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La leyenda de Ojos de Luna y Corazón de Sol |
joaquin piedrabuena |
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| un cuento de joaquin piedrabuena |
En un pueblito muy lejano, alguna vez, hace muchos años, nacieron el cacique Ojos de Luna y la princesita Corazón de Sol.
Ambos vivieron juntos en la infancia. Disfrutaban del placer de ser niños. En esa etapa, los problemas del futuro no estaban hechos.
Ojos de Luna jugaba con los pececitos de colores del río Wali. Se deleitaba en acariciarlos suavemente con su mano. A veces Corazón de Sol hacía lo mismo. Los dos tenían hermosos sueños.
Corazón de Sol se quedaba mucho tiempo viendo como el día luminoso se entregaba al atardecer. Le encantaba que el sol se encendiera en llamaradas de tonalidades rojizas. Y suspiraba luego, cuando aparecían las estrellas que, de a poco, corrían a ocupar su lugar en el cielo.
-“Soy la mas bella de las niñas de toda la tribu”, pensaba,-“porque vi nacer la primera estrella”.
No había en sus pensares arrogancia, sino la inocencia y la pureza que le daban las flores azules de los alfalfares. El brillo de sus ojos se lo dieron los trigales y una paloma rosada hizo nido en su pecho para no irse jamás. Sus amigas eran las mariposas que le acercaban miles de ilusiones de variado colorido. El pequeño Ojos de luna la observaba sonriente.
¡Que tiempos felices! Las lágrimas de aquellos indiecitos eran pocas y las que caían se confundían con el rocío cristalino que adornaba las rosas de la primavera, que en esos días duraba más.
Ojos de Luna alzaba la vista en las noches y veía, justamente, la luna de abril que El Grandioso Creador les había regalado a los seres de la tierra. Toda la creación la miraba con éxtasis por el solo hecho de estar allí, suspendida sobre el universo magnifico. Mas tarde los hombres, solamente ellos, la pisaron sin saber siquiera para que y la luna se sintió desencantada. A veces cae a los ríos para ver si puede comprender a los humanos y los ríos lavan sus penas para que no entristezca más.
Sin embargo, la felicidad duró unos pocos años. Un día llegó al pueblo la bruja de Los Caminos y envidiosa de aquella alegría que reinaba en los dos niños, los condenó a crecer rápidamente y los llevó a un lugar desolado donde nacían muchos senderos. Les vendó los ojos y valiéndose del dios Saxra, obligó a cada uno a emprender rumbos distintos.
La princesa Corazón de Sol viajó para las tierras llanas y el cacique Ojos de Luna, para las serranías del norte. Sus ojos estaban vendados y caminaron a tientas sin siquiera poder despedirse uno del otro. Ellos se amaban, pero como eran niños ni siquiera lo sabían.
No obstante la brujería comenzó a surtir efecto y crecieron, se hicieron grandes. Sus bocas perdieron la inocencia, y comenzaron a nacerles palabras duras, ásperas.
La cara fresca del ayer fue dando paso a las arrugas, su cabello empezó a buscar tonalidades cenizas. En el corazón se albergaron sentimientos extraños.
Cada uno fue avanzando por su camino. Encontraron manantiales de agua limpia y bebieron para calmar la sed. Se reponían y seguían avanzando. Sin embargo el dios Saxra los atacaba frecuentemente. Buscaban árboles para guarecerse.
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| Enviado por joaquinpoeta-01. (28/05/2008) |
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28/05/2008 |
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| CITA |
Buscando mi destino, concluyo por pensar que sólo en el buscar consiste mi destino. (Mario Sarmiento) (Citas)
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