 |
 |
| Fecha: |
28/07/2004 |
| Visitas: |
12738 |
| Valoración: |
7/10 |
| Votos: |
3 |
| Recomendaciones: |
7 |
| Opiniones: |
1 |
| Impresiones: |
130 |
|
|
|
|
 |
|
 |
|
|
 |
| CITA |
Hay una especie de vergüenza en ser feliz a la vista de ciertas miserias. (Jean De La Bruyere) (Citas)
|
|
 |
|