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La señorita Marta |
joaquín piedrabuena |
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| mujer que has tenido miles de hijos, hoy te recuerdo desde mi nostalgia |
!#PAGINA1#!La maestra que quedó más arraigada a nuestro recuerdo fue la señorita Marta.
Siempre tuve mucho cariño por aquella mujer sensible y amorosa, ella nos estaba educando para afrontar la vida que se nos abalanzaba cada día con más prisa.
La vi varias veces emocionarse cuando disfrutábamos de un escrito. También al fallecer un amigo de ella de Capilla del Señor. Fue triste escuchar la historia de amor fraternal que la unía a ese ser querido que había perdido.
En otra oportunidad participamos de un concurso escolar en Pergamino. Obtuvimos una mención por una monografía acerca de enfermedades Hídricas. La señorita Marta era un alumno más con una euforia contagiosa.
Cuando nos nombraron desde la plataforma sentí su empujón en la espalda para ir a buscar una medalla del tamaño de una moneda de 50 centavos. Sin embargo, para nosotros, era grande como la luna de Abril. Es que fueron muchas horas compartiendo nervios y trabajo duro para lograr estar allí presentes.
Era de aquellas maestras que realmente se comprometían con sus alumnos. Se brindaba de corazón y hasta sufría cuando alguno se enfermaba o tenía algún problema.
Alta, de cabello más bien corto, se me viene a la memoria su enorme sonrisa que le inflaba los cachetes simpáticamente.
Nos contaba sus experiencias y así aprendíamos lo que nos esperaba en ese futuro que se aproximaba. En ese mundo que estaba cruzando la puerta de la escuelita Sarmiento
Una vez nos dijo:
-“Tomen por costumbre mirar el cielo por las noches, verán siempre cosas nuevas”
Desde aquella vez lo hice. ¡Y tenía razón nuestra querida maestra!
La belleza del cielo estrellado, escultor de poesías y sueños, se torna incomparable.
Mirándolo con tiempo, con detenimiento, podemos comprender la magnificencia de toda una creación prolija. Nada está puesto porque sí. Todo cumple una función. Todo es fuente de energía dinámica.
¿Quién después de mirar la luna y las estrellas no ha suspirado entrecerrando los ojos? Observando las noches estrelladas logré la calma que los libros de medicina no me pudieron dar… cuanta verdad había en las palabras de Marta. Quizás, fueron más allá de la ciencia.
Pero, ¡cuando no!, tuve que hacer una de las mías, con aquel ángel de guardapolvo blanco.
Preguntó un día la señorita Marta que literatura nos atrapaba más. Algunos contestaron: “Platero y Yo”, otros “Juvenilla”, “Mujercitas”, dijeron algunas compañeras.
Cuando llegó mi turno, el desastre.
Dije: “El Gráfico” (la revista de deportes). Lo hice para provocar las risas de mis compañeros varones.
No tuve en cuenta una cosa importante: la sensibilidad de nuestra maestra.
!#PAGINA2#!Mi desubicación tuvo pronta respuesta. Cualquier profesora de esta época apurada y despreocupada, hubiera fingido una sonrisa pensando por dentro, “que alumno idiota”, y la clase continuaría sin problemas; pero Marta no era así.
Me miró a los ojos y sus mejillas se enrojecieron, no decía una palabra y le brotaron lágrimas en sus ojos grandes y expresivos. Después de un instante, atinó a decirme:
-Jorge Leonardo, vos no podés responderme así, – y se cubrió el rostro con las manos; sollozando.
Claro, aquellas redacciones mías, esos sentires que ponía al escribir, hacían esperar otra respuesta de mi parte. Algo más acorde a la personalidad que habían formado esos siete años de escuela.
Me puse serio, miré a mí alrededor, y sentí deseos de correr hasta su escritorio y pedirle perdón. Arrodillarme, si fuese necesario. Pero no lo hice.
Vi el rostro de Ana María, de María Inés, de Mirta, de Susana, incluso el de Carmelo, aquel “Tano”, que solo con sus silencios me corregía. Comprendí enseguida mi error. Sentí vergüenza.
Callé, bajé la vista y me quedé viendo un corazón que alguna vez dibujé, sin querer, en el banco de clase.
Cuando salimos del aula, Marta se acercó y me dijo:
-No sé que decirte, Jorge, creo que exageré un poco. Al fin y al cabo, cada uno tiene su gusto.
-Señorita, le respondí, yo estuve mal. No es esa la literatura que me apasiona, en realidad quise hacer un chiste y me equivoqué. Le pido perdón.
La señorita Marta me abrazó con ese cariño natural y único que tienen las personas íntegras.
Yo estaba aprendiendo una lección que me brindaba una maestra que iba más allá de su profesión de docente. Una enseñanza que abriría mi mente y mi corazón.
En realidad era un principio que se opone al común: “Que me importa”, al “yo soy así, digo lo que siento”. Eso es parte del egoísmo humano.
En la vida no debemos expresarnos con tanta soltura como para herir los sentimientos de nuestros semejantes. Todos podemos opinar. Sin embargo es necesario examinar las palabras, medir las consecuencias y utilizar las frases para curar; no para lastimar.
Un profeta de todos los tiempos dijo: “Mientras callas, eres amo de tus palabras, cuando hayas hablado, serás esclavo”. Que cierto es. Cuántas veces nos arrepentimos de lo que decimos.
La señorita Marta siguió transitando los pasillos de aquella escuela que labró nuestras primeras experiencias en la vida. Siguió dando amor, ternura y cariño a sus discípulos.
Nosotros ya no éramos los pichoncitos de paloma que apenas insinuaban un aleteo. Estábamos pronto a desplegar las alas.
Aquella maestra, que se hizo señorita eterna en el recuerdo, nos estaba enseñando a volar.!#PAGINA3#!
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| Enviado por joaquinpoeta-01. (16/05/2008) |
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16/05/2008 |
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3) a J.P. - Juan_Medit01 - Id: 362892 IV=100 -
(25/05/2008 10:17) En mi caso se llamaba Mademoiselle Coutier, del Liceo Frances. Qué buena y cariñosa era... |

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2) Y casi nunca son suficientemente valorad@s - Manchego-1 - Id: 315723 IV=110 -
(16/05/2008 22:12) Yo creo que much@s de nosotr@s, si rebuscamos entre nuestros recuerdos de infancia, podremos reconocer a una de esas Srtas. Marta, aunque en algún caso se llamase Luis, Pilar o Lucas...
Afortunadamente han existido, existen y espero que sigan existiendo, aunque en las circunstancias actuales, lo tienen muy difícil, pues los alumnos de hoy cuando llegan a las clases, no lo suelen hacer con el espíritu de aprender de esas Srtas. Marta.
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1) Es bonito... - Mikel - Id: 331112 IV=110 -
(16/05/2008 01:20) ....que la gente se acuerde al cabo de los años de la personas que le enseñaron a volar.
Desde aquí , me descubro el sombrero ante la señorita Marta. |

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| CITA |
Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio. (François De Larochefoucauld.) (Citas)
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