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Baudelaire |
Harmonie Botella |
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31 de Agosto de 1997 Cementerio de Montparnasse, lugar de encuentro de los intelectuales, de los marginados, de los amantes de la literatura, de los nostálgicos.
Recorro los pasillos de este lugar de recogimiento y de paseo. Busco lo que está enterrado pero vivo en el fondo de mi corazón; todos estos seres ilustres que me hicieron soñar durante mi época de estudiante, durante mi juventud.
Encuentro enseguida la tumba de Gainsbourg, de numerosos artistas, escritores, la de Sartre y Simone de Beauvoir. Pero no la de Charles.
Supongo que me habré alejado demasiado del círculo de los personajes importantes, de los panteones majestuosos y no sé ya que camino seguir. Cojo el plano del cementerio para orientarme, pero mi falta de sentido de la orientación me impide seguir el buen camino.
A mi derecha descansa un escritor, a mi izquierda un actor. ¿Pero donde está Charles? 130 años después de su muerte, no queda rastro del genio de la poesía universal.
Una abuelita se me acerca sonriendo y me pregunta: ¿Está buscando a Charles? Sorprendida le respondo que si.
Me coge del brazo y como si fuera mi lazarillo me conduce hasta una tumba casi anónima, gris y triste como la del sufrimiento de este eterno niño abandonado por los suyos.
La anciana me dice: “ Soy nieta de una de las vecinas de Madame Caroline Aupick. Caroline acosada por el dolor y el remordimiento pidió a mi familia que trajésemos flores a Charles en cuanto ella no pudiera hacerlo. Desde que murió Caroline en 1871, mi abuela vino cada quince días a depositar un ramo de flores en la tumba familiar durante medio siglo. Mi madre tomó el relevo durante casi cuarenta años... y aquí estoy yo perpetuando la tradición de mis antepasados y el recuerdo de Charles.
Mientras la anciana habla, recuerdo los amores apasionados, los paraísos ratifícales que nutrieron y devastaron el alma de este niño abandonado. Caroline Aupick fue la primera pasión de Charles. Este amor filial, eudipiano y frustrado le condujo a la sublimidad y al caos.
La mujer me saca de mis sueños comentándome que Caroline Aupick entendió la obra, los sentimientos de su hijo, cuando los mejores amigos del poeta desvelaron su genialidad, su amor, su sufrimiento. A partir de este instante Madame Aupick comprendió que su misión (aunque tardía) era la de dar a conocer los escritos de este genio, idolatrado por unos e ignorado por otros.
Caroline durante los cuatro años que sobrevivió a su hijo, volvió a dar al mundo la verdadera imagen de Charles, de su obra. Devolvió al mundo literario un genio renegado, se devolvió así misma el hijo que había perdido.
***
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| (31/12/2001) |
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31/12/2001 |
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8.3/10 |
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| CITA |
El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución. (Groucho Marx) (Citas)
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