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Lágrimas evaporadas |
Traviata |
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Había una vez una lágrima que no podía brotar.
Estaba siempre contenida en el interior de una mujer que no le permitía ir más allá de sus pestañas.
De vez en cuando, en los momentos de crisis profundas, como mucho, podía asomar un poco, pero la mujer, de inmediato, la obligaba a regresar de nuevo a su interior.
La lágrima, entonces, hacía lo que todas las lágrimas contenidas. Se iba al corazón, a lo más profundo, y allí se depositaba.
Poco a poco, fueron llegando otras lágrimas, y se fueron agrupando de tal modo que llegaron a formar una especie de cinturón que rodeaba y oprimía aquel corazón llegando a presionarlo de tal forma que comenzó a funcionar de un modo desordenado.
Esto llegó a ocasionar en la mujer una molestia tan grande, que, sin ella darse ni cuenta, enfermó. Un día, de pronto, y sin saber ni como ni porqué, la mujer sintió que ese corazón se le rompía por tanta opresión. Que iba a estallar. .
La mujer se sintió entonces muy mal, estuvo al borde del desmayo, y se asustó muchísimo. Sintió su corazón palpitar a tal velocidad que era alarmante. Y tuvo que pedir ayuda a los médicos.
Estos, bastante preocupados por cierto, comenzaron a realizarle todo tipo de pruebas, pero no hallaron ninguna irregularidad en aquel organismo. Tan solo un cúmulo de emociones contenidas que se hallaban tan apretadas dentro de la mujer, que no le dejaban un resquicio para respirar.
Todo su interior estaba tan comprimido que el paso de esa lágrima se cerró, y la lágrima, junto con otras nuevas que se habían incorporado, quedó allí aprisionada.
…Hasta que un buen día sucedió algo inesperado.
Todas las lagrimas a la vez se pusieron en marcha movidas por una extraña fuerza. Una fuerza impetuosa que las hacía engrosar y empujarse unas a otras a la vez que iniciaban un recorrido ascendente y con tal poder que arrasaban cuanto hallaban a su paso, limpiando todo aquel interior en el que, indiscutiblemente, algo había comenzado a entrar en ebullición.
Cuando las lágrimas llegaron a los ojos, su ímpetu era tal que arrasaron con aquellas pestañas que en otro tiempo fueran para ellas auténticas barreras.
Barreras que ahora derribaban sin dificultad movidas por aquella extraña fuerza. que las hizo saltar como el agua de una cascada, a través de las pestañas y los párpados, bañando el rostro de la mujer y descendiendo por su garganta y hasta por su pecho en medio de los tremendos sollozos de ella.
Cuando nuestra lágrima llegó a la altura del corazón, se detuvo un poco, ap...da en un extraño adhesivo y cables que alguien había puesto sobre la piel de la mujer, y pudo escuchar los ecos de lo que había sido la causa de aquella reacción tan tremenda.
Había sido simplemente la palabra. Alguien le había hablado a la mujer, y le había dicho lo que ella no se atrevía a pronunciar, porque, tan solo tenía miedo de su autentica verdad.
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| Enviado por Traviata-00. (27/02/2008) |
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27/02/2008 |
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| CITA |
Nada tan difícil como decidirse. (Napoléon Bonaparte) (Citas)
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