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De lo que platicaron Don Quijote y Sancho |
Juan Zamora |
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| Adaptación del guión radiofónico a MINI-TEATRILLO |
De lo que platicaron Don Quijote y su escudero Sancho sobre su futuro pastoril y la sabia resolución que tomaron
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(Una cenital y potente luz solar enfoca el centro de la escena)
(Suena una suave música de corte medieval, unos trinos de pajarillo y unos pasos lentos de dos cabalgaduras a diferente ritmo)
(Aparecen por un polvoriento camino don Quijote sobre su caballo y su escudero Sancho sobre su jumento)
(La música se mantiene suavizando su volumen)
Don Quijote: (Inspira con fuerza) ¡Válgame Dios, qué vida nos vamos a dar, Sancho amigo!.
Sancho: (Entusiasmado) ¡Pardiez, que me gusta tal género de vida!. ¿Y cree, vuestra merced, que en cambiando tan bruscamente de manera de vivir nos acomodaremos a tan sosegada vida, entre balidos de ovejas y cantos pajariles?
D.Q.: Has de saber, mi fiel escudero, que dicha nueva actividad estará repleta de aventuras: tan pronto seremos acosados por el nocturno y silvestre lobo, ladrón natural del rebaño, como deberemos atender primaverales deseos de alguna agreste y enamoradiza rapaza.
S.: ¡Voto a tal que la primera parte me acobarda!, pues el temible lobo es de natural ladino y engañoso y nunca viene solo, aunque puestos a cavilar, lo mismo igual que las muchachas que nos aguardan en cercanas aventuras amorosas.
D.Q.: Cuenta además, querido Sancho, que ya no serás más mi escudero, pues obligado me veo tras mi inapelable y dolorosas derrota en las playas de Barcelona a dejar mi noble oficio, lo que significa que seremos pastores, con trato de igual a igual…
(Se detiene totalmente la música)
(Se oye un tábano que viene, va y se aleja)
S.: Pero mi señor, vuestra merced hidalgo es, y pretender que yo sea lo mesmo, según mi corto entendimiento y menguada inteligencia, es como dar cornadas al aire.
D.Q.: (Con indulgencia pero con autoridad). No has de preocuparte, Sancho, que yo procuraré dar lustre y acrecentar tu escasa cultura sin dar el motete. Seré tu maestro durante este año que el Caballero de la Blanca Luna me obliga, según mi promesa de retiro del muy noble y apreciado oficio mío.
S.: Muy dura es mi mollera, pero acierto a comprender que más valen lobos, ovejas y zagalas, que palos en las co...llas, azotes en las posaderas y pedradas en las quijadas, señor.
(Siguen escuchándose suaves trinos de pajarillos silvestres)
D.Q.: (Oteando el horizonte) No te olvides, compañero de aventuras y fatigas, en ir dándote algún que otro azote, que largo se me hace el encantamiento de mi señora Dulcinea, pues no te veo inclinación a resolver prontamente el asunto.
S.: No tenga fatiga, que cumpliré mi doloroso compromiso, así como vuesa merced dará cumplida cuenta al suyo con los dineros que me han de sanar mejor que ese condenado bálsamo de Perabás.
D.Q.: (Ceñudo) Fierabrás, ignorante, Fierabrás. No dudes de que te recompensaré por tu valeroso sacrificio, según soy yo caballero de palabra.
S.: ¡Amén!
D.Q.: Deberemos además cumplir, como pastores que seremos, en tañer rabeles y laúdes, en componer y cantar canciones gozosas y serranillas amorosas para poner marco conveniente según nos sea el día para uno u otro menester.
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| Enviado por Juan_Medit01. (08/02/2008) |
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08/02/2008 |
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| CITA |
Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad propia miopía (Willian Faulkner) (Citas)
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